En 357, el papa Liberio, tras firmar una fórmula ambigua de fe (que omitía el término doctrinal crucial "consustancial"), ordenó a San Atanasio que entrara en comunión con los obispos arrianos y semiarrianos, obispos con los que el propio Papa, bajo presión del emperador, lamentablemente había entrado en comunión. San Atanasio se negó a obedecer al Papa, quien, según el testimonio de San Hilario de Poitiers y otras fuentes históricas, le excomulgó, acusándole de alterar la paz de la Iglesia.
De este suceso histórico, saca su tesis:
Hoy en día, San Atanasio sería considerado un cismático según la definición de "cisma" contenida en el actual Código de Derecho Canónico, ya que se negó a entrar en comunión con los miembros de la Iglesia (obispos heréticos y semi-heréticos) que eran reconocidos canónicamente y, por tanto, sujetos al Papa.
El motivo central de este enfrentamiento, se centra sobre la obediencia. Sin lugar a dudas, la pregunta fundamental es a quién se obedece, si al papado o a las logias, sobre todo cuando un pornógrafo ostenta la custodia del depósito de la fe. Todo católico se pregunta, ¿pero de qué fe hablamos? Y de acuerdo a esa fe, ¿a quién obedecemos? ¿Puede tener un pornógrafo autoridad para indicar cuál es esta fe? De allí la indirecta que se le lanzó:
Médico, cúrate a ti mismo.
Si no se cura el pornógrafo, ¿a quién quiere curar? Es un médico, que como ciertas vacunas modernas, inducen la enfermedad.
¿Y cuál es la actitud de Paco II ante todo esto? La misma de un Pussycat:
Laissez faire, laissez passer.
Este pornógrafo es conveniente para la era “paquista”, y el obispo del cual hablamos acierta:
Las consagraciones episcopales celebradas en Écône por la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (SSPX) el 1 de julio de 2026 representan un ejemplo de este raro dilema: tener que elegir entre preservar la integridad inequívoca de la fe católica tal como ha sido enseñada por el Magisterio a lo largo de los siglos, o ser reconocida canónicamente por el Papa.
Luego se embarca en un problema legal, para definir el papalismo y sus consecuencias:
A lo largo de los siglos, se han manifestado en la Iglesia dos tendencias poco saludables que han llevado a una visión estrecha de la realidad: la tendencia a considerar el aspecto jurídico casi absoluto, es decir, el legalismo; y la tendencia a absolutizar a la persona del Papa y a la obediencia hacia él, es decir, el papalismo. El legalismo, es decir, la adhesión rígida a la letra de la ley, y el papalismo, es decir, la obediencia indiscriminada y casi absoluta al Papa, han prevalecido sobre la necesidad de claridad en la fe y la liturgia.
El gigantesco drama de esta iglesia, es ser un títere de las logias. Este drama no logra verlo nuestro obispo en cuestión, y si lo ve, no lo afirma. Esto lleva a un papado absolutista como el de Paco I, pues sin una obediencia “a lo jesuita” o sea perinde ac cadaver, no puede evolucionar la doctrina. Schneider ve la superficie, no ve lo que sucede bajo ella, por eso simplemente reflexiona de este modo:
Además, también se ha afirmado una concepción estrecha de la comunión, tanto con el Papa como con la Iglesia. La obediencia al Papa se considera indistinguible de la comunión con la Iglesia. Esto corre el riesgo de elevar la obediencia al Papa al mismo nivel que la obediencia a la revelación divina de Dios.
A continuación evalúa el concepto de “cisma” y “sumisión” de acuerdo al Canon 751, afirmando:
Los propios conceptos de "cisma" y "sumisión" aún no se han aclarado plenamente en su aplicación concreta y práctica. …
De hecho, en la historia reciente de la Iglesia ha surgido una interpretación muy limitada de "cisma" y "sumisión", en la que la desobediencia material al Papa —independientemente de la intención— se equipara prácticamente con el cisma formal.
Y concluye su razonamiento salvaguardando las ordenaciones de Écône:
Sin embargo, no se puede hablar de un estado de cisma formal mientras persista la fe sobrenatural en el dogma de la primacía papal e infalibilidad, junto con el deseo de vivir en sumisión concreta a la autoridad papal, incluso si, debido a una crisis extraordinaria en la Iglesia, esto no pueda realizarse plenamente en este momento. ...
Sin embargo, incluso después de este desarrollo, el derecho canónico no consideraba las ordenaciones episcopales ilícitas —es decir, las realizadas en contra de la voluntad del Papa— como ofensas a la unidad de la Iglesia, como actos intrínsecamente cismáticos o intrínsecamente malvados.
Esto lo lleva a distinguir entre ley divina y ley positiva:
En realidad, la norma que exige un mandato papal para las consagraciones episcopales es una cuestión de ley positiva, no de ley divina.
Su razonamiento es mucho más amplio, pero se condensa, en que en medio de la crisis actual, y crisis responde siempre a un juicio, a la iglesia “paquista” no le interesa estar en unidad con Écône:
Si la Santa Sede tomara en serio esta posición de la Compañía y, además, reconociera las ambigüedades objetivas presentes en algunas de las declaraciones del Concilio Vaticano II y en el rito de la Misa Nueva, marcaría el principio del fin para el proyecto modernista dentro de la Iglesia, que en realidad comenzó hace más de cien años.
Concluyo aquí mi análisis de lo explicitado por este prelado. Para quien lo desee leer completo, lo encontrará entre otros lugares, en este sitio.
Tan solo es posible afirmar, que el obispo Schneider ve perfectamente la superficie de la crisis, pero no logra leer el subconsciente de ella.
