Calesita

lunes, 21 de julio de 2025

La Sinagoga de Epicuro

 


Karl Marx (1818-1883), nace en un estado prusiano.

Estudió en la universidad de Bonn. Dentro de sus andanzas juveniles, fue condenado por embriaguez y alboroto. Tenía alma de poeta, por ello se unió a un círculo de vates. En Berlín estudia derecho. Allí se adhiere a la izquierda hegeliana. En Jena, recibe el doctorado de filosofía. Su tesis fue sobre la Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro. Regresando a Bonn, nuestro vate, publicó dos poemas.

Se inicia en Colonia con el periodismo, pero al sufrir la censura, se muda a París en 1843.

En 1845 escribió con Engels La Sagrada Familia. Es una referencia sarcástica a los hermanos Bauer (Bruno y Edgar) y sus partidarios, entre los hegelianos que habían intentado una renovación “crítica” del cristianismo.

Si repasamos nuestra historia vemos que Kant nos trajo el invento de la Kritic.

Herder nos proporcionó la Metacrítica de la Crítica o Metakritik zur Kritik .

Gracias a Marx y Engels tenemos ahora la Crítica de la crítica Crítica. Kritik der kritischen Kritik. A los teutones les falta la imaginación de los franceses. Cuando el editor de este libro los apuró para imaginar otro título, la llamaron La Sagrada Familia.

Como nosotros tampoco tenemos mucha imaginación (menos aún que los teutones), haremos ahora la Metarítica de la crítica-crítica, Crítica. Y como me apuran para que imagine algo, la llamaré La Secta rabínica de Epicuro.

El Mesías prometido, ya había venido a este mundo, se llamó Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Ahora, después de ayunar en las tabernas, era cuestión de ir al pueblo esclavizado en el país del nuevo Egipto, el cual trabaja los ladrillos de la nueva Kultur, bajo la tutela de los capataces capitalistas, comandado por el faraón absolutista de turno. Este nuevo pueblo elegido, se llama proletariado. Ahora se requiere otro Moisés y Aarón, para sacarlo de la esclavitud y llevarlo por el desierto, a una nueva tierra prometida. A saber, la sociedad sin clases ni capitalistas, ni faraones.

Con esta concepción Marx, se sintió un nuevo Moisés. Las vueltas de la vida hace que se encuentre con el “Aarón”, Friedrich Engels. Así nuestro nuevo “Moisés”, luego de un riguroso ayuno de “cuarenta días” en las tabernas, entregó a Engels las nuevas tablas de la ley: El Manifiesto del Partido Comunista.

El largo camino por el desierto, será duro, cruzarán la Historia con hambre y sed, hasta vislumbrar la revolución detrás del nuevo Río Jordán. Después de un mítico “cuarenta años” de luchas de clases, entrarán por fin en la nueva Tierra Prometida, para arrasar de cuajo a los idólatras cananeos capitalistas.

Como hacemos Metacrítica de la crítica-crítica, Crítica, no podemos dejar de constatar, que las categorías kantianas están presentes en el subconsciente de Marx, (y ahora apelamos al análisis “subliminal" del "rabino” Freud).

Pero no solo las categorías kantianas están presentes, sino también la genealogía, tan cara para un pueblo elegido que se precia de raza profética.

Los abuelos del “Moisés” Marx, tanto paternos como maternos, eran rabinos. Su padre, un marrano luterano. Nada más puro para su raza de tez cobriza, al que apodaron “El Moro”.

No solo se debe ser rabino, sino también parecerlo. Por consiguiente “El Moro” se dejó crecer barba y cabello, sin pasar por el peluquero.

En una fotografía de 1875 lo vemos con la típica pose de masón. A nuestro Moisés, no le falta sino escribir la Torá. Obra que se impuso a sí mismo y dio como resultado el famoso mamotreto del Capital, al que ni Fidel Castro pudo concluir de leer.

Mientras tanto ¿qué hacía el “Aarón” Engels?

Su familia se trasladó a Manchester donde puso una hilatura de algodón con socios holandeses. Luego de una serie de escaramuzas revolucionarias, por este feroz desierto de Francia, Suiza y Alemania, Engels se estableció como industrial de Manchester, participando de las cacerías de los capataces capitalistas y solventando la miseria de Marx. Son, lo que los comunistas llaman: “Las contradicciones del sistema.” Tesis para ocultar las propias incoherencias. En suma, el “Aarón” Engels terminó abrazado a su “becerro de oro”, no sin antes publicar todos los escritos del “Moisés” Marx.

Si para los románticos vivíamos en la era de un nuevo Anfang, para el “Moisés” Marx no hacíamos sino cruzar el desierto, y desde la cima del monte Nebo, él había visto ya la Tierra Prometida. Por lo tanto, desde las “sinagogas” del Partido Comunista, se proclamaba un Ende der Geschichte o un final para la Historia.

Esta es una Historia determinada por las clases sociales, pero el proletariado, solo puede triunfar cuando llegue a este final de la Historia, no antes. Es lo que razona Serguei Kovaliov, al hablar de la derrota de Espartaco en Roma:

Marx. ha dicho de él: "Espartaco figura aquí (en Apiano) como el tipo más extraordinario que nos muestre toda la historia antigua. Gran general (no un Garibaldi), carácter noble, verdadero representante del antiguo proletariado" La tragedia de Espartaco, como sucede con otros muchos personajes históricos, es haber precedido los tiempos en algunos siglos.

En otras palabras, Espartaco haga lo que haga, estaba determinado de antemano por la Historia a fracasar en su rebelión. ¿Cómo podía triunfar, si aún no había llegado la era del capitalismo? Es el Ende der Geschichte contrapuesto al Anfang.

Si para los románticos se le daba vigencia al espíritu, sea de la clase que sea, para “La Sinagoga de Epicuro”, todo era materia. Estamos dentro del idealismo absoluto, por lo tanto entre materia e idea, o entre materia y espíritu, no se puede dar ninguna diferencia substancial.

Acontece que nuestro “Moisés”, también fue profeta. Su profecía más rutilante fue proclamar el triunfo comunista en Alemania. En fin, se equivocó por 360 km. No fue gran cosa.

La sinagoga de Epicuro, solo podía tener un final histórico, la implosión evolutiva de finales del siglo XX. Es que toda evolución, ya sea de la materia como la del espíritu germánico termina implosionando.

***

La tentación de entrar en la Sinagoga de Epicuro, fue muy grande dentro de los jerarcas eclesiales. De ella nos habla la Teología de la Liberación. Por ello no nos puede extrañar que tanto Bergoglio como sus actuales seguidores pertenezcan a esta secta romántica. Como hemos visto, tiene un substrato religioso, pero es una secta fundamentalmente idealista.


lunes, 14 de julio de 2025

La Revolución Romántica: El Mesías de la Modernidad


Continuando con nuestra metáfora de la Kritic, llegamos a la super salchicha romántica, embutida por Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), con carne picada por Herder, Fichte y su compañero Schelling.

Hegel es otro luterano surgido de un hogar pietista. Sus primeros conocimientos filosóficos le vienen de la filosofía de Christian von Wolff y Kant. En Tubinga estudia teología.

Fue compañero de Hölderlin y Schelling, quienes compartieron su entusiasmo por la antigua Grecia. En 1792 quedaron encandilados con la Revolución Francesa. La cosa fue tan evidente que tanto Hegel como Hölderlin fueron tachados de “jacobinos” y juntos, estos estudiantes de teología, plantaron el árbol de la libertad, en honor a la “diosa Razón”.

Lentamente rechaza el kantismo, lo cual seguramente era norma de este círculo de amigos. Es que la “salchicha” de marca Kant ya no entraba en la dieta, por insípida.

Fue cuando pensó lo que dejó escrito en sus manuscritos:

Un espíritu superior enviado del cielo tiene que instaurar esta nueva religión entre nosotros; ella será la última, la más grande obra de la humanidad.

De este modo se sintió como el “espíritu superior” que debía “instaurar una nueva religión”, y así lo hizo.

Al dejar el seminario, Hegel trabajó como tutor privado en Berna. Allí junto al capitán von Steiger cuya biblioteca poseía todas las obras de dicha época, asentó las bases de su “filosofía”.

En 1801 llega a Jena y toma partido por la filosofía de su compañero de estudios, Schelling, en contra de Fichte y su Yo trascendental.

En esta “Florencia romántica”. El círculo de intelectuales se reunía con los hermanos Schlegel. La tertulia, no solo era el lugar de veladas para intelectuales, sino el lugar donde los hombres se llevaban la mujer del prójimo. O mirado desde el feminismo moderno, era el lugar donde las mujeres hartas de sus maridos, elegían otro menos aburrido que se las llevase. Así tenemos a Dorotea Veit, hija del filósofo judío Mendelssohn. Deja al banquero Simón Veit para irse con Friedrich Schlegel.

Otro caso es la Caroline Michaelis, quien fue el alma e intriga de las tertulias. Era viuda de Böhmer. Fue encarcelada en Maguncia por sus opiniones políticas jacobinas, mientras estaba embarazada de un joven oficial francés. August Schlegel se casó con ella en 1796 y se mudaron a Jena. Junto a ellos se unió su hermano, Friedrich Schlegel (1772-1829), un afiliado a la masonería. Entre los tres con sus tertulias promovieron las ideas románticas

Las malas lenguas, decían que luego de la presencia de Caroline, era necesario incensar el ambiente, pues se percibía como un cierto paso del maligno. Las variopintas opiniones de este grupo romántico fueron publicadas en Athenaeum por los hermanos Schlegel.

Por esta fugaz “Florencia romántica” pasaron Johann Fichte y Goethe de quien se dice sin pruebas, (y posiblemente sean puras habladurías), que Augusta, la hija de Caroline, era obra suya, cuando aún vivía su marido, Bohmer. Estuvo Novalis (Friedrich von Hardenberg), Alexander y Wilhelm von Humboldt, Johann Wilhelm Ritter, el pastor luterano Friedrich Schleiermacher, Sophie Mereau y su esposo Clemens Brentano, quien posteriormente escribirá las visiones de Ana Catalina Emmerik. Ludwig Tieck. También ingresó el joven Friedrich Schelling con quien Caroline mantendrá un romance. En 1803 se divorciará de Schlegel y a pesar de ser 12 años mayor, se casará con él.

En 1803, este faro romántico se fue apagando lentamente. A Fichte lo echaron por Atheismusstreit, o disputa sobre su ateísmo. Goethe y Schiller estaban a 37 km, en Weimar y Schelling se había mudado con Caroline, pues el escandalete no tardó en ser público.

Hegel había abandonado sus anteriores trabajos de tutor, poseía una mísera pensión por ser profesor honorario. Estaba en la miseria y con un hijo natural de la mujer donde se hospedaba.

Se percató que sin la publicación de un libro, no sería tomado en cuenta. En estas condiciones escribió Fenomenología del Espíritu. Con el paso de los días cambiaba los textos presentados al editor. El último capítulo fue escrito a las apuradas bajo el sonido de los cañones napoleónicos que retumbaban en su cuarto. Luego abandonó la vivienda, pues llegaron los soldados franceses al pillaje. En este desorden entregó el final del libro a su editor.

El espíritu del mundo

Del Espíritu individual para la interpretación de la “Biblia” que vio el luteranismo, nacen los espíritus de la Kultur que vio Herder. Los vio crecer dentro de la geografía de cada pueblo. Espíritus que filosofaban poéticamente con Fausto.

¿Pero qué es el espíritu?

El espíritu, para Hegel, no es pensamiento puro, sino un pensamiento objetivándose a sí mismo. Tampoco es subjetividad pura porque a sí mismo se hace un objeto.

El pensamiento del espíritu no se pierde en el objeto. Se conserva en el objeto, porque pertenece el objeto a la esencia del pensamiento.

En términos profanos y caricaturescos, se diría que si pienso en una silla, la silla queda picada en la salchicha del pensamiento “silla”. Por lo tanto, cuando pido una salchicha “silla” con chucrut, me la sirven en el plato con dicha silla sobre él.

Ahora nacerá otro Espíritu, el que los resume a todos, y este fue su glorioso nacimiento entre las calles de la ciudad.

En 1806 se da la batalla de Jena contra Napoleón. Es la derrota de la cuarta coalición. Hegel observa impactado a Napoleón cabalgando por Jena. La admiración por su figura lo concibe como una encarnación ejemplar del alma del mundo sobre su equino.

Este choque no fue anecdótico, sino que se transformó en un principio metafísico. De este modo, luteranismo, romanticismo y revolución francesa se hacían filosofía, o mas bien, una nueva teología. Nacía a su modo, un nuevo αρχη, el nuevo Anfang. Este espíritu no era un ser espiritual, sino intelectual, pues era la “razón en la historia”. Esta razón no está en lo espiritual, ni en lo material, está en la mente, en la idea. Esto provocará, que tanto la historia como la materia, sean razón y funcionen con el mecanismo del razonamiento.

Con este nuevo Anfang, Hegel destruye toda la teología luterana, para que la misma quede sujeta a la filosofía. Es el resultado lógico de una enseñanza pietista que tanto a él como a Hölderlin le resultaron insoportables.

Pero algo se debía hacer con el cristianismo mal aprendido por el torpe luteranismo, ¿cómo se lo hacía filosofía? Y Hegel no nos defrauda.

Dios-Padre es un Absoluto. Pero este absoluto tiene una conciencia, igual a la humana (!). En un momento determinado, este Absoluto “toma conciencia” de sí mismo como idea eterna e indestructible. Esta “toma de conciencia” consiste en verse como su ich.

Esto se parece a una ridícula traducción hegeliana, al planteo occidental de San Agustín sobre la Trinidad. Este conocimiento genera el Verbo o el Logos divino, igual a Él mismo. Traducido al hegelianismo, esta toma de conciencia genera una alteridad, lo otro, o sea la creación, la Natur, el No-ich, la cual se identifica con el Verbo.

Tanto Goethe como Hegel, no logran comprender al Logos evangélico. Si en Goethe era engendrado por la acción, aquí el Logos es acción. Esta acción es una encarnación del Logos, es Dios que “se hizo mundo”. O como diría el jesuita luterano Bergoglio, es el “Jesús” que “se hizo pecado”. Por lo tanto, el Cristo no viene a ser otra cosa que el hecho de haber “tomado conciencia” para “hacerse mundo” y siendo “mundo”, será “pecado” para Bergoglio. Este es el primer proceso, ahora se debe realizar otro proceso: el regreso del “mundo” al Absoluto.

Por lo tanto, Dios no es el motor inmóvil de Aristóteles, sino todo lo contrario, es el devenir, es el movimiento, es la evolución que tanto predicaba Herder. Es ese Espíritu de Dios que regresa al Absoluto, y dicho regreso se enmarca en la Historia. No deja de ser una reconciliación dialéctica de los extremos, donde todo funciona con el mono mecanismo de la idea.

Por lo tanto, en la interpretación del “pietista” Bergoglio, el pecado también regresará al Absoluto. Es el "misericordismo" activo.

Todo este sofisma, no es mas que un globo, y quien lo pincha, es el ateo Schopenhauer:

Hegel, instalado desde arriba, por los poderes fácticos, como el Gran Filósofo certificado, fue un charlatán insulso, insípido, nauseabundo e iletrado, que alcanzó la cima de la audacia al garabatear y difundir los disparates más disparatados y desconcertantes. Estos disparates han sido proclamados ruidosamente como sabiduría inmortal por seguidores mercenarios y aceptados como tales por todos los necios, quienes así se unieron en un coro de admiración tan perfecto como jamás se había escuchado. El amplio campo de influencia espiritual que Hegel recibió del poder le ha permitido lograr la corrupción intelectual de toda una generación.


lunes, 7 de julio de 2025

La Revolución Romántica: Los tres utópicos de Tubinga

Hegel, Hölderlin y Schelling asistieron al seminario de la Universidad de Tubinga. Fueron compañeros de clase y compartían la misma habitación. Juntos compartieron los mismos ideales de juventud.

¿Cuáles eran estos ideales?

Franz Rosenzweig en 1917 publica un manuscrito de carilla y media, cuya letra se comprobó que pertenecía a Hegel. Rosenzweig lo tituló en alemán: Das älteste Systemprogramm des deutschen Idealismus.1 El escrito está ubicado entre 1796/97. Por entonces Hegel y Hölderlin tenían alrededor de 26 años y Schelling, 21.

Un alumno de Hegel, Friedrich Christoph Förster editó sus obras póstumas y accedió a sus manuscritos, quedando éste relegado y casi perdido.

En esta página y media, se dan los principios utópicos de la Revolución Romántica, con una claridad meridiana.

El manuscrito es continuación de otro texto perdido, y he aquí su contenido:

... una ética. Puesto que, en el futuro, toda la metafísica caerá en la moral, de lo que Kant dio sólo un ejemplo con sus dos postulados prácticos, sin agotar nada, esta ética no será otra cosa que un sistema completo de todas las ideas o, lo que es lo mismo, de todos los postulados prácticos.

Primer ideal básico. No existe metafísica, sino tan solo moral.

De la moral se desprende que el ich romántico es libre, idea generada por el luteranismo:

La primera idea es naturalmente la representación de mí mismo como de un ser absolutamente libre.

Esto configura un nuevo arjé (αρχη), un nuevo Anfang que como el Génesis, surge de la nada:

Con el ser libre, autoconsciente, emerge, simultáneamente, un mundo entero —de la nada—, la única creación de la nada verdadera y pensable.

Nótese que “la creación de la nada” señalada en el Génesis, no es verdadera ni pensable.

La física es para esta generación, lo que hoy podríamos llamar ciencia.

Aquí descenderé a los campos de la física; la pregunta es ésta: ¿Cómo tiene que estar constituido un mundo para un ser moral? Quisiera prestar de nuevo alas a nuestra física que avanza dificultosamente a través de sus experimentos.

La ciencia de dicho momento no condice con el espíritu creador que saca todo de la nada. Para esto se requiere una ciencia que nazca de una unidad entre filosofía y experiencia:

Así, si la filosofía da las ideas y la experiencia provee los datos, podremos tener por fin aquella física en grande que espero de las épocas futuras. No parece como si la física actual pudiera satisfacer un espíritu creador, tal como es o debiera ser el nuestro.

Ahora entramos en la política. Ella está manejada por una máquina llamada “Estado”. Dicha máquina es el absolutismo real predominante. Esto quita libertad, y por tanto no existe idea, dado que libertad e idea son complementarias o sinónimas:

De la naturaleza paso a la obra humana. Con la idea de la humanidad delante quiero mostrar que no existe una idea del Estado, puesto que el Estado es algo mecánico, así como no existe tampoco una idea de una máquina. Sólo lo que es objeto de la libertad se llama idea.

Conclusión. La política debe ser totalmente anárquica:

¡Por lo tanto, tenemos que ir más allá del Estado! Porque todo Estado tiene que tratar a hombres libres como a engranajes mecánicos, y puesto que no debe hacerlo debe dejar de existir.

También se debe dar una explicación, a las ideas que no hablan de libertad:

Podéis ver por vosotros mismos que aquí todas las ideas de la paz perpetua, etc., son sólo ideas subordinadas de una idea superior.

Estamos en la Filosofía de la Historia. ¿Cuáles son sus principios? Para comenzar, el orden político es miserable:

Al mismo tiempo quiero sentar aquí los principios para una historia de la humanidad y desnudar hasta la piel toda la miserable obra humana: Estado, gobierno, legislación.

Lo religioso, para estos “seminaristas luteranos”, forma parte del orden moral, y lo que opinan no tiene desperdicio:

Finalmente vienen las ideas de un mundo moral, divinidad, inmortalidad, derrocamiento de toda fe degenerada, persecución del estado eclesiástico que, últimamente, finge apoyarse en la razón, por la razón misma.

Fe degenerada” y “por la razón misma”, puesto que no tienen su apoyo en la libertad. La fe se ha degenerado. Alusión al catolicismo romano. Es la versión luterana que caló en el alma romántica.

La libertad absoluta de todos los espíritus que llevan en sí el mundo intelectual y que no deben buscar ni a Dios ni a la inmortalidad fuera de sí mismos.

Lo que están afirmando estos luteranos utópicos, es que tanto Dios como la inmortalidad es inmanente al hombre. De hecho, los tres afirman un cierto panteísmo explícito.

Luego viene la influencia de Schiller:

Finalmente, la idea que unifica a todas las otras, la idea de la belleza, tomando la palabra en un sentido platónico superior. Estoy ahora convencido de que el acto supremo de la razón, al abarcar todas las ideas, es un acto estético, y que la verdad y la bondad se ven hermanadas sólo en la belleza. El filósofo tiene que poseer tanta fuerza estética como el poeta. Los hombres sin sentido estético son nuestros filósofos de la letra. La filosofía del espíritu es una filosofía estética.

Se opone filósofos "de la letra" (Buchstabenphilosophen), con la estética del espíritu, (Die Philosophie des Geistes ist eine asthetische Philosophie). Filosofía inexistente. Todos los caminos del pensamiento, parecen llevar al reciente invento de la estética y de la estética a la poesía. Ya vimos en Herder que la poesía era la Revelación.

No se puede ser ingenioso, incluso es imposible razonar ingeniosamente sobre la historia, sin sentido estético. Aquí debe hacerse patente qué es al fin y al cabo lo que falta a los hombres que no comprenden [nada de las] ideas y que son lo suficientemente sinceros para confesar que todo les es oscuro, una vez que se deja la esfera de los gráficos y de los registros.

¿Qué papel juega la poesía en esta revolución?

La poesía recibe así una dignidad superior y será al fin lo que era en el comienzo: la maestra de la humanidad; porque ya no hay ni filosofía ni historia, únicamente la poesía sobrevivirá a todas las ciencias y artes restantes.

Aquí se percibe la mano de Holderlin. La historia pasará, lo mismo que la filosofía, solo la poesía permanece.

¿Pero que hacemos con la religión de masas?

Al mismo tiempo, escuchamos frecuentemente que la masa [de los hombres] tiene que tener una religión sensible. No sólo la masa, también el filósofo la necesita.

Suponemos, que esto es lo que se les enseña en su seminario, hacer “una religión sensible”. Es lo que se parece al pietismo, dentro del cual militan. Lo que sigue, es una simplificación realmente vaga y curiosa:

Monoteísmo de la razón y del corazón, politeísmo de la imaginación y del arte: ¡esto es lo que necesitamos!

El inicio del siguiente texto, puede tener la autoría de Holderlin y su final como una corrección de Hegel:

Hablaré aquí primero de una idea que, en cuanto yo sé, no se le ocurrió aún a nadie: tenemos que tener una nueva mitología, pero esta mitología tiene que estar a servicio de las ideas, tiene que transformarse en una mitología de la razón.

¿Qué es una mitología de las ideas? Tal vez Platón con sus mitos puede llamarse un filósofo mitológico. Pero ellos invierten los términos. No es una mitología que explique las ideas, sino algo más complejo, una idea hecha mitología. Estética y mitología se dan la mano. Es el nuevo politeísmo.

Mientras no transformemos las ideas en ideas estéticas, es decir en ideas mitológicas, carecerán de interés para el pueblo y, a la vez, mientras la mitología no sea racional, la filosofía tiene que avergonzarse de ella. Así, por fin, los [hombres] ilustrados y los no ilustrados tienen que darse la mano, la mitología tiene que convertirse en filosófica y el pueblo tiene que volverse racional, y la filosofía tiene que ser filosofía mitológica para transformar a los filósofos en filósofos sensibles.

El plan parece ser, llevar la filosofía a la sensibilidad. En otros términos, lograr una especie de “pietismo” dentro de la filosofía.

Entonces reinará la unidad perpetua entre nosotros. Ya no veremos miradas desdeñosas, ni el temblor ciego del pueblo ante sus sabios y sacerdotes. Sólo entonces nos espera la formación igual de todas las fuerzas, tanto de las fuerzas del individuo [mismo] como de las de todos los individuos.

Parece ser esta la llave del nuevo mundo:

No se reprimirá ya fuerza alguna, reinará la libertad y la igualdad universal de todos los espíritus.

Lógicamente, esta es una tarea ciclópea, que debe ser ejecutada por otro "mesías":

Un espíritu superior enviado del cielo tiene que instaurar esta nueva religión entre nosotros; ella será la última, la más grande obra de la humanidad.

Con este texto se percibe fehacientemente, hasta donde fue el pietismo luterano, capaz de encender las mentes más destacadas de esa gran nación, para llevarlas a una total utopía.

¿Cuáles fueron sus efectos en “Los Tres de Tubinga”?

Con pena se debe afirmar, que Holderlin terminó totalmente loco. Hegel dejará la mitología y el politeísmo para Holderlin. Elaborará una filosofía donde toda la Historia confluya en el pensamiento alemán y se sienta imbuido por ese "espíritu superior", como un ser "enviado desde el cielo", para la superioridad del pensamiento germánico. Será un Mesías. Es decir, la puerta tanto para la superioridad racial, germánica, como para un alumno suyo, el “rabino de Epicuro”, o como lo apodaron, el “Moro” Marx.

Tan solo Schelling irá corrigiendo lentamente su modo de pensar. No se descarta en el mismo un influjo del esotérico Jacob Boehme muerto en 1624. Su influencia se nota como un contacto, a lo luterano, con un cierto misticismo a lo neoplatónico. Mística y luteranismo, son como agua y aceite, muy similar al utrarracionalismo católico de nuestros días. O tal vez, como se cita que Lutero dijo:

Hice una alianza con Dios: que Él no me mande visiones, ni sueños, ni siquiera ángeles. Estoy satisfecho con el don de las Escrituras Sagradas, que me dan instrucción abundante y todo lo que preciso conocer tanto para esta vida cuanto para lo que ha de venir.

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1 Primer programa de un sistema del idealismo alemán.