Calesita

lunes, 1 de junio de 2026

Las letras como el Principio fundamental del cosmos

 




En el año 538 a. C. los judíos, encabezados por Nehemías, emprenden su retorno desde Babilonia hacia Palestina dando fin a la cautividad impuesta por Nabucodonosor II. No todos regresaron, quedando una parte de ellos en las regiones que se les habían asignado.

Cuando se deportó la población judía a la Mesopotamia, el pueblo estaba muy debilitado religiosamente. La cultura babilónica era rica en el estudio de los astros, y con ello en ciertas ciencias, como la medicina, matemáticas y ciencias naturales. Esto impactó en la clase dirigente judía que regresó a Judea y echó las bases del nuevo templo.

En los escritos del profeta Daniel, ya puede vislumbrarse la aparición de cierto esoterismo. Entendemos por este término de origen griego εσωτερος (esóteros), el significado de lo que es íntimo y recóndito. Los críticos hablarán sobre la aparición de la apologética y en ella va implícito el rasgo esotérico. Esto lo podemos comprobar dentro del profeta Ezequiel (siglo VI a. C.) en su primer capítulo.

En dicha época, la transmisión de la enseñanza no se basaba en el escrito, sino en la oralidad. Era la tradición. Las doctrinas esotéricas no se podían transmitir en público, pues la mayoría no entendería nada, quedando expuesta la doctrina a la risa general. Por consiguiente se hacía en grupos reducidos, tal cual se practica hoy en día. 1

El hecho de escuchar las enseñanzas en grupos reducidos y selectos, fue llamado Cábala, que significa lo que fue recibido. En otros términos, una tradición oral. Por tal motivo, existió siempre una Cábala, el problema es de qué trata cada una de ellas.

La influencia de Babilonia

Todo indica que en Babilonia se pervierte la tradición judía, al haber sido influenciada por dicha cultura. Es allí donde hace su aparición el arjé del número y se populariza en el siglo VI a. C. Pitágoras también bebió de esta fuente, o tal vez del mismo pueblo judío, coincidiendo con las tesis de San Clemente de Alejandría, para quien los griegos copiaron todo de los judíos.

No se poseen escritos que avalen una o otra opinión, tan solo vemos las causas, el pitagorismo por un lado con su número que es su arjé y la Cábala del Séfer Yetzirah, coincidiendo estrepitosamente. Flavio Josefo es el primero en afirmar el pitagorismo judío, y son los mismos rabinos quienes lo avalan.

Josefo afirma que los esenios hacían uso de los nombres angélicos y que podían predecir el futuro mediante diversas purificaciones y métodos de los profetas. Lo que es más significativo, Josefo identifica también a los esenios con los pitagóricos. Puesto que el Sefer Yetzirah aparentemente contiene algunos elementos que semejan las tesis de los pitagóricos, ...2

La Misná

Luego de la destrucción de Jerusalén en el 70 d. C., llevada a cabo por Tito, a principios del siglo III, todas las enseñanzas orales se ponen por escrito. Es lo que se llama la Misná, cuyo significado es “la repetición” o “la enseñanza”.

Mientras tanto, los judíos de la diáspora de Babilonia, gozaban de una próspera paz, bajo el reinado de los partos, a quienes los judíos ayudaron en sus guerras contra Roma. Dicha diáspora era una segunda Judea. La ciudad de Nehardea junto al Eufrates, fue llamada, la “Jerusalén babilónica”. Otras ciudades rivalizaban con ella, como Pumbedita, Sura y Machuza que se ubica a orillas del Tigris, no lejos de Ctesifonte, la capital de los partos. Para la diáspora, “Babilonia; se había convertido en su segunda patria y sus leyes se equiparaban a la Torá”3.

Si bien en Babilonia el bienestar estaba muy extendido, la existencia social asegurada y la autonomía interna indiscutida, en cambio, el conocimiento de la ley y su enseñanza, y también la cultura, estaban todavía muy descuidados.4

Los judíos oriundos de Mesopotamia, Abba Areka y Samuel Jarchinai, viajaron a Palestina y estudiaron en la Academia de Zippora. Allí se redactó la Misná y ambos serán los que la llevarán a la diáspora de Babilonia. Abba Areka, llamado el Raw o maestro, la llevó a Sura, mientras Samuel Jarchinai lo hizo en Nehardea. Cabe destacar, que Samuel estaba «en posesión de una cultura muy vasta, que no se extendía únicamente al terreno religioso… se ocupó al mismo tiempo —constituyendo por ello una rara excepción entre los doctores de la ley de su tiempo— de Matemáticas, Ciencias Naturales y Medicina; practicó también la profesión de médico.»5 

En otras palabras, ya estamos en presencia de otro pitagórico. Ya puede darse una idea el lector, del contenido de su propia Cábala. Y remata el historiador Keller diciendo:

Samuel, que se distingue por su mentalidad abierta, sostiene también relaciones con los magos persas, que como él poseen un gran conocimiento de las estrellas. 6

El Talmud

Entre los siglos que van desde la recopilación de la Mishná, hasta el siglo V d. C., los judíos babilonios amplían este escrito con la Guemará. La misma va a integrar el Talmud. En el mismo abarcará a grosso modo las dos versiones de enseñanza, tanto la babilónica como la de Palestina.

En el Talmud, no falta nada. Aquí están todas las interpretaciones coincidentes o dispares, todas las discusiones que se fueron dando en la historia sobre leyes, tradiciones, costumbres, narraciones, parábolas, historias y leyendas. Por consiguiente, el Talmud, es la tradición judía.

De este modo la tradición de la sinagoga antigua se dividió en dos partes. Una era la tradición talmúdica, la cual se redactó en el Talmud. La segunda era misteriosa y sublime, y se concentró en la Cábala.

Ella varió drásticamente a lo largo de la historia, sobre todo para diferenciarse del cristianismo, pues se daba, que muchos rabinos se convertían.

La Cábala

Para algunos la Cábala nació con Adán. Y formó parte con Moisés luego de recibir la ley en el Sinaí.

Para la actualidad, existen tres formas de cábala. Una es la teórica, la cual se basa en el Zohar. La segunda es meditativa.

La Cábala Meditativa trata del uso de nombres diversos, permutaciones de letras y métodos similares para conseguir estados superiores de conciencia. Como tal, incluye un tipo de yoga. La mayoría de sus textos no han sido publicados nunca y permanecen dispersos en manuscritos que se encuentran en las principales bibliotecas y museos. 7

La tercera forma, es la Cábala mágica.

Consiste en diversos signos, encantamientos y nombres divinos mediante los que se pueden influir o alterar los sucesos naturales. Muchas de sus técnicas son muy parecidas a los métodos meditativos y su éxito puede depender de la propia capacidad para inducir estados mentales en los que los poderes telekinético o espiritual pueden ser canalizados efectivamente. Como ocurre con la segunda categoría, sus textos no han sido impresos nunca, aunque se han publicado algunos fragmentos. 8

Esto explica cierta costumbres mágicas, como esta vulgar expresión.

Abracadabra (ABRA K'ADaBRA), que significa literalmente: “Yo crearé y hablaré”9.

En el cristianismo, Tradición y Santas Escrituras dan origen a la Teología y de esta se desprende la mística. En cambio dentro del judaísmo todo parece indicar, que la mística cabalga sobre la tradición y ambas miran en última instancia la Torá, que no deja de ser, el corazón judaico.10

El Sefer Yetzirah

Yendo a los escritos, el primer texto cabalístico que tenemos a mano es el de Sefer Yetzirah.

...es un libro muy pequeño y conciso. En su Versión Corta consta sólo de 1300 palabras y la Versión Larga tiene aproximadamente 2500 palabras. La Versión Gra usada en la presente traducción contiene alrededor de 1800 palabras. Tan corto es el texto que uno de los más antiguos fragmentos parece tener todo el libro escrito en una sola página. Se especula que la fuente original podía haber contenido no más de 240 palabras.11

Según las versiones del mismo, es el Patriarca Abraham el autor del libro a quien Dios le entregó el alfabeto hebreo. Afirmar esto en el siglo II podía pasar desapercibido, pero en el siglo XXI decir que Abraham recibió el alfabeto de Dios, es ya hilarante.

La atribución a Abraham de los misterios del Sefer Yetzirah colocaría su origen en el siglo XVIII antes de nuestra era.12

Las prácticas que expone este breve texto de Sefer Yetzirah, pueden muy bien remontarse al famoso siglo VI a. C. que es de un profundo movimiento, tanto religioso como místico en todo el medio oriente, incluidas las ciudades griegas del sur de Italia. Esta mística esotérica, que vemos en los profetas que se aproximan a este siglo, es la muestra de lo que afirmamos.

El hecho que se transmitiera un enseñanza oculta en forma oral, explica el motivo por el cual este escrito posee tantas versiones, por consiguiente no hay «otro clásico hebreo en tantas variantes y versiones como el Sefer Yetzirah 13.

Su primera redacción parece remontarse como primer escrito paralelo a la Misná. Sus primeras referencias concretas se remontan a los siglos V y VI d. C. «en un poema escrito por Rabbi Elazar Kalir».14

Un análisis muy cuidadoso revela, sin embargo, varios estratos en el texto. Las partes más primitivas del libro parecen muy antiguas, posiblemente anteriores a la era talmúdica!. Posteriormente parece que se añadió una cantidad considerable del texto, posiblemente como glosario o comentario. 15

Finalmente, durante el siglo XIII. Mosé ben Sem Tob de León escribe el Zohar.

Dentro de esta concepción cabalística, se dan dos temas ocultos, los cuales se enseñan en grupos reducidos. Uno es la creación, y el otro es la Merkaba.

Tomado de mi libro, El Principio o Αρχὴ,. 

Capítulo 10, primera parte.

Publicado en Amazon.

NOTAS

_______________

1 “Hay dos temas de Torá que está prohibido enseñar públicamente, y que solamente ha de instruirse personalmente, en grupos reducidos, y a personas que cuentan con un vasto caudal de conocimientos en Torá, y una amplia adhesión a la práctica de los preceptos de la Torá. Estos dos temas son: la Creación, y la Mercabá.” https://serjudio.com/rap3201a3250/rap3226.htm.

2 ARYEH KAPLAN. Sefer Yetzirah. Introducción.

3 Werner Keller, Historia del pueblo judío. Los creadores de la Misná.

4 Ibídem.

5 Ibídem.

6 Ibídem.

7 ARYEH KAPLAN. Sefer Yetzirah. Introducción.

8 Ibídem.

9 Ibídem. El período talmúdico.

10 «Aprendámoslo de una buena vez: el Talmud es el alma del Judío, el Talmud mismo tiene por alma a la Cábala, cuyo principal código es el Zohar. Entonces los admiradores de este código religioso nos dicen que “¡la doctrina cabalística es el dogma de la alta magia !” (Cita de Eliphas Lévi, Histoire de la magie, pág. 23; París, 1860.) » Del libro El Judío El Judaísmo...

11 ARYEH KAPLAN. Sefer Yetzirah. Introducción El Texto.

12 Ibídem.

13 ARYEH KAPLAN. Sefer Yetzirah. Introducción El Período talmúdico.

14 ARYEH KAPLAN. Sefer Yetzirah. Introducción Textos y Comentarios.

15 Ibídem.


lunes, 25 de mayo de 2026

La "Kritic" al Concilio Vaticano II ya está abierta, imposible detenerla

 

Luego de medio siglo, la impronta que impuso Juan XXIII con su famoso Concilio, se ve en la actualidad, con mayor claridad. Ya es tiempo de hacer una Kritic objetiva, sin fanatismos ni esquizofrenias.

El tiempo asienta los hechos y desgasta las ilusiones humanas, hasta convertirlas en lo que realmente son. Entonces hoy puede hacerse la pregunta sin ilusiones ni fanatismos: ¿Qué fue realmente el Concilio Vaticano II? Este artículo es tan solo una de las tantas respuestas.

Lo que nunca fue

El Vaticano II no está a la altura del Concilio de Nicea ni el de Trento. Si tuviéramos que elegir una categoría, diríamos que en vez de un Concilio fue un Gigantesco Sínodo, de tono espectacular. Las preguntas que se hacen sobre el mismo en la actualidad, son muchas.

¿Fue el Vaticano II un Concilio dogmático?

No figuran en sus escritos dogma alguno. Esto hace que en sí mismo el Vaticano II, no es ni será materia de fe. Por el contrario, todos sus escritos son opinables. Pues así como los prelados afirman que las manifestaciones místicas no son obligatorias para la fe, así las manifestaciones del Vaticano II lo son mucho menos.

Por supuesto, están los fanáticos que lo inscriben en el símbolo de la fe, como si rezáramos:

Creo en la resurrección de la carne, en la vida perdurable y en el Concilio Vaticano II.

Lamentable para los fanáticos (que no son pocos), el Vaticano II no puede, ni en sueños, figurar como materia dogmática.

La irrupción de la praxis

En la apertura de este “Concilio”, se vivía en un ambiente muy particular. Era la moda, donde los dogmas no importaban a nadie. Lo importante era la praxis, y esta se disfrazó de pastoral.

El siglo XX fue considerado el siglo de la técnica, esto dio paso a profundizar la ciencia que lo hiciera posible.

Era la tan mentada praxis, que ni el mismo marxismo, altamente teórico, pudo eludir. ¿A quién le importaba el materialismo dialéctico? Lo importante era que los ricos intelectuales tomasen el poder en nombre de una clase obrera, la cual solo conocían en los libros de los supuestos filósofos, que decían descifrar la Historia.

Este mismo fenómeno se dio en el ámbito religioso. Se debía crear una ciencia de la aplicación de la teoría dogmática, y esta se dio en la pastoral.

Así del eje teórico, se pasó al eje práctico y concreto. Del eje dogmático, al eje pastoral.

Decadencia intelectual

Con el andar del tiempo, se buscaron obispos que fuesen pastorales. Lo graficó uno de ellos con su famosa definición: Tener olor a oveja.

La teoría teológica fue opacada por el éxito de la acción. El Vaticano II fue consecuente con esta tendencia, y muchos lo llamaron el Concilio Pastoral, o sea, no un Concilio teórico, sino mas bien enfrascado en la praxis.

La consecuencia fue inevitable. Se nombraron muchos obispos que no sabían nada, con sacerdotes subordinados que sabían mucho menos. Toda una señal, para que acaten las normas de un superior sin cuestionar, ni murmurar y mucho menos criticar. Toda una situación que habla de gruesas falencias. El obispo cree tener el poder absoluto, ¿pero qué se hace cuándo el poder se les escapa de las manos?

La obediencia dictatorial, fue la ley suprema luego del Vaticano II. ¿Pero qué hacer con los que la cuestionan e incomodan?

Se vivía en una era, donde cuestionar acciones y mandatos era motivo suficiente para ser tachado de cisma. Era la pregunta que cuestionaba la acción en el Salmo 61:

¿Hasta cuando arremeteréis contra un hombre todos juntos, para derribarlo, como a una pared que cede o a una tapia ruinosa?

Con esta mentalidad, se cerró el Vaticano II.

Lo que fue

El Vaticano II fue una novedad y como toda novedad, no se puede tener un mismo criterio que sea aceptado por todos. Medio siglo pasado de su cierre, es poca cosa, pero el tiempo nos ha mostrado ciertos perfiles que se pueden agrandar con el paso de los años.

Hoy si alguien afirmara que el Vaticano II fue infalible, estaría impregnado de esquizofrenia. Sus mismos textos fueron redactados a las apuradas, conteniendo contradicciones evidentes que fueron muy mal disimuladas. No existe un pensamiento único en su redacción, sino un conglomerado de ideas que buscan alguien que les dé una unidad de pensamiento.

El Vaticano II buscó fijar objetivos, dado que algunos influenciados por las logias, los cuales eran sus agentes encubiertos, creyeron llegado el momento de poner sobre la mesa, ciertos temas que los afectaban.

Se debía arrimar posiciones hacia la masonería que impregnaba el mundo occidental. En dicha época ninguno pensaba que se pudiese llegar a una Religión Universal, pero sí que se abriese un camino que pudiera hacerlo posible. El ecumenismo fue la lógica respuesta a esta urgente necesidad de las distintas logias. Su meta era la religión universal que Bergoglio propició. Fue uno de sus objetivos encubiertos. La masonería vería con buenos ojos un papado sujeto a ella, como pontífice supremo de la religión universal. Esta idea ya no es un secreto para nadie y lo vemos en la actualidad.

El tiempo había dad0 a las logias un baño de realismo, y lentamente se percataron que eliminar la Iglesia era imposible; pero torcer su rumbo, era más potable. Se trataba de abrir una brecha mínima, y que el tiempo la fuese ampliando. El Vaticano II fue el encargado de abrir esta grieta por donde se filtró “el humo de Satanás”.

Las metas conciliares las fijó el papado de entonces. Actualización y ecumenismo. Para alcanzar dichas metas objetivas, era todo cuestión de fijar normas de conducta. Las mismas recayeron en gran parte sobre los obispos, cuya preparación ya expusimos.

¿Dónde estuvo el Espíritu Santo en el Vaticano II?

Alguien se preguntará cuál es la función del Espíritu Santo en todo esto. El Vaticano II puede dictar normas, ya que éstas no pueden tomar el carácter de leyes, dado que las leyes se basan en la costumbre. Aquí se buscaba con las normas, establecer costumbres nuevas. Fue lo que interpretaron sus seguidores cuando pregonaban un Espíritu del Concilio. Era el espíritu romántico de Herder y Hegel.

El sentido común

Si la ley del Derecho Canónico se basa en la costumbre, la norma en cambio se basa en el sensus communis naturæ. Un sentido que es común en el resto de los sentidos, dado que los unifica a todos. Es la conciencia de los sentidos, que hace aplicar una norma en el actuar, como algo evidente. Por lo tanto el sentido común aprehende la norma y la hace una práctica coherente. Por tanto el sensus communis establece una Kritic que lo hace universal.

Cuando se pasa al ámbito de la fe, el sensus communis naturae se transforma en “sensus fidei”. O sea el sentido común sobre la fe.

Cuando el papado de mitad del siglo XX, planteó un aggiornamento junto a un ecumenismo, se daba por descartado, que tanto el uno como el otro, implicaban costumbres nuevas, y estas en muchos casos, se ponían en manos de los obispos. Obispos cuya mayoría crecería con severas falencias teológicas.

Lo humano, lo divino y lo demoníaco

Tener sensus communis naturæ no pasa por el Espíritu Santo, sino por la lucidez o torpeza humana. En el ámbito del sensus fidei, tenemos tanto lúcidos como torpes. En esta torpeza se encuentra la naturaleza humana dañada y sostenida por el mismísimo demonio. Por su parte la lucidez, como la luz en el actuar, es de naturaleza divina:

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. (Sant. 1,17)

De este modo, la torpeza e insensatez, se transforma en escándalo. Bailar en una función religiosa, es mostrar perfecta locura. Su remedio es conocer la teoría dogmática que es la que fija la lógica de la cordura.

Los escándalos inevitables

La teoría que cedió al pastoralismo buscaba congraciarse con la época. Esto nos proporcionó grandes desubicaciones, las cuales cayeron en el escándalo general. Este escándalo llegó al papado. Bergoglio, fue un perfecto desequilibrado. Hacía tiempo que había perdido la cordura. Ni los psiquiatras pudieron llamarlo a la sensatez. Astutamente aprendió a cubrir sus falencias con un manto de piedad. Era el ejemplo viviente del típico hombre que pregona la teología protestante. Este porteño resentido, odiaba la teología, la cual pudo haber sido su salvación. Su desarrollo dialéctico fue su propia carta de defunción.

El Espíritu Santo nos da su luz, pero si elegimos las tinieblas del mundo, ya nada puede hacer.

La irrupción de la realidad

La normativa que apuntalaba los contradictorios objetivos conciliares, se basaba en la realidad de mitad del siglo XX. En la guerra, no se dan dos batallas iguales, pues el escenario siempre es distinto. Lo mismo pasa en el ámbito religioso normativo. La norma fija una conducta, pero su aplicación nunca será la misma. Aquí radica lo defectuoso de un costoso Concilio, realizado para lo fútil, pues tan solo pasada una década, la misma realidad lo podía dejar obsoleto. Y si vamos hacia un siglo, es mejor olvidarse que esgrimir sus normas.

La caída moral

La realidad mutó en obsoletas las normas conciliares.

La ignorancia de la teología llevó a la caída moral. La caída moral llevó a un amor por el mundo. El amor por el mundo llevó a la pérdida del sensus fidei. La pérdida del sensus fidei llevó a la pérdida del sensus communis naturæ. La pérdida del sensus communis naturæ llevó a las locuras y escándalos que vemos hoy en día.

De este modo, los obispos que elevaron hasta las nubes el Concilio, son los mismos que quedaron atrapados en su propia trampa.




lunes, 18 de mayo de 2026

¿Es posible un diálogo luterano-católico?

 



En la entrada anterior desarrolamos sintéticamente el principio superficial del acuerdo, ahora nuestra Kritic mostrará la activa teología católica y la pasiva teología luterana.

Mientras en el catolicismo se comienza con la acción divina restaurando la naturaleza del hombre hasta antes de su caída; en el luteranismo todo se inicia instituyendo la naturaleza humana caída. 

Mientras el catolicismo entra en un optimismo de esperanza, el luteranismo cae en un pesimismo letal, que lleva la naturaleza humana a una condición pasiva. Es el romanticismo con su antropocentrismo moderno. Por lo tanto todas las preguntas que nos haremos sobre la justificación, tendrán dos respuestas totalmente distintas, con un vacilante acuerdo que no sabe qué camino tomar.

1. ¿Coopera el hombre en su justificación?

Luteranismo. El hombre es un ser pasivo, al recibir la gracia no contribuye a su propia justificación.

21. Según la doctrina luterana, los seres humanos son incapaces de cooperar en su salvación, pues como pecadores se oponen activamente a Dios y a su acción salvadora. Los luteranos no niegan que una persona pueda rechazar la obra de la gracia. Al enfatizar que una persona solo puede recibir la justificación (meramente pasiva), pretenden excluir cualquier posibilidad de contribuir a su propia justificación, pero no niegan que los creyentes estén plenamente involucrados personalmente en su fe, la cual se efectúa mediante la Palabra de Dios. [Acuerdo Luterano-Católico, 25. cf. Fuentes para 4.1].

Concilio de Trento. Quienes reciben la justificación cooperan libremente en su propia justificación y no la reciben de forma puramente pasiva, como si fueran marionetas. 4, DS 1554). Es lo que plantea San Pablo cuando habla de completar la pasión de Cristo (Cfr. Col. 1,24). Lo mismo plantea San Pedro (Cfr. 1 Pedro 4,13). El luteranismo, parece no entender su propio fetiche de las Escrituras.

Acuerdo firmado:

24. Cuando los católicos enfatizan la renovación de la persona interior a través de la recepción de la gracia impartida como un don al creyente,[13] desean insistir en que la gracia perdonadora de Dios siempre conlleva el don de una nueva vida, que en el Espíritu Santo se hace efectiva en el amor activo. No niegan, por ello, que el don de la gracia de Dios en la justificación permanezca independiente de la cooperación humana. [cf. Fuentes para la sección 4.2].

Como se puede apreciar, el Acuerdo, queda  a mitad de camino.

2) ¿Es la justificación un decreto divino de perdón o de una renovación interior?

Luteranos. Una cosa es la justificación y otra la santificación. No existe unidad entre la primera y la segunda. Esto los lleva a poner el acento sobre el perdón. No niegan la renovación, pero la acción justificadora de Dios no depende de los efectos transformadores de su gracia.

Trento. Justificación y santificación son dos caras de la misma moneda. Es la misma acción divina con dos nombres distintos.

Declaración Conjunta de 1999. Busca arrimar posiciones y trata la justificación y la santificación como dos aspectos distintos pero inseparables de la acción salvadora de Dios.

Esta fórmula fue rechazada en Trento, pues la justificación queda en cierto modo, fuera del hombre.

3) ¿Nos convierte en pecadores la concupiscencia, incluso cuando no cedemos a ella?

La concupiscencia es un término teológico que designa los deseos desordenados y la debilidad espiritual que afligen nuestra naturaleza humana caída.

Luteranos. La persona justificada sigue siendo pecadora porque la concupiscencia no se elimina con el bautismo. O sea, siempre somos culpables ante Dios. Por ello tiene que venir la Gracia a cubrir como un vestido, la concupiscencia del hombre. Estamos en el fatal pesimismo luterano.

Trento: Condenó bajo anatema, la idea de que la concupiscencia sea pecado (DS 1515). La concupiscencia en sí misma no es pecado y la justificación elimina el pecado. Por consiguiente, la concupiscencia convive por la naturaleza dañada, pero la misma puede ser superada por una sinergia entre la Gracia y la voluntad humana y así alcanzar la naturaleza original del hombre. Es el camino de la santidad.

4) ¿Merecemos las recompensas celestiales que esperamos, o son exclusivamente dones inmerecidos que nos regala Dios?

Trento: Con la justificación, se puede merecer el aumento de gracia junto con la recompensa de la vida eterna.

Luteranos. Niegan rotundamente el concepto católico.

Declaración Conjunta busca el acuerdo con este malabarismo en los términos:

Cuando los católicos afirman el carácter meritorio de las buenas obras, desean decir que, según el testimonio bíblico, se promete una recompensa en el cielo por estas obras. Su intención es enfatizar la responsabilidad de las personas por sus acciones, no cuestionar el carácter de esas obras como dones, ni mucho menos negar que la justificación siempre sea un don inmerecido de la gracia. (Párr. 38)

5) ¿Se recibe la justificación solo por la fe o por la fe junto con la esperanza y la caridad, la cuales nos llevan a la comunión con Dios?

Luteranos. La fe es el medio por el cual somos revestidos de los méritos de Cristo, en quien creemos. Rechazan la justificación como renovación interior porque siempre es imperfecta. Es la visión pesimista y negativa sobre el hombre.

Los hechos

Los luteranos antes de firmar el acuerdo, consultaron con sus iglesias base. Los católicos no consultaron a nadie. Una actitud que se hará costumbre con el paso de los años. Si se hubiese consultado, y buenos teólogos había muchos, no se hubiera llegado a la firma. Quienes dialogaban con los luteranos, entre ellos Wálter Kasper, sabían esto. Esta era la forma como se movían.

Muchos se preguntan: ¿Cómo podría el Vaticano aceptar firmar un documento que se consideraba tan enclenque? El impacto de la Kritic no se hizo esperar y para aclarar u oscurecer las cosas, lanzaron un Anexo al Comunicado oficial común que pretendía ofrecer más aclaraciones.

***

La conclusión es simple. Se está ante dos teologías contradictorias. O se toma todo de una, o se tira todo. Es imposible un Acuerdo que medie entre ambas. Son dos lenguajes distintos que parten de visiones opuestas y que expresan ideas contrarias entre sí. Usando los términos del idealismo alemán, son dos Kulturen contradictorias.

Y parafraseando a Dante diríamos:

Lasciate ogni speranza o voi che dialogate.