Calesita

lunes, 18 de mayo de 2026

¿Es posible un diálogo luterano-católico?

 



En la entrada anterior desarrolamos sintéticamente el principio superficial del acuerdo, ahora nuestra Kritic mostrará la activa teología católica y la pasiva teología luterana.

Mientras en el catolicismo se comienza con la acción divina restaurando la naturaleza del hombre hasta antes de su caída; en el luteranismo todo se inicia instituyendo la naturaleza humana caída. 

Mientras el catolicismo entra en un optimismo de esperanza, el luteranismo cae en un pesimismo letal, que lleva la naturaleza humana a una condición pasiva. Es el romanticismo con su antropocentrismo moderno. Por lo tanto todas las preguntas que nos haremos sobre la justificación, tendrán dos respuestas totalmente distintas, con un vacilante acuerdo que no sabe qué camino tomar.

1. ¿Coopera el hombre en su justificación?

Luteranismo. El hombre es un ser pasivo, al recibir la gracia no contribuye a su propia justificación.

21. Según la doctrina luterana, los seres humanos son incapaces de cooperar en su salvación, pues como pecadores se oponen activamente a Dios y a su acción salvadora. Los luteranos no niegan que una persona pueda rechazar la obra de la gracia. Al enfatizar que una persona solo puede recibir la justificación (meramente pasiva), pretenden excluir cualquier posibilidad de contribuir a su propia justificación, pero no niegan que los creyentes estén plenamente involucrados personalmente en su fe, la cual se efectúa mediante la Palabra de Dios. [Acuerdo Luterano-Católico, 25. cf. Fuentes para 4.1].

Concilio de Trento. Quienes reciben la justificación cooperan libremente en su propia justificación y no la reciben de forma puramente pasiva, como si fueran marionetas. 4, DS 1554). Es lo que plantea San Pablo cuando habla de completar la pasión de Cristo (Cfr. Col. 1,24). Lo mismo plantea San Pedro (Cfr. 1 Pedro 4,13). El luteranismo, parece no entender su propio fetiche de las Escrituras.

Acuerdo firmado:

24. Cuando los católicos enfatizan la renovación de la persona interior a través de la recepción de la gracia impartida como un don al creyente,[13] desean insistir en que la gracia perdonadora de Dios siempre conlleva el don de una nueva vida, que en el Espíritu Santo se hace efectiva en el amor activo. No niegan, por ello, que el don de la gracia de Dios en la justificación permanezca independiente de la cooperación humana. [cf. Fuentes para la sección 4.2].

Como se puede apreciar, el Acuerdo, queda  a mitad de camino.

2) ¿Es la justificación un decreto divino de perdón o de una renovación interior?

Luteranos. Una cosa es la justificación y otra la santificación. No existe unidad entre la primera y la segunda. Esto los lleva a poner el acento sobre el perdón. No niegan la renovación, pero la acción justificadora de Dios no depende de los efectos transformadores de su gracia.

Trento. Justificación y santificación son dos caras de la misma moneda. Es la misma acción divina con dos nombres distintos.

Declaración Conjunta de 1999. Busca arrimar posiciones y trata la justificación y la santificación como dos aspectos distintos pero inseparables de la acción salvadora de Dios.

Esta fórmula fue rechazada en Trento, pues la justificación queda en cierto modo, fuera del hombre.

3) ¿Nos convierte en pecadores la concupiscencia, incluso cuando no cedemos a ella?

La concupiscencia es un término teológico que designa los deseos desordenados y la debilidad espiritual que afligen nuestra naturaleza humana caída.

Luteranos. La persona justificada sigue siendo pecadora porque la concupiscencia no se elimina con el bautismo. O sea, siempre somos culpables ante Dios. Por ello tiene que venir la Gracia a cubrir como un vestido, la concupiscencia del hombre. Estamos en el fatal pesimismo luterano.

Trento: Condenó bajo anatema, la idea de que la concupiscencia sea pecado (DS 1515). La concupiscencia en sí misma no es pecado y la justificación elimina el pecado. Por consiguiente, la concupiscencia convive por la naturaleza dañada, pero la misma puede ser superada por una sinergia entre la Gracia y la voluntad humana y así alcanzar la naturaleza original del hombre. Es el camino de la santidad.

4) ¿Merecemos las recompensas celestiales que esperamos, o son exclusivamente dones inmerecidos que nos regala Dios?

Trento: Con la justificación, se puede merecer el aumento de gracia junto con la recompensa de la vida eterna.

Luteranos. Niegan rotundamente el concepto católico.

Declaración Conjunta busca el acuerdo con este malabarismo en los términos:

Cuando los católicos afirman el carácter meritorio de las buenas obras, desean decir que, según el testimonio bíblico, se promete una recompensa en el cielo por estas obras. Su intención es enfatizar la responsabilidad de las personas por sus acciones, no cuestionar el carácter de esas obras como dones, ni mucho menos negar que la justificación siempre sea un don inmerecido de la gracia. (Párr. 38)

5) ¿Se recibe la justificación solo por la fe o por la fe junto con la esperanza y la caridad, la cuales nos llevan a la comunión con Dios?

Luteranos. La fe es el medio por el cual somos revestidos de los méritos de Cristo, en quien creemos. Rechazan la justificación como renovación interior porque siempre es imperfecta. Es la visión pesimista y negativa sobre el hombre.

Los hechos

Los luteranos antes de firmar el acuerdo, consultaron con sus iglesias base. Los católicos no consultaron a nadie. Una actitud que se hará costumbre con el paso de los años. Si se hubiese consultado, y buenos teólogos había muchos, no se hubiera llegado a la firma. Quienes dialogaban con los luteranos, entre ellos Wálter Kasper, sabían esto. Esta era la forma como se movían.

Muchos se preguntan: ¿Cómo podría el Vaticano aceptar firmar un documento que se consideraba tan enclenque? El impacto de la Kritic no se hizo esperar y para aclarar u oscurecer las cosas, lanzaron un Anexo al Comunicado oficial común que pretendía ofrecer más aclaraciones.

***

La conclusión es simple. Se está ante dos teologías contradictorias. O se toma todo de una, o se tira todo. Es imposible un Acuerdo que medie entre ambas. Son dos lenguajes distintos que parten de visiones opuestas y que expresan ideas contrarias entre sí. Usando los términos del idealismo alemán, son dos Kulturen contradictorias.

Y parafraseando a Dante diríamos:

Lasciate ogni speranza o voi che dialogate.




lunes, 11 de mayo de 2026

Una Kritik parcial al diálogo luterano-católico

 

El Vaticano II fue el impulsor del diálogo con los herejes. Basados en un acuerdo entre Luteranos y Católicos, firmado en Estados Unidos en el año 1983, se reúnen luteranos y católicos en Augsburgo y firman una Declaración  Conjunta sobre la doctrina de la justificación. Los firmantes son el cardenal Cassidy por la Santa Sede y el obispo luterano Christian Krause.

En el diálogo con el luteranismo, la institución de la Iglesia Católica dejó de ser la Maestra. Se bajó un escalón para ponerse en igualdad de condiciones con el luteranismo. Lo dicen con toda sinceridad por escrito. Por ello notamos:

1. No se cuestionan las cúpulas que dirigen

La Maestra Universal, o sea Católica, no cuestiona la autoridad de la cúpula luterana, si la cuestionara, el diálogo cae por su propio peso:

...la Iglesia Católica no pretende poner en cuestión la autoridad de los Sínodos Luteranos o de la Federación Luterana Mundial.

2. Llegó la igualdad entre católicos y luteranos

La Maestra Universal, o sea Católica, se puso a la par de la herejía luterana, llamándose en este diálogo par cum pari. Se habla de igualdad de “derechos”. O sea igualdad de luces. A otro con el antagonismo de Luz y Tinieblas. Más aún, aquí no se trata de Luz.

La Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial iniciaron el diálogo y lo han llevado a cabo como partes con iguales derechos («par cum pari»).

3. Quedan sin efecto los anatemas

Este es un acuerdo de cúpulas. Y para ser más preciso, un acuerdo diplomático, por ello el Anexo al Comunicado oficial común que resume la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica se inicia de este modo:

Las siguientes elucidaciones subrayan el consenso alcanzado en la Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación (DJ) con referencia a las verdades básicas de la justificación; así se pone en claro que las condenas mutuas de los tiempos pasados no se aplican a las doctrinas católica y luterana sobre la justificación tal como estas son presentadas en la Declaración conjunta.

Como se puede apreciar, estas declaraciones del acuerdo, así como están redactadas, no están sujetas al anatema.

4. No se cuestiona la “Kultur” de nadie

Hoy se ha cristalizado un concepto de “cultura” que intenta decir todo, y por momentos no dice nada. Es lo que Herder interpretaba como la Kultur de los pueblos. Un espíritu viviente que buscaba su integración universal. Es el Volkgeist.

Los famosos documentos de Malinas, que abren la puerta al pentecostalismo, para bautizarlo de católico, hablan de culturas diferentes, en vez de religiones diferentes. Hablan de la Frömmigkeit, la piedad religiosa. La misma que vemos en las cúpulas tanto vaticana como anglicana. Las mismas que llevan al esperpento. Las mismas donde un papa “aplaude” groseramente a una papisa. Esta es la forma elegida para anular la Kultur con su correspondiente Frömmigkeit. La misma donde se concentran los dialogantes de este acuerdo del 31 de octubre de 1999 en Augsburgo, en igualdad de condiciones. Toda una mentira, pues de iguales no tienen nada. Es tan solo una ficción ideológica.

No obstante las diferentes concepciones acerca de la autoridad en la Iglesia, cada parte respeta el proceso propio de la otra para alcanzar las decisiones doctrinales.

5. Estamos en proceso evolutivo

Nótese que se habla de un proceso, tanto para los católicos como para los luteranos. Estando Wálter Kasper en este diálogo, no podía ser de otro modo. Es el proceso evolutivo de Herder, o tal vez de Hegel, donde la Kultur romántica del Volkgeist se integrará en un solo espíritu unificador al fin de los tiempos. El acuerdo lleva el sello Kásper.

6. Un acuerdo tan solo conceptual

Así se llega al acuerdo concreto, por el cual el anglicano Tony Palmer, antes de su fatal accidente en moto dirá a los pentecostales:

―La protesta terminó.

7. Algunas ideas del acuerdo

¿En qué consiste el acuerdo?

«Juntos confesamos: "Solo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras» (DJ 15).

Un acuerdo muy superficial, pues se toma de estas citas paulinas:

No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó mediante el baño de regeneración y renovación del Espíritu Santo. (Tito 3,5)

Y la esperanza no quedará confundida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado. (Rom 5,5)

El problema está en la Kultur y esta establece el alcance que cada término pueda llegar a tener, cosa que no se dice, pues no estamos en el campo de la fe, sino de la diplomacia. Veamos algunos términos:

a. Somos aceptados por Dios. 

No se dice en qué momento de la vida del hombre. Este se inicia en el bautismo, pero termina en la muerte, y en ella podemos no ser aceptados. El misterio humano, no es solo como se inicia sino como termina. Por su redacción posterior, interpretamos que es una aceptación amplia cuando se dice:

En este sentido, Luteranos y Católicos pueden entender juntos lo que se ha dicho acerca de «preservar la gracia» en DJ 38 y 39. Ciertamente, «todo lo que en el ser humano antecede o sucede al libre don de la fe no es motivo de justificación ni la obtiene» (DJ 25).

La aceptación o el παρἱστάς es el primer paso, pero cual es el fin último del hombre cristiano? Entendemos desde una ortodoxia, que consiste en un proceso espiritual que lleva a la divinización. Cristo es la vid, el cristiano es el sarmiento donde ambos dan frutos de “buenas obras”. Este concepto de divinización, no por naturaleza, sino por medio de la Gracia, puede horrorizar la mente protestante, dado que el hombre es tan depravado, que dicha divinización por gracia, se hace imposible.

b. El Espíritu Santo que renueva nuestros corazones. 

Como síntesis es aceptable, pero si profundizamos, vemos que se ha quedado a mitad de camino. Renovar, es hacerlo nuevo, es una transformación. Es lo que San Pablo nos insinúa:

No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó mediante el baño de regeneración y renovación del Espíritu Santo, que abundantemente derramó sobre nosotros por Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seamos herederos, según nuestra esperanza, de la vida eterna. (Tito 3,5-7)

Es el concepto de palingenesia (παλιγγενεσίας) o regeneración. Esta palingenesia lleva a otro ser nuevo. Es la ἀνακαινώσεως.

Ya el ser depravado no tiene cabida real, pues se transforma en ἀνα, es decir, otra vez y hacia arriba, junto con el καινός. O sea, algo totalmente nuevo. Todo implica una metamorfosis del pensamiento (μεταμορφοῦσθε τῇ ἀνακαινώσει τοῦ νοος):

Que no os conforméis a este siglo, sino que os transforméis por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que es agradable, lo que es perfecto. (Romanos 12)

***

¿Se luteranizó el catolicismo o se catolizó el luteranismo? 

Ninguna de las dos cosas. Tan solo se llegó a un acuerdo diplomático, para que cada uno siga con lo suyo, sin tirar piedras al techo del vecino. O sea, se seguirá como siempre, pero con relaciones más amistosas. De este acuerdo el catolicismo no enseña al luterano, y el luterano no adoctrina al católico. Fue una ocasión donde después de varios siglos, cada uno expuso libremente lo que pensaba del otro y el luteranismo, mostró su avance sobre las tesis originales de Lutero. 

Este acuerdo unificó al luteranismo y muchas iglesias de reformadores, lo suscribieron. En 2006 lo hizo el metodismo, y en 2017 la Comunión Anglicana y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas. Por su parte, la Pentecostal Church of God expone los mismos conceptos del acuerdo en su General Bylaws 2020.




lunes, 27 de abril de 2026

El absurdo de la "SOLA FIDES"

 



El nominalismo moderno, cambió el término de pentecostalismo al de carismatismo. Como diría mi vecina, el mismo perro, pero con otro collar.

Todo pentecostalismo o carismatismo es de origen romántico, y si es romántico es de sangre luterana mezclada con la de Göethe.

El drama del protestantismo, es confundir la posibilidad de una justificación, con la justificación misma. Una cosa es que se pueda salvar, otra que realmente se haya salvado. Quien aprende a nadar, puede no ahogarse; pero si cae al agua y no nada, se ahoga. Este es el motivo por el cual el Símbolo de Nicea afirma creer en un solo bautismo, y aclara, para el perdón de los pecados. Para bautizarse solo se requiere tener fe, para justificarse se requieren obras. Es la regeneración de la naturaleza humana, pero si la nueva naturaleza no combate, no se actualiza dicha regeneración.

Por esta confusión del traumatizado Lutero, no existe en los reformadores, un equilibrio coherente entre el pensar y el actuar. Es la fisura entre la fe y las obras. Esta rotura produce dos casos realmente extremos.

1. Un luteranismo absoluto que se sustenta de fe, pero las obras pasan a un segundo plano, pues no son necesarias para justificarse, dado que todo lo hace Jesucristo. Sería la sola fides.

2. Un luteranismo goethiano, donde la acción pasa a regir la fe y en este caso no importan las doctrinas sino el actuar, y este viene del hombre. Este es un luteranismo a la inversa, no importa la fe, solo importan las obras. Sería la sola actio.

Cuando se llega a este tema siempre me ha llamado la atención entre los reformadores de todo tipo, la ausencia de la Carta de Santiago, que trata sobre la fe y las obras:

¿Qué le aprovecha, hermanos míos, a uno decir: Yo tengo fe, si no tiene obras? ¿Podrá salvarle la fe? ...

Así también la fe, si no tiene obras, es de suyo muerta. Mas dirá alguno: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame sin las obras tu fe, que yo por mis obras te mostraré la fe. ¿Tú crees que Dios es uno? Haces bien. Mas también los demonios creen y tiemblan. ¿Quieres saber, hombre vano, que es estéril la fe sin las obras? ... (2,14.17-20)

La metáfora sobre el cuerpo humano, donde la fe es el alma y las obras son el cuerpo, es lo más acertado que se ha escrito:

Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también es muerta la fe sin las obras. (2,26)

Aquí se manifiesta la unidad indisoluble entre fe y obras. La fe como alma y las obras como el cuerpo que las ejecuta.

¿Cuál es la causa de que estos textos no se expongan por parte de los reformadores?

El luteranismo es tan viejo como la herejía misma. Desligar la fe de las obras fue algo que ya en vida de Santiago, el pariente directo de Jesucristo, comenzó a circular en determinados círculos, y al modo de Lutero. La excusa era seguir a Pablo de Tarso, por esto algunos modernos lo llaman el paulismo. Contra esta tendencia se alza la carta, desvirtuando esta falsa interpretación.

Lutero, al toparse con este escrito se puso algo nervioso y lo llamó “epístola de paja”. En la carta, el apóstol no se propone desarrollar una teoría, sino que apunta directamente a la forma de actuar, llamándola fe. Esto enloqueció a Lutero, quien la admitió en su “Biblia”, a regañadientes. Siempre la consideró un escrito casi apócrifo, negando que Santiago fuese su autor.

En sí misma, la carta está redactada en un perfecto griego. No se vislumbran arameismos en el lenguaje, como sí los vemos en Mateo y Juan. No se debe olvidar, que Santiago, no sabía griego, y me aventuro a decir, que ni siquiera había estudiado letras, motivo por el cual no sabía leer ni escribir, como en la mayoría de los apóstoles. La forma de redactar todas las cartas casi sin excepción, era mediante un dictado, donde no uno, sino varios amanuenses tomaban nota. Al mismo tiempo, siendo la carta enviada “a las doce tribus, que están en la dispersión” revela dos cosas. Primero, que el autor piensa como israelita, y segundo que si no la escribe en griego, nadie la leerá, pues es el idioma cultural de todo el imperio romano. El arameo que hablaba esta cabeza del cristianismo en Jerusalén, es solo para la comarca palestina.

Burda contradicción entre reformadores

Hemos visto que el primer acto de fe que hace la Pentecostal Church of God, es sobre la Escritura. Sin embargo, este fetiche no es para toda la escritura, pues para ellos, una pesa más que la otra. La carta de Santiago no pesa nada, es una obra de escritura que duerme en un segundo plano. En otras palabras, no es un fetiche. En realidad, no es nada.

Por lo tanto cuando nos hablan de valores absolutos y ponen la Escritura en primer término, ya sabemos que esto es una hipocresía. Es como en el paganismo griego. Existen dioses superiores como Zeus y dioses inferiores como Hércules. Aquí ocurre algo similar. Existen fetiches superiores como Pablo y Juan, y fetiches menores, como Santiago y el Apocalipsis.

No toda la escritura es igual para un reformador, si así fuese, implosionaría toda la Reforma en conjunto. Por ello eligen y vociferan lo que les gusta, y callan lo que los acusa.

¿Qué posición toma la Pentecostal Church of God frente este panorama?

Esto se declara en el punto tercero de la SECTION I - “ESSENTIAL VALUES”, en su ARTICLE I sobre la Doctrinal Statement encara el problema del hombre:

Man, His Fall and Redemption.

Como lo dice el título, primero está el hombre, luego viene su redención. Se habla de la caída original del hombre y de su redención.

El hombre es un agente moral libre y puede, en cualquier momento después de la experiencia del nuevo nacimiento, apartarse de Dios y morir en estado de pecado, enfrentando las consecuencias del infierno (2 Pedro 2:20-22).

En este punto destaco la diferencia con los semi-reformados del revival del Vaticano II, donde muchos no creen en el infierno, tal como lo dio a entender el hereje Bergoglio.

Y continúa en la segunda parte con el His Fall and Redemption:

La salvación es un don de Dios para el hombre, independiente de las obras y de la Ley, y se hace efectiva por gracia mediante la fe en Jesucristo, produciendo obras aceptables a Dios (Efesios 2:8).

Los pentecostales comienzan con la concepción del evangelio de Göethe en su descripción acertada sobre la condición humana, pero no pueden desligarse de la tradición luterana. Ellos, los enemigos de la Tradición, siguen la tradición de un monje desequilibrado. Por lo tanto se vuelcan decididamente hacia el primer caso, dentro del luteranismo absoluto.

De hecho, la cita de Efesios, es un poco más amplia, abarca el versículo 8 y 9:

8. Pues de gracia habéis sido salvados por la fe, y esto no os viene de vosotros, es don de Dios;

9. no viene de las obras, para que nadie se gloríe.

Si se le quita el versículo 9, nos sacamos la máscara y llegamos al luteranismo absoluto, donde las obras quedan de lado.

Es curioso que se inicien con las obras y terminen con la fe, cuando dentro del catolicismo nos iniciamos con la fe y terminamos con las obras. De todos modos, ya es un gran paso para salir de la contradicción que plantea Lutero. Más concretamente, Lutero es un desconocido para este documento de la Pentecostal Church of God.

El tema de la justificación

La doctrina católica de la justificación fue redactada por el Concilio de Trento (1545-1563) y llevó varios meses de elaboración. Quien la expone, es Diego Láinez. Este sucesor de San Ignacio de Loyola, era de ascendencia sefaradí, algo que los sajones con su israelismo británico, quedaron atragantados frente a este caso. Un judío hecho jesuita elabora la doctrina contra la tesis sustentada por Lutero acerca de la justificación por la sola fides. Y para colmo de males, es español.

Su discurso se conserva íntegro, y así lo transcribe Jorge de Maetzu:

Se le ocurrió pensar en un Rey que ofrecía una joya a aquel guerrero que venciese un torneo. Y sale el hijo del Rey y dice a uno de los que aspiran a la joya:

Tú no necesitas sino creer en mí. Yo pelearé, y si tú crees en mí con toda tu alma, yo ganaré la pelea.

A otro de los concursantes el hijo del Rey le dice:

Te daré unas armas y un caballo; tú luchas, acuérdate de mí, y al término de la pelea yo acudiré en tu auxilio.

Pero al tercero de los aspirantes a la joya le dice:

¿Quieres ganar? Te voy a dar unas armas y un caballo excelentes, magníficos; pero tú tienes que pelear con toda tu alma.

La primera, naturalmente, es la doctrina del protestantismo: todo lo hacen los méritos de Cristo. La tercera es la del Catolicismo: las armas son excelentes, la redención de Cristo es arma inmejorable, los Sacramentos de la Iglesia son magníficos; pero, además, hay que pelear con toda el alma; ésta es la doctrina tradicional de nuestra Iglesia. La segunda: la del aspirante al premio a quien se dice que tiene que pelear, pero que no necesitará esforzarse demasiado, porque al fin vendrá un auxilio externo que le dará la victoria, al parecer honra mucho los méritos de Nuestro Señor, pero en realidad deprime lo mismo el valor de la Redención que el de la voluntad humana. 1

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Concretamente, para el católico la fe se demuestra por las obras. Por lo tanto, los depravados del revival del Vaticano II que cayeron en abominables vicios, carecen de fe, y su fe es muerta. Es preferible la fe de un pentecostal honesto, a la fe de estos depravados que actúan contra las leyes de la naturaleza.

Por lo tanto, no solo las obras demuestran la fe, sino ordenarse con las leyes de la naturaleza impuestas por la creación. Por consiguiente, todo ecumenismo con los depravados del revival del Vaticano II es imposible. Y toda vida comunitaria con estos degenerados, es inadmisible.

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1 Ramiro de Maeztu. Defensa de la Hispanidad. Págs. 112-113.