El Vaticano II fue el impulsor del diálogo con los herejes. Basados en un acuerdo entre Luteranos y Católicos, firmado en Estados Unidos en el año 1983, se reúnen luteranos y católicos en Augsburgo y firman una Declaración Conjunta sobre la doctrina de la justificación. Los firmantes son el cardenal Cassidy por la Santa Sede y el obispo luterano Christian Krause.
En el diálogo con el luteranismo, la institución de la Iglesia Católica dejó de ser la Maestra. Se bajó un escalón para ponerse en igualdad de condiciones con el luteranismo. Lo dicen con toda sinceridad por escrito. Por ello notamos:
1. No se cuestionan las cúpulas que dirigen
La Maestra Universal, o sea Católica, no cuestiona la autoridad de la cúpula luterana, si la cuestionara, el diálogo cae por su propio peso:
...la Iglesia Católica no pretende poner en cuestión la autoridad de los Sínodos Luteranos o de la Federación Luterana Mundial.
2. Llegó la igualdad entre católicos y luteranos
La Maestra Universal, o sea Católica, se puso a la par de la herejía luterana, llamándose en este diálogo par cum pari. Se habla de igualdad de “derechos”. O sea igualdad de luces. A otro con el antagonismo de Luz y Tinieblas. Más aún, aquí no se trata de Luz.
La Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial iniciaron el diálogo y lo han llevado a cabo como partes con iguales derechos («par cum pari»).
3. Quedan sin efecto los anatemas
Este es un acuerdo de cúpulas. Y para ser más preciso, un acuerdo diplomático, por ello el Anexo al Comunicado oficial común que resume la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica se inicia de este modo:
Las siguientes elucidaciones subrayan el consenso alcanzado en la Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación (DJ) con referencia a las verdades básicas de la justificación; así se pone en claro que las condenas mutuas de los tiempos pasados no se aplican a las doctrinas católica y luterana sobre la justificación tal como estas son presentadas en la Declaración conjunta.
Como se puede apreciar, estas declaraciones del acuerdo, así como están redactadas, no están sujetas al anatema.
4. No se cuestiona la “Kultur” de nadie
Hoy se ha cristalizado un concepto de “cultura” que intenta decir todo, y por momentos no dice nada. Es lo que Herder interpretaba como la Kultur de los pueblos. Un espíritu viviente que buscaba su integración universal. Es el Volkgeist.
Los famosos documentos de Malinas, que abren la puerta al pentecostalismo, para bautizarlo de católico, hablan de culturas diferentes, en vez de religiones diferentes. Hablan de la Frömmigkeit, la piedad religiosa. La misma que vemos en las cúpulas tanto vaticana como anglicana. Las mismas que llevan al esperpento. Las mismas donde un papa “aplaude” groseramente a una papisa. Esta es la forma elegida para anular la Kultur con su correspondiente Frömmigkeit. La misma donde se concentran los dialogantes de este acuerdo del 31 de octubre de 1999 en Augsburgo, en igualdad de condiciones. Toda una mentira, pues de iguales no tienen nada. Es tan solo una ficción ideológica.
No obstante las diferentes concepciones acerca de la autoridad en la Iglesia, cada parte respeta el proceso propio de la otra para alcanzar las decisiones doctrinales.
5. Estamos en proceso evolutivo
Nótese que se habla de un proceso, tanto para los católicos como para los luteranos. Estando Wálter Kasper en este diálogo, no podía ser de otro modo. Es el proceso evolutivo de Herder, o tal vez de Hegel, donde la Kultur romántica del Volkgeist se integrará en un solo espíritu unificador al fin de los tiempos. El acuerdo lleva el sello Kásper.
6. Un acuerdo tan solo conceptual
Así se llega al acuerdo concreto, por el cual el anglicano Tony Palmer, antes de su fatal accidente en moto dirá a los pentecostales:
―La protesta terminó.
7. Algunas ideas del acuerdo
¿En qué consiste el acuerdo?
«Juntos confesamos: "Solo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras» (DJ 15).
Un acuerdo muy superficial, pues se toma de estas citas paulinas:
No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó mediante el baño de regeneración y renovación del Espíritu Santo. (Tito 3,5)
Y la esperanza no quedará confundida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado. (Rom 5,5)
El problema está en la Kultur y esta establece el alcance que cada término pueda llegar a tener, cosa que no se dice, pues no estamos en el campo de la fe, sino de la diplomacia. Veamos algunos términos:
a. Somos aceptados por Dios.
No se dice en qué momento de la vida del hombre. Este se inicia en el bautismo, pero termina en la muerte, y en ella podemos no ser aceptados. El misterio humano, no es solo como se inicia sino como termina. Por su redacción posterior, interpretamos que es una aceptación amplia cuando se dice:
En este sentido, Luteranos y Católicos pueden entender juntos lo que se ha dicho acerca de «preservar la gracia» en DJ 38 y 39. Ciertamente, «todo lo que en el ser humano antecede o sucede al libre don de la fe no es motivo de justificación ni la obtiene» (DJ 25).
La aceptación o el παρἱστάς es el primer paso, pero cual es el fin último del hombre cristiano? Entendemos desde una ortodoxia, que consiste en un proceso espiritual que lleva a la divinización. Cristo es la vid, el cristiano es el sarmiento donde ambos dan frutos de “buenas obras”. Este concepto de divinización, no por naturaleza, sino por medio de la Gracia, puede horrorizar la mente protestante, dado que el hombre es tan depravado, que dicha divinización por gracia, se hace imposible.
b. El Espíritu Santo que renueva nuestros corazones.
Como síntesis es aceptable, pero si profundizamos, vemos que se ha quedado a mitad de camino. Renovar, es hacerlo nuevo, es una transformación. Es lo que San Pablo nos insinúa:
No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó mediante el baño de regeneración y renovación del Espíritu Santo, que abundantemente derramó sobre nosotros por Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seamos herederos, según nuestra esperanza, de la vida eterna. (Tito 3,5-7)
Es el concepto de palingenesia (παλιγγενεσίας) o regeneración. Esta palingenesia lleva a otro ser nuevo. Es la ἀνακαινώσεως.
Ya el ser depravado no tiene cabida real, pues se transforma en ἀνα, es decir, otra vez y hacia arriba, junto con el καινός. O sea, algo totalmente nuevo. Todo implica una metamorfosis del pensamiento (μεταμορφοῦσθε τῇ ἀνακαινώσει τοῦ νοος):
Que no os conforméis a este siglo, sino que os transforméis por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que es agradable, lo que es perfecto. (Romanos 12)
***
¿Se luteranizó el catolicismo o se catolizó el luteranismo?
Ninguna de las dos cosas. Tan solo se llegó a un acuerdo diplomático, para que cada uno siga con lo suyo, sin tirar piedras al techo del vecino. O sea, se seguirá como siempre, pero con relaciones más amistosas. De este acuerdo el catolicismo no enseña al luterano, y el luterano no adoctrina al católico. Fue una ocasión donde después de varios siglos, cada uno expuso libremente lo que pensaba del otro y el luteranismo, mostró su avance sobre las tesis originales de Lutero.
Este acuerdo unificó al luteranismo y muchas iglesias de reformadores, lo suscribieron. En 2006 lo hizo el metodismo, y en 2017 la Comunión Anglicana y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas. Por su parte, la Pentecostal Church of God expone los mismos conceptos del acuerdo en su General Bylaws 2020.


