Hemos descripto a vuelo de pájaro, el fenómeno pentecostal sajón del KKK, unido al pentecostal negro. Sin embargo en la Historia de la Iglesia, esto no es nuevo. Siempre hubo pentecostales y desde su inicio. Y hoy develamos cómo surgió esta tendencia.
Montano (Μοντανος, siglo II d.C.) nació en la aldea de Ardaban, en la región de Frigia. Según W. M. Ramsay en Cities and Bishopries of Phrygia (Oxford 1897, p-573), la sitúa en la región de Misia, que está al sur y sureste de Filadelfia.
San Jerónimo afirma que fue sacerdote de la diosa Cibeles. Esto explicaría muchas de sus conductas posteriores. Se sabe que esta era una religión de misterios y sus sacerdotes o galos se autocastraban, en ceremonias sangrientas y orgiásticas, con frenesí y vestidos de mujer. Montano era uno de ellos.
¿Quién era Cibeles?
La diosa poseía el título de Magna Mater, diosa de la naturaleza, madre de los dioses y de los hombres. Para ponerla en nuestro contexto, era la Pachamama del hereje Bergoglio, a la que se le dio un culto desfachatado en el Vaticano, por una banda de sacerdotes y obispos homosexuales. Como se puede ver, la comparación entre los galos y los sacerdotes del culto a la Pachamama no es exacta, pues a éstos últimos les faltaba vestirse de mujer.
Montanus deja el culto de Cibeles y se hace cristiano y en el 156 ó 157. Al poco tiempo comienza a “hablar en lenguas”. Y pensar que no había recibido el “bautismo de fuego” dogmatizado por el sajón Parham.
Eusebio de Cesarea en el siglo IV redacta su Historia Eclesiástica, y sobre Montano recoge escritos y tradiciones sobre él. Así describe sus inicios:
Se dice que en la Misia de Frigia existe una aldea llamada Ardabán. Allí es, dicen, donde un recién convertido a la fe llamado Montano, por primera vez, en tiempos de Grato, procónsul de Asia, dando entrada en sí mismo al enemigo con la pasión desmedida de su alma ambiciosa de preeminencia, quedó a merced del espíritu y de repente entró en arrebato convulsivo como poseso y en falso éxtasis (παρέκστασις), y comenzó a hablar y a proferir palabras extrañas, profetizando desde aquel momento en contra de la costumbre recibida por la tradición y por sucesión desde la Iglesia primitiva. (HE V, 7)
¿Qué había sucedido?
Montanus inició su glosolalia, como lo hizo Agnes Ozman frente a Parham, quien daba fe que hablaba en chino. ¿Cuál fue la reacción de los presentes? Fue doble:
De los que en aquella ocasión escucharon estas bastardas expresiones, los unos, enojados con él por energúmeno, endemoniado, empapado en el espíritu del error y perturbador de las muchedumbres, lo reprendían y trataban de impedirle hablar, acordándose de la explicación y advertencia del Señor sobre estar en guardia y alerta con la aparición de los falsos profetas.(HE V, 8)
Los otros, en cambio, como excitados por un espíritu santo y un carisma profético, y no menos hinchados de orgullo y olvidadizos de la explicación del Señor, fascinados y extraviados por el espíritu insano, seductor y descarriador del pueblo, lo provocaban para que no permaneciese ya más en silencio. (Ib.)
Esto nos revela lo contagiosa que suele ser esta actitud y como abre la puerta a un éxito fácil y barato. Estamos en el Evangelio de Göethe donde “en el Principio era la Acción”. Y de la Acción, pasamos a la necesidad del Método.
Montano comienza a profetizar anunciando el Principio de una nueva era en la iglesia, o sea la "Era del Espíritu".
¡Atención pentecostales, curas carismáticos y mormones! Ya en el siglo II había comenzado este Tercer Testamento olfateado en la edad media por Joaquín de Fiore.
Al eunuco Montano se le unieron, como era de esperar, dos mujeres, Priscila y Maximila. A quienes nos vienen siguiendo, podríamos opinar que colocando esto en nuestro contexto, estamos ante Ellen White y Ann Lee. El demonio trabaja con pocas ideas, pero tiene infinitas variantes. Sí, estas eran las Evas de entonces:
"...hasta incluso levantó a otras mujeres más y las llenó del espíritu corrupto, de modo que también hablaban en delirio, fuera de tiempo, y de manera extraña" (Eusebio en su H.E. Libro V, cap. 16: 9).
No siempre el movimiento montanista fue expulsado de la Iglesia, dado las innumerables formas que adoptaba. No se basaba en el dogma, sino en la acción. De allí que por momentos, pasaba confundido con la ortodoxia.
Es lo que sucede ahora con el carismatismo dentro del catolicismo. No ataca los dogmas, sólo actúa, al son del evangelio de Göethe. Es una variante del pastoralismo modernista, si bien se hace eco de todo neomodernismo que asoma por el horizonte. Muy bien lo da a entender el Cardenal Suenens:
En realidad no se trata de un movimiento en el sentido sociológico habitual del término: no hay fundadores, ni líderes institucionales, es decir, reconocidos como tales por la Iglesia. No forma la Renovación un todo homogéneo, comporta múltiples variantes, no impone obligaciones precisas. (Malinas 6. La Renovación, una “Oportunidad que hay que aprovechar” )
Es el revival sajón. ¿Católico o semiprotestante? Algo que analizaremos en otra entrada.
Quienes lo conocieron de primera mano, se dieron cuenta que eran unos charlatanes, como Apolonio, cuyos escritos se han perdido. Solo nos queda lo que rescató Eusebio de Cesarea. Apolonio era obispo de Asia Menor. San Jerónimo da la siguiente descripción de este autor y de su obra:
Apolonio, hombre de muchísimo talento, escribió contra Montano, Prisca y Maximila una obra notable y extensa. En ella dice que Montano y sus insensatas profetisas murieron ahorcados, y muchas otras cosas, entre las cuales hay lo siguiente sobre Prisca y Maximila: «Si niegan que han recibido regalos, que confiesen que los que los reciben no son profetas, y yo produciré un millar de testigos que probarán que ellas recibieron, en efecto, donativos, porque es ciertamente por otros frutos que demuestran ser profetas los que lo son de verdad. Dime, ¿tiñe un profeta su cabello? ¿Mancha un profeta sus párpados con antimonio? ¿Se adorna un profeta con ricas vestiduras y piedras preciosas? ¿Juega un profeta a dados y a tablillas? ¿Acepta la usura? Que respondan ellas si estas cosas están permitidas o no, que mi tarea será demostrar que ellas las hacen» (De vir. ill. 40).
Y en otro pasaje de Eusebio:
...demostramos que los que entre ellos se llaman profetas y mártires toman su dinero, no solo de los ricos, sino incluso de los pobres, de los huérfanos, y de las viudas.
¿Se ahorcaron Montano y sus profetisas?
Eusebio quien recoge a Apolonio y otras tradiciones expuestas deja abierta una opinión distinta:
Sin embargo, oh bienaventurado (μακάριε), no habiéndolo visto nosotros, pensamos que nada sabemos de ello; porque quizás haya ocurrido así, pero también quizás no han muerto así ni Montano ni Teodoto ni la susodicha mujer. (HE V, 15)
Este movimiento, al que se le dio el nombre de Herejía Catafrigia, dio una pésima impresión entre los paganos. Celso, autor del libro El Discurso verdadero contra los Cristianos, escrito entre finales del s. II d. C. y principios del III d. C., confunde a los montanistas con la totalidad del cristianismo y se burla de esta manera:
“Esos predicadores de Fenicia y de Palestina son de diversas categorías. Muchos oscuros y sin nombre, sea a propósito de los que fuera, se ponen a gesticular como poseídos del ardor profético; otros adivinos ambulantes, recorren las ciudades y los campos, ofreciendo el mismo espectáculo. Nada les es más fácil de decir, y no dejan de hacerlo: "¡Yo soy Dios, soy Hijo de Dios, soy el Espíritu de Dios, vengo porque el mundo se va a acabar, y vosotros los hombres vais a perecer bajo el peso de vuestras iniquidades!. Entretanto quiero salvaros y me veréis armado de un poder celeste. ¡Bienaventurado entonces quien me haya reverenciado hoy! Enviaré a todos los demás al fuego eterno, a los de las ciudades y a los de los campos. Los que todavía no saben los suplicios que los aguardan, se arrepentirán entonces y han de gemir en vano, en cuanto que los que crean en mí los protegeré por toda la eternidad... A estas predicciones jactanciosas, mezclan palabras de posesos, confusas y absolutamente incomprensibles, a las que ningún sensato podría descubrir su significado, tan oscuras y vacías de sentido son, pero que permiten al primer imbécil impostor llegado apoderarse y apropiarse de las voluntades." (Celso; "El discurso verdadero contra los cristianos" pág. 98 Alianza Editorial; Madrid 1988).
La primera parte del texto de Celso, nos recuerda el awakening de fuego y sulfuro del calvinista Jonathan Edwards. La segunda parte nos pone a la vista, una escena de la Azusa Street.
El profetismo adventista
Los montanistas se fueron aislando paulatinamente, y muchos adoptaron los dogmas de los herejes, como los gnósticos y marcianos. El profetismo les hizo ser superiores a las mismas escrituras, algo que ya vimos cuando hablamos de la modernidad y cómo este espíritu se encarnó en Ellen White. De esta superioridad profética al rechazo de la autoridad eclesiástica, existe solo un paso que muchos dieron, aislándose en un adventismo, donde el fin del mundo era inminente. Esto los llevó a la exageración:
Apolonio, del siglo II, menciona algunos errores de Montano como son: "...enseñó la disolución de matrimonios, instituyó la ley de los ayunos, llamó con el nombre de Jerusalén a Pepuza y a Timio (dos poblados Frigios) (...) estableció recaudadores de dinero (...) estas primeras profetisas dejaron a sus maridos desde el mismo instante en que fueron llenas de aquel espíritu" (Apolonio, en boca de Eusebio, Op. citada Libro V, Cap. 18:2-3)
No hace falta hablar de William Miller y el gran chasco, ya Maximila predijo que el fin del mundo se daría después de su muerte. Fue cuando los catafrigios eligieron dos aldeas como eran Pepuza y Tymion en Frigia, pues allí estaría el descenso de la Jerusalén Celestial, marcando el final de los tiempos.
Maximila muere en el año 179. Al constatar la falsedad de la profecía, todo el fervor frenético de la expectación, se lo llevó el vendaval del gran chasco del siglo II.
Como sucede en la modernidad, el chasco no se lleva todo el adventismo inminente, algo siempre queda, de allí que el montanismo seguirá extendiéndose, sobre todo en el norte de África, como otra Azusa Street.
El adventismo los obligaba a volver a los rigores de los orígenes del cristianismo, y pensar que faltan varios siglos para que se presente Lutero con esta tesis básica de su pensamiento. Su futura figura será ocupada en dicho momento, nada menos que por Tertuliano, quien en sus últimos años cayó en esta secta. Ya lo vemos como se aproximaba a ella en sus escritos:
Práxeas fue el primero que trajo de Asia a Roma este género de perversidad herética. Era hombre de carácter inquieto, hinchado por el orgullo de haber sido confesor, sólo por algunos momentos de fastidio que padeció durante algunos días en la cárcel. En aquella ocasión, aun cuando «hubiese entregado su cuerpo al fuego, de nada le habría servido» (1 Cor. 13,3), porque no tenía caridad. Había resistido a los dones de Dios y los había destruido. El obispo de Roma había reconocido los dones proféticos de Montano, de Prisca y de Maximila. Con este reconocimiento había devuelto su paz a las iglesias de Asia y de Frigia, cuando Práxeas, urdiendo falsas acusaciones contra los mismos profetas y contra sus iglesias y recordándole la autoridad de los obispos que le habían precedido en la sede (de Roma), le obligó a revocar las cartas de paz que había expedido ya y le hizo renunciar a su propósito de reconocer los carismas. (Adversus Praxean, escrito por Tertuliano probablemente hacia el 213)
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―Historia magistra vitae est,1― dijo Cicerón en su De Oratore (II, 36). Por eso ante la pregunta, ¿qué debe enseñarnos la Historia?, respondemos:
La Historia es un espejo, donde vemos reflejada algunas de nuestras decisiones, no iguales, sino semejantes.
La Historia nos lleva a la Kritic. Esto hace que su análisis cuestione nuestra vida, y ese cuestionamiento nos obligue a no cometer los mismos errores del pasado. Sucede que la Historia, es un gigantesco discernimiento.
La Historia es una experiencia y nos obliga a no empezar de cero, como hacen los reformadores y los neomodernistas católicos.
No le podemos pedir una Kritic histórica a Seymour, un casi analfabeto. Tampoco se la podemos pedir a Ellen White ni a Joanna Southcott.
Tampoco se la podemos pedir a los que murieron, como Parham o el necio Bergoglio.
Sí, se la exigimos a los que conducen la reforma y a los prelados católicos. No se puede crear desde la ignorancia, sabiendo que quien actúa es Dios mismo, por medio de sus elegidos.
La reiteración de los errores del pasado, no es obra divina, sino otra variante de Lucifer, por medio de sus elegidos.
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1 La Historia es la maestra de la vida.


