En el artículo anterior, el editor de este blog, hizo un relato recatado de la situación actual de la Iglesia. Perdonen, pero yo seré más crudo y realista. Dejo atrás las visiones místicas y me concentraré en la realidad cotidiana.
Como decía nuestro editor, la masonería es quien demuele la iglesia de occidente. No le falta razón y la comparto. La masonería tomó el control de ella con la famosa renuncia, sui generis, de Benedicto XVI. Paco I, era masón y preparó el terreno para los actos siguientes a su fatal muerte.
Ahora Prevost es nuestro Paco II, y sigue, a no dudarlo, los dictámenes de la masonería, pues es quien lo eligió.
Inevitable
La supuesta desvinculación de la organización lefebvrista del seno de la iglesia, era un episodio que a la corta o a la larga se debía producir inexorablemente. La iglesia vaticana y la iglesia lefebrvista son dos cosas esencialmente diversas y profundamente opuestas. Era absolutamente necesario un cisma, algo que el editor de este blog, se preocupó en explicitar como una realidad que se avecinaba a pasos agigantados.
La evolución histórica
Algunos comparan los sucesos actuales con el año 1988. Si bien existen situaciones que permanecen, muchos no se percatan que la realidad evolucionó desde entonces. En 1988 la masonería estaba infiltrada en el Vaticano, pero Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger no eran masones. Hoy, iglesia vaticana y masonería forman un todo compacto. Si se produjo un cisma en 1988, con mucho más razón debía producirse en 2026. Era la lógica.
La maniobra actual de Paco II, fue la misma que adoptaron en 1988: Esperar que se mueran todos los obispos lefebvrianos, para proceder a la destrucción total de la Fraternidad. Benedicto XVI corrigió este grave error levantando las excomuniones de la FSSPX. Esta fue una de las causas para que le hicieran la vida imposible, dentro y fuera del Vaticano. La diferencia es que en 1988, esta maniobra no se vio con claridad. Hoy no solo se ve en pleno, sino que recorrió todos los estamentos de la iglesia occidental. Estamos en un mundo muy distinto a 1988, cosa que Paco II no se percata, ni puede darse el lujo de reconocer.
No existe equidad
Las preguntas que un simple católico se hace, es ¿cómo no se excomulga a los obispos elegidos por el comunismo chino? Y todos vislumbran una total falta de equidad, con situaciones que parecen problemas de escritorio, más que reales. De este modo, el caso lefebvriano ya no es un caso aislado, sino aquel que recorre con una aceptación bastante creciente, todos los estamentos eclesiales.
Un personaje escapado del cómic
En una especie de cómic argentino, pululaba un personaje de historietas, vulgar, cómico y fanfarrón. Este personaje se escapó del cómic para aterrizar como cardenal custodio de la fe católica. Este personaje de historieta es, a no dudarlo, un Doctor de la iglesia. ¿Pero Doctor en qué? En la porno-mística. En más de 2000 años existía un vacío en este campo de la fe. El cardenal Tucho llenó por fin este lamentable vacío.
Mientras Prevost, quien se fue muy campante a pasar su ferragosto o vacaciones en Castel Gandolfo, tomando sol junto al lago Albano, el cardenal Tucho, nuestro Doctor porno-místico, hace el trabajo sucio. Es la política prevostiana:
―Que le peguen al punchim ball Tucho y no a mí― repite en silencio Prevost.
Le podrán pegar a mansalva, pero por más que se pavonee, en todos estos sucesos, el único que salió perdiendo, es Paco II.
Veamos otro de los motivos de su decadencia.
La actuación en el cisma de nuestro Doctor, es propia del cómic, del cual se escapó. Excomulgó toda la iglesia lefebvriana en masa. Los lefebvrianos no comulgan con su moral porno-mística, y esto, en el cómic, es imperdonable.
No deja de ser curiosa su actitud. Por un lado apoya la apocatástasis origenista, donde todo el mundo llega a la gloria de Dios, y por otro manda al infierno a toda una iglesia. Si es como el porno-místico dice, ¿qué sentido tienen las excomuniones? Peor aún, se esfuerza en hablar que la iglesia cambió de actitud, donde con otras palabras da a entender que ya no se requiere excomulgar. Todo un prodigio de racionalidad ultramoderna, vertida en profundos y misteriosos silogismos de la porno-mística.
¿A quién se excomulgó?
En Infovaticana, un canonista analiza meticulosamente su actuación, donde por un lado el porno cardenal emite un Decreto de Excomunión y por otro ofrece una Nota indicando que todos, todos, todos los lefebvrianos están en cisma. De este análisis muy bien hecho, el canonista saca estas conclusiones:
Primero: la única censura válidamente declarada es la de los seis obispos, mediante el Decreto.
Segundo: respecto del clero, la Nota carece de idoneidad formal para declarar penas, contradice la admonición en condicional del propio Decreto, y omite el juicio individual de imputabilidad exigido por los cann. 1321-1325 y 1720; las censuras, de existir, serían no declaradas y quedarían suspendidas ante la petición de sacramentos por los fieles (can. 1335 § 2).
Tercero: respecto de los laicos, la remisión a la Nota de 1996 —con su exigencia de doble elemento y juicio caso por caso— excluye por definición el automatismo.
Cuarto: la declaración de invalidez de confesiones y matrimonios pretende un efecto derogatorio de actos pontificios vigentes que una nota dicasterial sin aprobación en forma específica no puede producir (can. 21). Cabe añadir un indicio de la imprecisión técnica del conjunto: Mons. Fellay es censurado únicamente ex can. 1364 § 1, cuando el can. 1387 alcanza a quien consagra sin mandato, condición que concurre también en el co-consagrante.
En suma, la fórmula jurídica elegida por el prefecto —declarar por decreto a seis y por nota a todos los demás— deja sin efecto, en derecho, la excomunión de los sacerdotes y laicos de la Fraternidad: donde había forma penal no hay más que seis destinatarios, y donde se nombra a los demás no hay forma penal. Si la Santa Sede pretendía extender las consecuencias del cisma al conjunto de la Fraternidad, el derecho vigente le exigía otra vía: ley o precepto penal, decretos declaratorios individuales previo procedimiento del can. 1720, y revocación expresa, con aprobación pontificia en forma específica, de las concesiones de Misericordia et misera y de 2017. Por el momento, nada de ello se ha hecho.
Más claro, imposible.
¿Quién expulsó a quién?
Ahora nos vamos a otra pregunta de todo este entuerto. ¿Es la iglesia vaticana masónica la que excluyó la iglesia lefebvriana?, o ¿es la iglesia lefebvriana la que condenó a la masonería vaticana? Para ser excomulgado se necesita perder la fe. Por lo tanto, preguntamos, ¿quién perdió la fe, la iglesia masónica vaticana o la lefebvriana?
La ciencia-ficción religiosa
Existen algunos que hacen futurismo, es decir, trabajan con la ciencia-ficción religiosa. Como ven, no es mi género literario. Aquí se requiere ser realista sin ambages. ¿Cómo deducen estos futurólogos que la FSSPX perderá la fe con el tiempo? Hablan de un alejamiento de Pedro. ¿No me digan ahora que Prevost es Pedro y que Tucho es San Juan? Sus obras son su carta de presentación y de reconocimiento.
Tucho eterno
¡Y pensar que muchos pedían que Tucho se fuera del Vaticano! ¡Grave error! ¡Quédate Tucho! ¡Ni se te ocurra renunciar!
Porque,... qué útil es este inútil.


