Calesita

viernes, 10 de julio de 2026

¿Quién expulsó a quién?

 


Por Tony Velázquez Ruiz

    En el artículo anterior, el editor de este blog, hizo un relato recatado de la situación actual de la Iglesia. Perdonen, pero yo seré más crudo y realista. Dejo atrás las visiones místicas y me concentraré en la realidad cotidiana.

Como decía nuestro editor, la masonería es quien demuele la iglesia de occidente. No le falta razón y la comparto. La masonería tomó el control de ella con la famosa renuncia, sui generis, de Benedicto XVI. Paco I, era masón y preparó el terreno para los actos siguientes a su fatal muerte.

Ahora Prevost es nuestro Paco II, y sigue, a no dudarlo, los dictámenes de la masonería, pues es quien lo eligió.

Inevitable

La supuesta desvinculación de la organización lefebvrista del seno de la iglesia, era un episodio que a la corta o a la larga se debía producir inexorablemente. La iglesia vaticana y la iglesia lefebrvista son dos cosas esencialmente diversas y profundamente opuestas. Era absolutamente necesario un cisma, algo que el editor de este blog, se preocupó en explicitar como una realidad que se avecinaba a pasos agigantados.

La evolución histórica

Algunos comparan los sucesos actuales con el año 1988. Si bien existen situaciones que permanecen, muchos no se percatan que la realidad evolucionó desde entonces. En 1988 la masonería estaba infiltrada en el Vaticano, pero Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger no eran masones. Hoy, iglesia vaticana y masonería forman un todo compacto. Si se produjo un cisma en 1988, con mucho más razón debía producirse en 2026. Era la lógica.

La maniobra actual de Paco II, fue la misma que adoptaron en 1988: Esperar que se mueran todos los obispos lefebvrianos, para proceder a la destrucción total de la Fraternidad. Benedicto XVI corrigió este grave error levantando las excomuniones de la FSSPX. Esta fue una de las causas para que le hicieran la vida imposible, dentro y fuera del Vaticano. La diferencia es que en 1988, esta maniobra no se vio con claridad. Hoy no solo se ve en pleno, sino que recorrió todos los estamentos de la iglesia occidental. Estamos en un mundo muy distinto a 1988, cosa que Paco II no se percata, ni puede darse el lujo de reconocer.

No existe equidad

Las preguntas que un simple católico se hace, es ¿cómo no se excomulga a los obispos elegidos por el comunismo chino? Y todos vislumbran una total falta de equidad, con situaciones que parecen problemas de escritorio, más que reales. De este modo, el caso lefebvriano ya no es un caso aislado, sino aquel que recorre con una aceptación bastante creciente, todos los estamentos eclesiales.

Un personaje escapado del cómic

En una especie de cómic argentino, pululaba un personaje de historietas, vulgar, cómico y fanfarrón. Este personaje se escapó del cómic para aterrizar como cardenal custodio de la fe católica. Este personaje de historieta es, a no dudarlo, un Doctor de la iglesia. ¿Pero Doctor en qué? En la porno-mística. En más de 2000 años existía un vacío en este campo de la fe. El cardenal Tucho llenó por fin este lamentable vacío.

Mientras Prevost, quien se fue muy campante a pasar su ferragosto o vacaciones en Castel Gandolfo, tomando sol junto al lago Albano, el cardenal Tucho, nuestro Doctor porno-místico, hace el trabajo sucio. Es la política prevostiana:

―Que le peguen al punchim ball Tucho y no a mí― repite en silencio Prevost.

Le podrán pegar a mansalva, pero por más que se pavonee, en todos estos sucesos, el único que salió perdiendo, es Paco II.

Veamos otro de los motivos de su decadencia.

La actuación en el cisma de nuestro Doctor, es propia del cómic, del cual se escapó. Excomulgó toda la iglesia lefebvriana en masa. Los lefebvrianos no comulgan con su moral porno-mística, y esto, en el cómic, es imperdonable.

No deja de ser curiosa su actitud. Por un lado apoya la apocatástasis origenista, donde todo el mundo llega a la gloria de Dios, y por otro manda al infierno a toda una iglesia. Si es como el porno-místico dice, ¿qué sentido tienen las excomuniones? Peor aún, se esfuerza en hablar que la iglesia cambió de actitud, donde con otras palabras da a entender que ya no se requiere excomulgar. Todo un prodigio de racionalidad ultramoderna, vertida en profundos y misteriosos silogismos de la porno-mística.

¿A quién se excomulgó?

En Infovaticana, un canonista analiza meticulosamente su actuación, donde por un lado el porno cardenal emite un Decreto de Excomunión y por otro ofrece una Nota indicando que todos, todos, todos los lefebvrianos están en cisma. De este análisis muy bien hecho, el canonista saca estas conclusiones:

Primero: la única censura válidamente declarada es la de los seis obispos, mediante el Decreto.

Segundo: respecto del clero, la Nota carece de idoneidad formal para declarar penas, contradice la admonición en condicional del propio Decreto, y omite el juicio individual de imputabilidad exigido por los cann. 1321-1325 y 1720; las censuras, de existir, serían no declaradas y quedarían suspendidas ante la petición de sacramentos por los fieles (can. 1335 § 2).

Tercero: respecto de los laicos, la remisión a la Nota de 1996 —con su exigencia de doble elemento y juicio caso por caso— excluye por definición el automatismo.

Cuarto: la declaración de invalidez de confesiones y matrimonios pretende un efecto derogatorio de actos pontificios vigentes que una nota dicasterial sin aprobación en forma específica no puede producir (can. 21). Cabe añadir un indicio de la imprecisión técnica del conjunto: Mons. Fellay es censurado únicamente ex can. 1364 § 1, cuando el can. 1387 alcanza a quien consagra sin mandato, condición que concurre también en el co-consagrante.


En suma, la fórmula jurídica elegida por el prefecto —declarar por decreto a seis y por nota a todos los demás— deja sin efecto, en derecho, la excomunión de los sacerdotes y laicos de la Fraternidad: donde había forma penal no hay más que seis destinatarios, y donde se nombra a los demás no hay forma penal. Si la Santa Sede pretendía extender las consecuencias del cisma al conjunto de la Fraternidad, el derecho vigente le exigía otra vía: ley o precepto penal, decretos declaratorios individuales previo procedimiento del can. 1720, y revocación expresa, con aprobación pontificia en forma específica, de las concesiones de Misericordia et misera y de 2017. Por el momento, nada de ello se ha hecho.

Más claro, imposible.

¿Quién expulsó a quién?

Ahora nos vamos a otra pregunta de todo este entuerto. ¿Es la iglesia vaticana masónica la que excluyó la iglesia lefebvriana?, o ¿es la iglesia lefebvriana la que condenó a la masonería vaticana? Para ser excomulgado se necesita perder la fe. Por lo tanto, preguntamos, ¿quién perdió la fe, la iglesia masónica vaticana o la lefebvriana?

La ciencia-ficción religiosa

Existen algunos que hacen futurismo, es decir, trabajan con la ciencia-ficción religiosa. Como ven, no es mi género literario. Aquí se requiere ser realista sin ambages. ¿Cómo deducen estos futurólogos que la FSSPX perderá la fe con el tiempo? Hablan de un alejamiento de Pedro. ¿No me digan ahora que Prevost es Pedro y que Tucho es San Juan? Sus obras son su carta de presentación y de reconocimiento.

Tucho eterno

¡Y pensar que muchos pedían que Tucho se fuera del Vaticano! ¡Grave error! ¡Quédate Tucho! ¡Ni se te ocurra renunciar!

Porque,... qué útil es este inútil.






lunes, 6 de julio de 2026

Especialistas en destruir

 

No es fácil destruir. Para esto se requiere ciencia, técnica y sobre todo experiencia.

Para ilustrar este concepto me referiré a uno de los cuadros escénicos que pinta con sus palabras, la beata Catalina Emmerick. Digo cuadros, pues es lo que son sus visiones. Así los llamó por momentos ella misma. Pinta cuadros escénicos de todo tipo. No solo se destacan los reales donde interviene ella misma, sino aquellos que pueden encuadrarse dentro del género mitológico y alegórico. Siempre en todos transmite una ingenuidad espectacular. En la octava de navidad de 1819, relata a Clemens Brentano:

Vi a la Iglesia de San Pedro y a una gran multitud de hombres afanados en destruirla, mientras otros trabajaban en restaurarla. Los trabajadores estaban esparcidos por todo el mundo y me admiraba la conformidad de sus trabajos. Los obreros que trataban de destruir el templo, arrancaban pedazos del mismo; entre éstos distinguí a muchos herejes y apóstatas. Trabajaban de acuerdo a ciertas reglas los que llevaban mandiles blancos, con bolsillos, bordeados con bandas azules y llanas sujetas a la cintura. Estaban vestidos con toda clase de trajes; entre ellos había hombres altos y corpulentos, con uniformes y estrellas; pero éstos no trabajaban, sino que indicaban en los muros, con la llana, dónde y cómo habían de demoler. Vi con espanto que entre ellos había sacerdotes católicos. A veces, cuando no sabían cómo demoler, se acercaban a uno de los suyos, que tenía un gran libro, en el cual parece que estaba indicado cómo estaba hecho el edificio y la manera de derribarlo. Después señalaban con la llana una parte de él, para que fuera destruida, la cual, en efecto, se derrumbaba. Los que derribaban el edificio, obraban tranquila y seguramente, pero con timidez, secretamente, puestos como en acecho.

Vayamos a los simbolismos del cuadro:

1. El delantal blanco. Es el símbolo del constructor, pero irónicamente, como se da en otros símbolos, se usa para destruir. Lo llevan los destructores camuflados de constructores. Prevost, como Bergoglio, llevaban delantal blanco, lo que los hacía papas, aún sin serlos delante de Dios.

2. Unos destruyen y otros restauran. No existe construcción neta. Señala esto una época de profunda crisis. Es lo que estamos viviendo. Están los destructores que lo hacen para parecerse a los herejes protestantes, y están los restauradores que desean volver a la Tradición. Este fue el lema de San Pío X: Restaurar todo en Cristo. El lema adquiere un amplio significado, el cual no abarca solo la misma iglesia sino todo el cosmos.

3. Arrancar pedazos del templo. Afirma la mística que los obreros que trataban de destruir el templo, arrancaban pedazos del mismo. Es la acción propia de los herejes. Buscan simplificar la doctrina, tan simple que se rompe la estructura armónica del todo. Por otra parte, se arranca lo que no les conviene.

4. El mandil blanco bordeado de azul. La vestimenta indica jerarquía. El delantal señala al jefe, el mandil marca al subordinado. El color azul en los bordes, representa la masonería. Todo el cuadro se centra en símbolos masónicos.

5. La llana. Es lo que en Argentina llamamos “fratacho”. Otro símbolo masónico. Los destructores son los fieles a las logias. La llana representa el Tercer Grado de la logia. Es el Maestro Masón. Según ellos, el fratacho esparce el cemento del amor fraternal, la paz y tolerancia entre sus miembros.

6. Los hombres altos y corpulentos. Indican el poder que poseen dentro de la estructura social. Y añade que llevaban uniformes y estrellas. El que lleva uniforme es el militar, el que lleva estrellas pertenece a la nobleza o a la clase política. Estos personajes de poder no demuelen, sino que indicaban en los muros, con la llana, dónde y cómo habían de demoler. Muy acertada la observación. Indican dónde, no en cualquier lugar, e indican cómo, la forma como se debe hacer.

Doy dos breves ejemplos. La masonería dio la señal para quitar el latín de la liturgia. El masón Bugnini operó al respecto. Ahora dio la orden de introducir la sodomía en la moral de la Iglesia. Bergoglio y Prevost actúan según este dictado. Ahora vivimos con el fratacho de Prevost.

7. Sacerdotes que destruyen. Vi con espanto que entre ellos había sacerdotes católicos. ¡Pobre mística! Si ver esto la enfermaba; ver lo que sucede en estos momentos, la podría matar.

8. El libro. A veces, cuando no sabían cómo demoler, se acercaban a uno de los suyos, que tenía un gran libro, en el cual parece que estaba indicado cómo estaba hecho el edificio y la manera de derribarlo. Toda destrucción sigue un plan. El libro es la ciencia de la destrucción, que no todos conocen, ni siquiera los mismos masones. Tan solo los que poseen el grado 33.

9. Serenidad y secreto. Los que derribaban el edificio, obraban tranquila y seguramente, pero con timidez, secretamente, puestos como en acecho. Es la forma de actuar de las logias. No se descubren, pues si así lo hicieran, traerían tormentas sobre sus cabezas. Son conspiradores natos y el secreto les da seguridad.

***

Hoy esta masonería tomó la cima de la Iglesia, la cual sigue el método de destrucción planificado en las logias. Lo vemos a diario. Era una orden cantada de dicha masonería, excomulgar los tradicionalistas, uno de los pocos restauradores que quedaron.


lunes, 29 de junio de 2026

La utopía joaquinista

 

    En nuestra entrada anterior, presentamos una simple Kritic a la película de Jordan River. Ahora desarrollaremos muy brevemente las teorías imaginativas de Joaquín de Fiore.

El monje Joaquín introduce una novedad, ya sea esta de concepción como de método.

La concepción se origina en el milenarismo de su época, pues en sus días ya se habían contado los mil años de la era cristiana. Este paso del tiempo inquietaba los ánimos. El monje calabrés no pudo escapar de esta vivencia, de allí que su gran novedad, es el nuevo milenarismo que se aproxima, a tal punto, que ya lo veía ante sus puertas.

Su exégesis

Para adentrarse en el nuevo milenio, se hace necesario efectuar una exégesis que lo haga posible y aquí nace su otra novedad.

Hasta sus días, se daban en la exégesis de los textos sagrados, cuatro sentidos. Tomemos como ejemplo el milagro de las bodas de Caná (Juan 2,1-11). En este texto tenemos un primer sentido, que es el literal: seis tinajas de agua se transforman en vino. El segundo sentido es alegórico, las seis tinajas de agua representan la ley antigua de los hebreos. El vino, responde a la nueva ley de Jesucristo. El tercero es un sentido moral, donde la Virgen María intercede ante su Hijo y los sirvientes obedecen sirviendo agua al maestresala, y la misma se transforma en vino. Por último, en el cuarto hallamos un sentido místico, donde nos encontramos ya de hecho, en una Nueva Alianza entre Dios y el ser humano. Ya no son las bodas de Caná, sino las bodas místicas del Cordero con su Iglesia.

Frente a esto, Joaquín de Fiore instala un quinto sentido que de Lubac llama, el espiritual, el cual no es otra cosa que su intuición personal. Aquí está la ruptura de la tradición y la novedad joaquinista. Este nombre lo toma de Ricardo de San Víctor (1110-1173). Para Ricardo, el agua de las bodas de Caná, se refiere a la «letra» y el vino a la «inteligencia espiritual» (Miscellanea l, 82; PL 177, 517-518). Sin embargo esta inteligencia espiritual de Joaquín difiere con Ricardo, donde la intuición se hace inteligencia.

Para el monje calabrés, las edades de la historia salvífica son cinco. Esta división la toma de San Agustín. El obispo de Hipona ve en las tinajas de piedra el símbolo de las seis edades del mundo, ante las que la venida de Cristo inauguraría una nueva y definitiva.

Si aplicamos a Joaquín dicha alegoría, estaríamos tan solo con cinco tinajas:

Primera, la edad anterior a la ley, «ante legem».

Segunda, el pueblo hebreo bajo la ley, «sub lege».

Tercera, el nuevo pueblo bajo el evangelio, «sub evangelio» o más bien, «sub litterre evangelii».

Cuarta, el pueblo bajo la letra del Nuevo Testamento, «sub litterre novi Testamenti».

Por último, la humanidad en la Nueva Jerusalén, «in patria» o «in manifesta visione Dei».

Como vemos, el número de las tinajas del Evangelio no encaja con la división realizada por Joaquín de Fiore.

Sin embargo, para visualizar su intuición, las cinco tinajas se resumen en tres eras, edades, eones o Testamentos. Esto lo induce a pensar, que cada persona de La Trinidad, toma a su cargo una de ellas. En el Liber Figurarum, lo esquematiza con tres círculos.

El primero es de color verde y responde al Padre. Se inicia en la creación. El mismo se divide en dos. Antes de la ley y bajo la ley.

El segundo es de color azul, representa al Hijo que viene del cielo.

El Tercero es de color rojo, regido por el Espíritu Santo quien es Amor.

Los círculos se entrelazan entre sí y poseen una intersección, para indicar la unidad de naturaleza o esencia entre las tres Personas Trinitarias.

En 1215, el Cuarto Concilio de Letrán condenó la concepción trinitaria de Joaquín. La condena se basaba en un panfleto contra Pedro Lombardo. Se comprobó que este escrito es apócrifo. Joaquín de Fiore concebía la Trinidad como lo hizo la Tradición. Sus errores están en otra parte.

La novedad del monje calabrés se encuentra en el tercer estado. Éste se produce, pues toma a la letra el Apocalipsis, de modo que se transforma, al modo de ciertas corrientes protestantes de hoy, como una Historia de la Iglesia futura. Sin embargo, no se trata de historiografía ni de filosofía. Estamos ante una fanta-historia.

Esta fantasía histórica lo lleva a concebir el nuevo Testamento como una analogía del Antiguo. O sea que en el Antiguo Testamento no se ha realizado nada que no se tenga que realizar igualmente en el Nuevo. La deducción es simple. El Tercer Testamento, es una analogía de los otros dos y no se realizará nada que no haya sido ya realizado. En el tercer eón ya no habrá letra ni doctores. Solo existirá un Evangelio espiritual que se inscribiría en los corazones de los cristianos contemplativos. Por lo tanto, el clero dejaría de existir porque le daría paso al monacato. Estaríamos ante el «Evangelio eterno», del que habla el libro del Apocalipsis. (Ap 14,6).

Es cuando emerge "otra Iglesia" portadora del "Evangelio en espíritu". A la "Ecclesia clericorum" sucederá la "Ecclesia contemplantium". Para describir esta mutación, toma como analogía la barca de Pedro y la barca de Juan. Hoy la iglesia navega en las dos barcas, pero en el tercer estado, solo la Iglesia navegará solamente en la barca de Juan.

El evangelio del Espíritu no es un nuevo libro, que aporte una nueva letra, sino la inteligencia espiritual de los libros de los dos Testamentos. Es el nuevo cielo abierto del Apocalipsis. Esto hace que nos encontremos con una nueva "religión", libre y espiritual. De este modo todo el Evangelio tiende a convertirse en un proto-evangelio de transición entre un eón y otro.

Con este planteo, se debilita la Iglesia de Cristo para dar paso a la Iglesia del Espíritu. Ya no es que vivimos en un tiempo donde se lleva la doctrina de Jesucristo al mundo para ser bautizado, como lo plantea el final del Evangelio de San Mateo (Mat. 28,18-20), sino que esta etapa caduca ante su intuición. Para la Tradición, esta tercera etapa, tradicionalmente corresponde a la misión ante el mundo para que acepte la revelación. No es una tercera etapa para congeniar con herejes y judíos, como se practica en la actualidad. Una actualidad de una Jerarquía impregnada de un fuerte joaquinismo.

Otra vuelta de tuerca

Para redondear su intuición, inventa el principio de la concordia entre los dos Testamentos. Esta concordia termina por equiparar el Nuevo Testamento al viejo. No existe en el mismo, un salto profundo y cualitativo. El Nuevo Testamento pasaría a ser una letra concordante con la primera, por lo tanto, ambos terminan en la chatura literal. Esto parece concordar con aquellos que opinan que Joaquín poseía ascendencia judía.

La utopía joaquinista

La pregunta sobre el monje calabrés, como un intuitivo iluminado, es preguntarse ante qué nos encontramos. Esto no es Revelación, no es exégesis propiamente dicha, no es espiritualidad y en último caso aplicando recortes en su pensamiento, puede hasta no ser una herejía. A Joaquín no se lo condenó por hereje. Tan solo se condenaron sus opiniones, pues acarreaban una disolución eclesial. ¿Qué es entonces? Simplemente, una hermosa utopía, desencajada de toda Tradición sensata. Fuera de toda realidad circundante.

La era donde transcurrió su vida era dura y llena de problemas. Encontró refugio en el Apocalipsis que estimuló su imaginación desbordante. Su Tercera Edad o Testamento, no es la Jerusalén Celestial que se realiza en la Historia, sino una hermosa utopía irrealizable. Ya el mismo término lo dice todo. Utopía proviene de ου, es decir, no y τοπος o lugar. Es el No-Lugar del futuro. Para llegar a este No-Lugar debe forzar todos los textos sagrados y hacerles decir, lo que él quiere que digan. Este No-Lugar fue el faro de muchos que transitaron por la Historia. En nuestros días, es el No-Lugar del Vaticano II, con el desesperado llamado de Juan XXIII al Espíritu Santo, para que inaugure una Tercera Era, donde católicos, judíos y herejes se cubran bajo las alas del mismo Espíritu.