Calesita

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miércoles, 28 de mayo de 2025

¿División o Unidad?

 

por Tony Velázquez Ruiz

La “bondadosa” cara de Bob es el contraste permanente con la recordada cara de Paco I, el hipócrita impostor.

¿Acaso se buscó un cónclave para cambiar la cara? ¿O compraron la cara en vez de defender la Verdad? Ya podemos estar seguros, que tenemos dos caras de una misma moneda y la moneda es un centavo de la herejía paquista, la cual está más viva que nunca. ¿Qué consorcio hay entre la justicia y la iniquidad? (2Cor 6,14)

Cuando en mi penúltimo artículo advertí junto a Kevin, el “santo súbito” para Paco I, nunca imaginé que Bob 14 lo aceleraría tanto. Es que recibió inspiraciones místicas, del nuevo santo, el San Paco I. Y pensar que estos prelados imbuidos en la lacra “lavanda”, no creen en manifestaciones del cielo. Lo atestigua el mismísimo Prefecto para la Doctrina de la Fe, el pornólogo Tucho, para quien todas las manifestaciones celestiales, son siempre “presuntas”.

En este caso, si Bob 14 no miente, las inspiraciones que siente del “presunto” San Paco, son reales. Por supuesto no proceden del cielo, sino del mismo infierno. Porque, ¿qacuerdo hay entre Cristo y Belial? (2Cor 6,15)

Que salga ahora el teutón Muller a decir que el Espíritu divino eligió a Bob, es lo más hilarante que este sesudo cardenal puede inferir. Por mi parte lo hacía más cauto, pero veo que me equivoqué. Las acciones siempre describen los personajes. En este caso las acciones describen a Muller, y por supuesto, al Bob 14.

Mientras unos miran lo que cambió, yo miro lo que permaneció, y no soy el único.

¿Pero qué es lo que permanece? La herejía paquista.

¿Qué cardenal la denunció? La aceptaron tácitamente como carneros, cuando ingresaron a un cónclave amañado.

Ya salen a decir, que hay que salvar la unidad. ¿De qué unidad hablamos? ¿Qué comunidad hay entre la luz y las tinieblas? (2Cor 6,14)

Los más condescendientes, gritan que por la pastoral ciertas tesis paquistas, pueden ser aceptadas. Por supuesto es la pastoral el reinado de la acción, la cual gesta el pensamiento. Así tenemos la Fiducia Supplicans, donde la acción señala el cambio de moral, y todo cambio de moral responde a un cambio de doctrina. Entonces me pregunto: ¿Qué bendición puede existir entre el creyente y los maricas? Los que ya hicimos ese camino “pastoral”, sabemos que no sirve para nada.

¿Buscan la unidad? Perdonen, pero en este caso, es mejor la división.


lunes, 1 de julio de 2024

La traición de los modernos jesuitas

 

En febrero de 1988, Malachi Martin, publica un libro, que obtendrá récord de ventas (best seller), con su título original The Jesuits. En castellano se lo conoce como, Los Jesuitas, La Compañía de Jesús y la traición a la Iglesia Católica.

Luego de su publicación, muchas acusaciones cayeron sobre su cabeza. Supongo, que fue algo normal para desacreditar lo que sus páginas relatan.

Robert Blair Kaiser, ex corresponsal de la revista Time en el Vaticano, un ex jesuita, lo acusó de haber mantenido una relación extramatrimonial con su esposa durante 1964 en Roma. Eran las acusaciones del siglo pasado, hoy sería más creíble acusarlo de pedofilia, tal como se hizo con el Cardenal Pell.

Ricardo de la Cierva, en su libro Oscura Rebelión en la Iglesia, lo acusa de “ultramontano”. Personalmente estoy cansado de adjetivos usados en nuestra era contemporánea. Calificativos que dicen y no dicen, con el fin de arrojar una lata de pintura al oponente. Lo veo como un recurso barato.

En el libro, Malachi narra la trayectoria de la Compañía de Jesús, desde Pío XII, hasta Juan Pablo II. Lo hace con su estilo altamente descriptivo, casi romántico, donde se se le hace imposible una síntesis formal.

Al presentar la Compañía, se basa en un escrito de Novalis (1772-1801), de origen luterano, e integrante del romanticismo alemán:

«Nunca había surgido colectividad parecida en el curso de la historia universal. Ni siquiera el antiguo senado romano había establecido planes para la dominación del mundo con mayor certeza de éxito. Jamás había sido considerada con más amplio entendimiento la realización de una grandiosa idea. En todos los tiempos, esta Compañía será un ejemplo para cualquier colectividad que sienta una apetencia entrañable de extensión infinita y duración eterna.» (Pág. 22)

Fines de la década del 50, Pío XII, alertó a los jesuitas, que dentro de sus filas, algo sucedía:

Se levantó quejosa la voz del Papa Pío XII, lamentándose de los peligros que amenazaban al jesuitismo, de los errores acaecidos en la Compañía, del pecado más grave de cualquier jesuita, el rechazo al voto de obediencia. Pareció una anomalía tan grande en aquella época, que el jesuita común de filas la desechó como una aberración del Pontífice. El inquietante suceso ocurrió en 1957, cuando los ciento ochenta y cinco delegados en la XXX Congregación General fueron convocados a reunirse en setiembre y noviembre. (Pág. 228)

Pío XII era conocido como autoritario y adverso a todo lo recalcitrante. Al parecer, se hallaba muy bien informado del torbellino interno de los recalcitrantes en la Compañía. (Pág. 233)

Por otra parte, esta advertencia cayó mal entre algunos miembros de la Compañía, pues pensaban modernamente:

Pío parecía estar proponiendo un concepto de obediencia, de vida religiosa y de «papismo» que estaban anticuados, … la alocución del Papa parecían inaceptables, indigeribles en el mundo de hoy. El Pontífice y los jesuitas diferían en lo que consideraban debía ser el jesuitismo. (pág. 231-232)

¿Cuándo apareció esta nueva mentalidad?

Esa transformación debía haber estado fraguándose durante largo tiempo. Más de un siglo antes de los años sesenta, una corriente nueva y revolucionaria había entrado en las arterias del cuerpo católico romano, afectando, en particular a la intelectualidad de la Compañía de Jesús. Esa corriente estaba caracterizada por un deseo de tener libertad sin control; libertad de experimentar, de adaptarse a la modernidad, de salir de la exclusividad católica y unirse a la gran masa de hombres y mujeres. En una palabra: Liberación. (Pág. 245)

Esta nueva mentalidad, es lo que se llamará como la corriente modernista, condenada por San Pío X. Este modernismo se infiltró dentro de la Iglesia y en especial dentro de los jesuitas.

De todos modos, aunque estuviese en la clandestinidad, el modernismo hizo sus infiltraciones en la Iglesia. (Pág. 256)

Estas infiltraciones permanecieron ocultas.

El modernismo nunca fue enseñado abiertamente durante aquel período intermedio, los primeros cincuenta años del siglo XX. (Pág. 257)

Sin embargo, algunos jesuitas estuvieron penetrados de esta corriente.

Un grupo de jóvenes jesuitas franceses que se llamaban a si mismos La Pensée (pensamiento) floreció en los años veinte. (Pág. 258)

Quien defendía este grupo, fue precisamente Chardin, quien dará una vuelta de campana en la concepción católica, al aceptar la teoría darwiniana, como un hecho cierto.

Pierre Teilhard de Chardin, el cual estaba arrebatado por lo que los científicos pretendían establecer como prehistoria, aquel período larguísimo en el cual nuestro cosmos presente se hallaba en gestación geofísica. Para él, la hipótesis de la evolución propuesta por Darwin era un hecho probado, y procedió a adaptar el catolicismo a este «hecho». (Pág. 260)

Sin embargo, Chardin no fue el único. Fue precedido por George Tyrrell y la Teología de la Liberación, le sucedió en saga.

Hablando propiamente, la Teología de la Liberación fue una creación jesuítica y ha dominado las decisiones prácticas de la Compañía en el curso de las tres últimas Congregaciones Generales. (Pág. 260 y 261)

Jacques Maritain (1882-1973), fue uno de los pensadores católicos, pero estuvo influenciado por la época. Su teoría influyó sobre la jerarquía eclesiástica.

Maritain adoptó una especie de teología de la Historia, como podría llamársele, construida sobre la filosofía marxista: …

Aunque, muchos años después, Maritain se retractó del desafío del Humanismo integral, en su tiempo fue asumido con gran rapidez e imitado abiertamente incluso dentro de la jerarquía de la Iglesia. Nada menos que una figura como el arzobispo Giovanni Battista Montini, el futuro Papa Pablo VI, que tenia que llegar a tanta pesadumbre en sus enfrentamientos con los jesuitas, escribió graciosamente el prefacio para la edición italiana del Humanismo integral. Montini siguió siendo un admirador ardiente de Maritain durante toda su vida, hecho que un día tendría consecuencias mucho más allá de la Compañía de Jesús. (Pág. 295)

Con la llegada del Vaticano II, la brecha se hizo mayor. En el libro se describen los cambios aportados por dicho Concilio, como tormentas huracanadas, donde el viento se lleva todo lo que encuentra a su paso. Todo este vendaval, procedía del Espíritu que soplaba en la Iglesia.

Lo que parecía un desastre, representaba, en realidad, una vasta renovación pentecostal en camino.(Pág. 240)

¿Qué consecuencias acarreó este huracán?

Una consecuencia inmediata fue la demanda insistente de democratización para remplazar la autoridad central y (Pág. 240)

El arrupismo

Decía un dicho que la Compañía de Jesús la había fundado un vasco, y que solo un vasco era capaz de destruirla. El vasco apareció, fue Pedro Arrupe, y con este vasco surgió lo que Malachi Martin llama “el arrupismo”.

El error básico del arrupismo consiste en que dirigió las poderosas energías de la Compañía de Ignacio para lograr el ideal del hombre nuevo hacia un marco terrestre, dejando pendiente para una etapa posterior el ideal sobrenatural una vez estuviese establecido en condiciones ideales al «aquí y ahora». Todas las demás faltas de Arrupe, su desdén por las advertencias papales, su desobediencia a los deseos de tres Pontífices, su aprobación de los excesos de sus jesuitas violando las leyes de Dios y las reglas tradicionales de conducta religiosa, procedían de este solo error. El proceso histórico de su búsqueda de este ideal erróneo es lo que ha sido llamado «apocalipsis de Arrupe». (Pág. 463)

Arrupe fue quien impuso como Provincial de los jesuitas argentinos, a Bergoglio, quien solo tenía 37 años, y estaba bien empapado en la Teología de la Liberación de origen jesuita. El vasco le encomendó imponer el arrupismo.

El final de Arrupe

Conocedor de las desviaciones del vasco, Juan Pablo II decide apartarlo del cargo.

La estrategia papal de Juan Pablo de reafirmar las prerrogativas del Papado y establecer una alternativa al capitalismo y al marxismo no tenía ninguna posibilidad de triunfar mientras el poder y la influencia de la Compañía estuviesen dirigidos por el arrupismo. Esto estaba muy claro. Cuando, el día 5 de octubre de 1981, Juan Pablo, de forma directa y autoritaria, intervino en los asuntos supremos de la Compañía apartando del timón a los dos hombres a quienes tenía por principales responsables de lo que él consideraba el desastre de la Orden, y los sustituyó por dos figuras de su propia elección, Paolo Dezza y Giuseppe Pittau, el Papa dio el banderazo al comienzo de catorce meses críticos. (Pág. 465)

***

Malachi Martin fallece en 1999. Se rumorea que leyó el famoso tercer secreto de Fátima, secreto que todo católico adherido a una manifestación mariana conoce, pues no se dijo solo en Fátima, sino también en otros sitios. De modo, que si bien fue testigo de la traición hecha a la Iglesia por parte de la Compañía, no imaginó que esta se pusiera al frente para dar el golpe al papado, al cual debían obediencia.

La enfermiza personalidad de Bergoglio, enloqueció la compañía en Argentina, y fue apartado del cargo en 1979. Antonio Quarracino, quien era cardenal primado de Argentina, propuso a este astuto enfermo mental como obispo auxiliar de Buenos Aires en1992.

Mientras tanto, otro jesuita, Carlo Martini, reunió un grupo de cardenales y se puso al hombro la famosa “Mafia de San Galo” para impedir que Joseph Ratzinger ascienda al papado.

Martini, había sido uno de los siete conferencistas que intentaron implantar en 1975 la visión arrupiana dentro de la Iglesia.

El plan trazado por los Superiores jesuitas consistía en que dieran en Roma una serie de conferencias algunas voces de mucho peso. Los temas que tenían que tratarse entre los puntos cardinales de los Decretos de la XXXII Congregación General, los llamados temas de prioridad: el sistema de grados, la identidad jesuítica en el día de hoy, la pobreza, la vida de comunidad, la inculturación, la formación de los jesuitas, y la promoción de la justicia. En consecuencia, fueron planificadas siete conferencias públicas para finales de mayo de 1975, apenas tres meses después de la sesión final de la treinta y dos. (Pág. 448)

Los jesuitas tenían el deseo no solamente de asegurarse de que las otras órdenes y congregaciones religiosas conocían su punto de vista, manteniendo así el orgullo jesuítico de destacar entre todos … (Pág. 448)

Sin embargo Malachi Martin, no siempre supo ver bien la realidad, dado lo que afirma en dicho libro.

Carlo G. Martini, de Italia, era rector del poderoso Instituto Bíblico Pontificio de Roma, disfrutaba de un justo prestigio por su ortodoxia y estaba designado como futuro cardenal. (Pág. 449)

Tal como otro dicho afirma, es imposible saber qué piensa un jesuita, pues tanto Bergoglio, como Martini, engañaron media iglesia.

Durante el cónclave de 2005 el jesuita Bergoglio era el candidato al papado de su jefe, el jesuita Martini, y de toda la Mafia de San Galo.

Martini fallece en 2012, pero con su muerte no se disipa la estructura martiniana para dar el Golpe a la Iglesia y colocar, ahora sí, un jesuita arrupiano y liberador en el papado.

De este modo el ciclo de la traición de los jesuitas quedó completo. De la obediencia pasaron a la desobediencia papal. De la desobediencia a la conspiración para implantar el arrupismo en el Vaticano. De la conspiración al golpe de 2013.

Hoy los jesuitas son los sostenedores de este implacable enfermo mental, autotitulado Francisco. Como Compañía no muestran señales de arrepentimiento ni de ortodoxia. Toparse con los jesuitas, es como entrar en la caja de Pandora, y esto sin perjuicio, de los pocos jesuitas, que aún siguen los ideales ignacianos.

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Para las citas del libro, sigo a Plaza & Janes Editores, S. A


miércoles, 9 de agosto de 2023

El trono vacante


Cuarenta y cinco veces aparece en el Apocalipsis el término de trono (ο θρονος). Podemos considerar este trono como una categoría del pensamiento humano.
Categoría (κατηγορια) es para Aristóteles una predicación o un atributo 1, como término del género supremo de las cosas.
Dice uno de los cantares del Apocalipsis:
Los veinticuatro ancianos caían delante del que está sentado en el trono, y se postraban ante el que vive por los siglos de los siglos, y arrojaban sus coronas delante del trono, diciendo:
Digno eres, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas y por tu voluntad existen y fueron creadas. (4,10 y 11)
El trono es la categoría divina, sobre la cual se sienta el ser infinito. A este trono ocupado cantan los veinticuatro ancianos, quienes son los símbolos de los doctores, tanto del viejo como del nuevo testamento, quienes afirman que el trono está ocupado, no vacío.
Como el demonio imita al ser infinito, también se sienta sobre su propio trono, el cual compite con el trono divino. (Cfr. Apoc. 3,21).
Cuando alguien afirma ser ateo, su afirmación indica que posee la categoría del trono divino, cuya categoría niega. Tan solo afirma que el ser infinito no está sentado en dicho trono. El ateo afirma y cree por voluntad propia que el trono está vacío.
Vaciar el trono, y sentarse en él fue la primera tentación: – Seréis como Dios, – le dijo el dragón a la mujer.
Comer el fruto prohibido, proporciona el trono para la humanidad.
El primer paso para sentar al hombre en el trono divino, es afirmar que dicho trono está vacío, afirmación que corrobora todo ateo.
Si consideramos las respuestas de los agnósticos, observamos que ellos afirman no saber quien está sentado en el trono, y que no se puede saber quien se sienta, pero en ningún caso afirman la inexistencia del trono.
El trono una categoría innata.
De donde colegimos, no que el ateo afirma la existencia de Dios, como en cierto modo afirmaba San Anselmo, sino el trono, es decir la categoría divina. De donde también se puede afirmar que la categoría de Dios es una idea innata en el ser racional. Esta es la primera vía propuesta por San Buenaventura para afirmar la existencia de Dios.
El Titán
Comer del fruto de la divinidad hizo al ser humano un Titán, tal como lo relatan los versos de Almafuerte:
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
El Titán es el ser humano que ha caído en la primera tentación, y su naturaleza humana dañada se siente dios y se siente Lucifer, con ansias de venganza porque llegó a la muerte. Este es el poeta argentino Almafuerte o Pedro Bonifacio Palacio (1854-1917), huérfano de madre y olvidaddo por su padre, un ser abandonado hasta casi al fin de su vida, desde donde nacen estos versos del hombre desterrado, ya no solo del edén, sino de los círculos de las potestades del hombre:
¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
¡nunca sigas impulsos compasivos!
¡ten los garfios del Odio siempre activos
los ojos del juez siempre despiertos!
¡Y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!
Son muchas las reacciones del Titán, una de ellas es el “me ne frego” que adaptó el fascismo y que tomó de los Arditi.
La reacción expresada en el icono de la sacada de lengua del siglo XX, es otra de las tantas variantes a esta actitud de rebeldía total del Titán; puesto que no se puede ser Titán, sin rebeldía y la rebeldía es la hija primogénita de su madre: la soberbia.
Estas reacciones titánicas son las consecuencias expresas, por caer en la primera tentación, la de sentarse en el trono de la divinidad. Es la tentación que narra Hesíodo cuando los Titanes intentan expulsar la divinidad del Olimpo, y por ello emprenden la más ardua de las empresas: se debe escalar dicha cima, símbolo semejante al trono.
Similar es la Torre de Babel, símbolo que compite con Dios, al pretender llegar hasta el cielo divino:
Vamos a edificarnos una ciudad y una torre cuya cúspide toque a los cielos. (Gén. 11,4)
Las formas modernas del titanismo
El siglo de las luces (XVIII) pretendió ofrecer un hombre razonable, iluminado por la diosa Razón. Era el Titán iluminado por esa razón inerrante. Sobre este Titán da cuenta la historia de dicho siglo, con su primera rebeldía total: la Revolución Francesa.
El siglo XIX dio a la humanidad ya iluminada por la razón, el siglo del sentimiento. Es el Titán romántico, que solo emprende la lucha contra todo y contra todos. Siglo europeo y americano de revueltas, rebeliones y movimientos armados alumbrados por la diosa Libertad.
En cambio el siglo XX nos ofreció el triunfo de la voluntad. Es el Titán que se siente superhombre en todos los sentidos, y por su misma fuerza de voluntad, mata a Dios y lanza su grito de triunfo: «Dios ha muerto». El trono ahora está vacío, se mató mentalmente con la fuerza de la voluntad, a quien lo ocupaba.
Tanto el iluminismo, como el voluntarismo, no son sino las dos caras de la misma moneda, donde liberalismo y nazismo pueden fusionarse como dos opciones antagónicas del diabólico poliedro de Bergoglio, o como la tesis y la antítesis de Hegel.
¿Quién es dios?
De este daño oriundo del pecado original, se llegó al triste estado actual del ser humano, quien fue expulsado del edén inicial o del trono donde se había sentado, y con la abertura de los ojos, conocedores ya del mal y del bien, se encontró con la penumbra de su mente y desde ella se dijo: Un dios existe, pero ¿cuál es?
Es lo que afirma el Libro de la Sabiduría:
Vanidad son ciertamente todos los hombres en quienes no se halla la ciencia de Dios, y que por los bienes visibles no llegaron a conocer a Aquel que es; ni considerando las obras, reconocieron al artífice de ellas. (13,1)
Lo que sigue no son sino las tristes respuestas que se pudo dar:
1. En el trono de la divinidad están las fuerzas de la naturaleza:
Se figuraron ser el fuego, o el viento, o el aire ligero o las constelaciones de los astros, o la gran mole de las aguas, o el sol y la luna los dioses gobernadores del mundo. (Sab.,13,2)
Y si alguien piensa que estos seres humanos que vivían en la “penumbra de la muerte” han pasado, le digo que no es así. He conversado con viejos nazis, quienes me afirmaron que adoraban el sol, al que representaban en su propio símbolo. Nótese como un movimiento que en cierto momento se puso a la vanguardia de la ciencia y de la técnica, vivía en la sombra más obtusa. La estupidez humana nunca toca fondo.
Qué lejos se hallaban por confundirse. Veían los vestigios divinos, pero su mente no podía ver la Luz divina de la cual son su huella.
2. Otros sentaron en el trono a los ídolos, creación de un artesano.
No tiene vergüenza de hablar con aquello que carece de vida. (Sab. 13, 17)
Y mientras de un leño hemos recibido la salvación, donde se nos abrieron los ojos para ver la Luz; otros lo emplean para la oscuridad:
Porque bendito el Leño que sirve a la justicia; pero maldito el leño de un ídolo hecho de mano, tanto él como su artífice; éste porque le fabricó, y aquél porque no siendo más que una cosa frágil recibió el nombre de Dios. (Sab. 14, 7 y 8)
3. La decadencia moral del hombre se ligó a la idolatría, donde la una no puede ir sin la otra, hasta que lo inmoral y decadente aprendió a caminar solo:
La invención de los ídolos fue el origen de la fornicación, y su hallazgo la corrupción de la vida. (Sab. 14,12)
4. Luego en el trono vacío de la divinidad, se sentaron los espíritus de los muertos, dando de este modo, vida al animismo:
Hallándose un padre traspasado de acerbo dolor por la prematura muerte de su hijo, formó de él un retrato; y al que como hombre acababa de morir, comenzó luego a honrarle como a dios, y estableció entre sus criados ceremonias y sacrificios. (Sab. 14,15)
5. Aún faltaba un paso trascendental, sentar al rey o príncipe en el trono divino rindiéndole culto como a dios:
Después con el discurso del tiempo, tomando cuerpo aquella impía costumbre, el error vino a ser observado como ley, y se adoraban los simulacros por mandato de los tiranos. Y así hacían traer desde lejos los retratos de quiénes no podían los hombres honrar personalmente por estar distantes; y exponían a la vista de todos la imagen del rey, a quien querían tributar honores, a fin de reverenciarle con su culto, como si estuviera presente. La extremada habilidad del artífice atrajo a los ignorantes a este culto; porque deseando complacer al que le hacía trabajar, empleó todos los esfuerzos del arte para sacar más al vivo la imagen. Con eso, embelesado el vulgo con la belleza de la obra, comenzó a calificar por un dios al que poco antes era honrado como un hombre. (Sab. 14, 16-20)
La base del Anticristo
Con esto están planteados todos los requisitos para la venida del Anticristo:
1.Vaciar el trono donde se sienta Dios, o el sucedáneo divino:
...el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado. (2 Tes. 2, 3b y 4a)
Ha sido el positivismo una feliz herramienta diabólica para este fin: vaciar el trono divino, decretando que todo lo que se sentaba en él, ya sea Dios mismo, lo que se dice Dios, o su sucedáneo, o lo que es adorado, era una superstición de seres ignorantes y retrasados mentales.
El positivismo dio origen al estado ateo, este que reina en Europa, pero falta exportarlo a resto del mundo islamita, por ello es necesario abrir centros de “misión atea”. Uno de los planes es introducir musulmanes en Europa, para que este estado colectivo ateo, secularice el Islam con los inmigrantes, y estos sean los futuros misioneros que prediquen el trono vacío secularizando a Mahoma, ya no como “profeta”, sino como un hombre de las luces e iniciando la crítica textual del Corán, el cual no soportará la prueba de esta técnica, derrumbándose toda autoridad religiosa. El islamismo no es sino un gigantesco castillo de naipes, construido a fuerza de sangre.
2. Reinado de la depravación humana. Estamos ante el hombre del pecado, estamos ante el hijo de la perdición, la cual es de suyo una idolatría.
La fornicación, la impureza, la liviandad, la concupiscencia y la avaricia, que es una especie de idolatría. (Col.3,5b)
Este es el sentido del “orgullo gay, sentar al sodomita en el trono vacío. ¿Por qué orgullo, sino porque es una depravación evidente? El mismo término elegido afirma la decadencia y la depravación.
Cuando en un sector del orbe reine legalmente el ateísmo, y las leyes autoricen y sancionen la depravación humana, podrá llegar el hijo de la perdición, dando el último paso: Sentarse primero como príncipe y luego como Dios en el trono vacío:
El hombre del pecado, … se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios … hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo. (2 Tes. 2, 3 y 4)
La apostasía de los países europeos son el síntoma que este proceso ya se ha iniciado:
Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía. (2 Tes. 2, 3)
Trono papal vacante
En este contexto, la forzada renuncia seguida de la la dudosa muerte de Benedicto XVI, ha sido un buen intento de vaciar el trono papal. En él se sentó el hereje Bergoglio, y tanto por la desaparición de Ratzinger, como por la herejía manifiesta de Bergoglio, el trono papal parece estar ocupado, pero en realidad está vacante.
Si el trono papal está vacante, Jesucristo ha sido expulsado del trono por sus seguidores.
Esta es la triste crisis de nuestros días. El trono papal vacante indica que ya no existe cátedra papal, ni autoridad que lo pueda reemplazar. Bergoglio, el Titán porteño, es el icono más patente de lo que sucede cuando se vacía el trono.
Y con el Titán Bergoglio, que ostenta la potestad religiosa y pretende la potestad política, estamos en presencia del triunfo mafioso de esa moneda moderna, donde en una cara nos muestran el positivismo y en la otra cara el triunfo de la dialéctica. Y con esta moneda, entró la idolatría dentro de la Iglesia, donde el orgullo gay se ha sentado en la cátedra de Pedro ocupada por la idolatría de la Pachamama.
¿Acaso podemos extrañarnos que esto suceda?
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1 (Cfr. Top., 141 a 4: Met., Z, 1.1028 a 28; An. Pr., I 41 b 31).

viernes, 12 de mayo de 2023

Gilson habla de Teilhard de Chardin

El Padre Castellani llamaba a Teilhard de Chardin, el telar Chardón, jesuita con el que durante dos años tenía en Francia su cuarto pegado al suyo, pero que jamás lo saludó.

Teilhard de Chardin es comparable a una mancha de aceite usado que se saca del automóvil. Todo sacerdote, todo seminarista y hasta obispos de las décadas del sesenta y setenta, llevan en sus conceptos, una gota de este aceite, sin contar con las mentes que corrompió. Bergoglio es uno de ellos.

La autoridad mejor preparada para juzgar este jesuita, no es sino su compatriota, Etienne Gilson, a quien pocos pueden objetar, como historiador de la filosofía cristiana. Reproduzco un texto aparecido en la revista Jauja Nº 9, sobre un comentario de este historiador. El subrayado es mío.

***

Etienne Gilson es, como saben muy bien los entendidos, uno de los filósofos más serios y eruditos que hablan y escriben entre nosotros. Se expresa en alemán, en inglés o en italiano con claridad, y su francés original —nació en París en 1884— resulta a veces difícil de traducir por lo expresivo y limpio de su estilo y por la técnica cuidada de los vocablos en que vierte sus pensamientos. Añado para resumir que es considerado como la autoridad máxima en filosofía medieval y que sus estudios sobre filosofía y cristianismo alcanzan un nivel de rigor, pulcritud y sabiduría difícilmente superables.

Esteban Gilson ha escrito sobre Teilhard de Chardin un estudio revelador. Lo ha escrito con claridad y caridad, con sencillez y profundidad, con rigor y sosiego. Han pasado por mis manos y ocupado muchas de mis vigilias las obras de Teilhard de Chardin y los estudios o improvisaciones de quienes han dedicado al jesuita francés páginas glorificantes o reproches condenatorios. Yo mismo he escrito centenares de páginas sobre el tema en España y fuera de España. Pues bien, pocos estudios se han apoderado en mi ánimo y me han impresionado con tanta fuerza y eficacia intelectual como el ofrecido por Gilson. No entra en mi propósito reelaborar el artículo de Gilson en un esfuerzo de síntesis, sino apuntar algunos sugerimientos al hilo de la relectura.

Gilson distingue entre la doctrina de Teilhard y el caso Teilhard, subrayando los dos vocablos, el de doctrina y el de caso. Gilson estima que el pensamiento de Teilhard no alcanza jamás el grado de consistencia mínimo que autorice a hablar de él como de una doctrina. Descarrían por tanto quienes se empeñan en censurar una doctrina que no existe.

Gilson exige una técnica elemental —por lo menos la elemental— para cada ciencia, y concretamente para la filosófica y la teológica. En Teilhard no la encuentra, o por lo menos Gilson no la descubre. Los neologismos en que sobreabunda la expresión teilhardiana no están exigidos por la necesidad ni por el sentido. Gilson se pregunta inquieto, ¿quién es este sabio que no habla el lenguaje de la ciencia? ¿Qué cosa es este teólogo que no habla el lenguaje de la teología? Gilson entra en sospechas de que la caducidad de la tradición en Teilhard tiene como explicación el desconocimiento. La confusión de los tres órdenes de conocimiento —el científico, el teológico y el filosófico— nos lleva a un género de conocimiento no conocido. La tesis de que "el hombre es clave del universo", y la explicación de este aforismo teilhardiano, no aparece probada con rigor justificativo en Teilhard. sino sencillamente enunciada. Pero esta enunciación pertenece al patrimonio de la fe, de la filosofía y de la teología. Teilhard es, para Gilson, un contemplativo.

En definitiva, los escritos de Teilhard manifiestan una constante ambigüedad. Sus escritos, perfila Gilson, no necesariamente su pensamiento. La considerable carga teológica y escriturística —concretamente paulina— que viste los escritos teilhardianos, representa una experiencia personal del autor, pero no una sabiduría científica, filosófica o teológica. San Pablo se teilhardiza, y el corazón de Teilhard, sencillo, humilde, piadoso, abriga entre sus pliegues y latidos la fe de su infancia, preservándola de la propia erosión de sus afirmaciones. El peligro se cierne al dar por válida la transmisibilidad de esa experiencia. El léxico teilhardiano, expresión de su experiencia íntima, queda depauperado en sus imitadores. Lo que en él pudo ser vida y testimonio, en sus repetidores resulta, espúreo. Su experiencia personal —insiste Gilson— es esencial al sentido de su obra. De su doctrina no puede decirse que sea falsa o verdadera, sino personalmente sincera, y por supuesto intransmisible.

Gilson se queja de que un intento de reformar la teología, desplazando la tradición en aras de una sabiduría cristiana renovada, estuviera avalado por una pésima información de lo que se pretende transformar. Par a salir al paso de una fácil objeción, Gilson recuerda una frase de Emilio Faguet. que suena como nacida con referencia a Teilhard: "el éxito no prueba nada, ni siquiera en contra". Aunque Gilson discurre con apacible sosiego, hay un momento en que su perplejidad le lleva a comparar la actitud de Teilhard con la de esos exploradores que conocen todos los países menos el suyo. Lo más lamentable comienza cuando nos percatamos de que en ninguna página de Teilhard se someten a examen crítico serio las doctrinas teológicas o filosóficas tradicionales, cuyo exilio es decretado sin recurso y sin pruebas objetivas.

Si a estas consideraciones se añade el respeto, la veneración más bien, que Gilson siente y proclama por el Padre Teilhard, al que conoció, nos pondremos de acuerdo en que la fascinación no es sinónimo de verdad, y que la seducción que ejerce un pensamiento no depone necesariamente en favor de su certidumbre. A veces —y esto es ya sugerimiento nuestro— la universalización de una experiencia, vivida mística o piadosamente por un hombre, engendra en otros superficialidades insoportables para la ciencia filosófica y teológica.

Adolfo MUÑOZ-ALONSO 

 

sábado, 15 de abril de 2023

¿No me digan que cambió la Teología?

La Logia Vaticana, ya no sabe qué hacer. Es difícil caminar por tierra y a la vez nadar por mar. Es difícil cambiar la Fe y contener a los católicos para que no se escapen. Esta es la desesperación que los domina en medio de la soledad en que se encuentran.

El anciano y caduco Bergoglio hoy se encuentra atrapado entre dos frentes. El primero es que sus ideas no lograron entenderse a fondo. El segundo es que el pueblo católico no le responde. Todo esto hace difícil seguir con su agenda de transformaciones. Siempre hizo gala de poseer una teología popular, pero sucede que ya su figura es antipopular y las plazas vacías de San Pedro lo demuestran.

Sus achaques de salud lo obligan a una ida y vuelta secreta al Gemelli, si bien la última que se conoce, fue dramática, pues llegó con un infarto y al borde de la muerte. Él tiene a su flanco un enfermero de confianza. ¿Acaso lo tiene porque sabe que puede salvarlo en momentos de peligro? Nada de eso. El ancianito Bergoglio teme por su vida, pues en cualquier momento, sabe que la Logia Vaticana lo puede mandar al juicio divino y el enfermero de confianza es su única garantía.

Indudablemente la Pachamama no encaja con la Misa Gregoriana. Esto lo sabe hasta un chico de primera comunión. Pero el anciano Bergoglio es tozudo y rígido en sus opiniones, ya que la masonería no lo perdonaría si las cambiara.

Gran problema para esta Nueva Fe: ¿cómo hacer que la Pachamama encaje en el rito latino? Todo un problema, que ningún jesuita pudo resolver. Por lo tanto, no queda otro camino que suprimir el rito latino tradicional.

Primero se pensó que el rito latino tradicional era una moda. Pero mientras ellos miraban quienes los seguían con cara de lástima, sucedió que la moda tomó cuerpo e hizo entrar en pánico la Logia Vaticana.

El anciano Bergoglio ya se siente fuera de lugar, y no es para menos, pues ha perdido la Fe, al parecer, desde hace mucho tiempo. Ha perdido el “pueblo” católico que lo esquiva, ha perdido la administración vaticana, que no hace nada sin una nota por él firmada. Todo cuanto dice, confirma hasta los ateos, quienes afirman que es un hombre hueco y vacío de contenido.

¿Pero cómo hacer para suprimir cosas que cuando se suprimen vuelven a crecer? ¿Qué es esto que se da orden de suprimir, y se le busca la vuelta para que continúen? El anciano Bergoglio se sacó la careta y hace tiempo que tiró la nariz de payaso con la cual se hacía el popular. Ahora muestra una cara arrugada, triste y bien envejecida, lista para la tumba.

Más paradójico no puede ser, que un anciano a lo Bergoglio, imponga a los jóvenes lo que él cree novedoso y estos no le hagan caso.

Por tanto los sesudos masones de la Logia Vaticana, sacaron otro mote, tan viejo que en breve cumplirá un siglo de vejez: tenemos una Nueva Teología.

Para ellos, como para los modernos del siglo pasado, esta Teología era “Nueva”, puesto que ha cambiado y seguirá cambiando, pues (a ver si lo aprenden de una vez), “el tiempo es superior al espacio”. Todo evoluciona, y la teología es un vulgar espacio que no escapa al proceso del tiempo.

«Es una manera de aplicar el principio de la Nueva Teología: “Una doctrina que ya no es actual, ya no es verdadera”» i

Siguiendo esta tesis de la Nouvelle Théologie, acontece que la misma tiene un siglo, por lo tanto ya no es actual, y como consecuencia, ya no es verdadera.

Decía Garrigou-Lagrange en el siglo pasado:

«Estas definiciones sólo buscan reconciliarnos con el modernismo.» ii

Pero acontece que el modernismo, mal que le pese a los jesuitas, pasó de moda. Hoy la sociedad occidental ingresó a raudales en el ultramodernismo. De allí que la feroz Logia Vaticana, debe decir, si esta teología es la Nouvelle Théologie del siglo pasado, o si es otra. De nada sirve hacer silencio.

De toda la Logia Vaticana, el alumno más adelantado es el ancianito Bergoglio, quien sí ingresó en la ultramodernidad, y lo descubrimos por la propuesta surrealista, de instaurar un rito amazónico. La Pachamama marca la ultramodernidad y los absurdos propios de esta época, a tal punto, que podemos decir, que el surrealismo no ha muerto. Al menos vive en los bergoglianos.

Las “viejas teologías” trabajaban en base a un teocentrismo. Dios era el centro del universo. Para San Buenaventura, Cristo es el centro del cosmos material y espiritual. La Nueva Teología, se caracterizó por colocar al hombre en el centro del cosmos. Esta fue la mística de Teilhard de Chardin. Este es el antropocentrismo moderno. La Nouvelle Théologie es antropocéntrica. En cambio la misa tridentina es teocéntrica. Esta es la diferencia insondable.

La Nouvelle Théologie, ya es más vieja que el caduco Bergoglio. ¿Por qué motivo? Porque el tiempo es superior al espacio, (a ver si lo aprenden de una vez). Con este fluir del tiempo, hoy ya no vivimos en la modernidad, ella es cosa del pasado y de los ancianos que tomaron el Vaticano por asalto, hoy cruzamos el milenio. Hoy se vive en la ultramodernidad, donde el cosmos ya no tiene centro, porque este es “vacuo”, el cosmos hoy es “acéntrico”. Por lo tanto, la Nouvelle Théologie antropológica, ya es vieja y pasada de moda. Tiene razón la Logia Vaticana al decir que la Teología cambió, pues ya no es antropocéntrica, por lo tanto el rito del masón Bugnini, llamado vulgarmente Novus Ordo, ya pasó de moda.

Lo que hace viejo a un rito basado en el hombre, es el paso del tiempo. Por lo tanto, se debe buscar un rito que vaya más allá del tiempo. Un rito que supere la vetusta evolución. Dios no evoluciona, pues es pura Actualidad. En el mundo latino, solo existe un rito que escapa al tiempo, es el rito tridentino, todas las inculturaciones de los jesuitas, son payasadas ejecutadas en un tiempo, del cual no aprendieron a poder escapar.

A todo esto, si el tiempo es superior al espacio, ¿a qué inculturar? ¿Acaso la inculturación no responde también al espacio más que al tiempo?

El rito tridentino, al ser teocéntrico, es Actualidad pura, de allí que su teología es universal, tanto en el espacio como en el tiempo. Por este motivo, la moda del Novus Ordo ya no le sirve a los jóvenes.

Toda Nueva Teología, anclada en el rito amazónico, es tan solo un sueño, un sueño surrealista que solo se basa en el absurdo de la ultramodernidad.

Conclusión práctica

Cuando alguien te diga que “cambió la Teología", pregúntale simplemente:

¿A qué teología se refiere? ¿A la teocéntrica del catolicismo, a la antropocéntrica del modernismo, o a la acéntrica de la ultramodernidad?

NOTAS

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i Reginald Garrigou-Lagrange. La Nueva Teología ¿Dónde Nos Lleva?

ii Ibídem.