Calesita

lunes, 26 de octubre de 2026

¿Así que los físicos cuánticos ahora son místicos?

 

    En la revista española Punto y coma N.º 9 de 1988, su Director, Isidro Juan PALACIOS, hace una reseña acerca del libro Cuestiones místicas de los físicos quánticos escrito por Ken Wilber.

Cuando nos adentramos en estos temas, se debe tomar en cuenta lo que ellos entienden por los nombres que exponen. Comencemos con el primero.

¿Qué se entiende por ciencia?

Es acaso un simple saber o es algo más riguroso y metódico.

La ciencia propiamente dicha parte de la observación, pasando a la experimentación para concluir en una ley matemática. Se basa en la inducción.

El saber filosófico, tambien llamado ciencia, posee un método opuesto. Parte de un principio general para concluir en uno particular. Estamos ante el método deductivo. Aquí no existen leyes matemáticas.

A partir del siglo XVII todo se hizo “ciencia”. Hasta la superstición se transformó en “ciencia oculta”. Ya no estamos ante una observación en una mesa de laboratorio donde se repite el fenómeno para dictar sus leyes. Ahora el vulgo científico esgrime el término como si fuese la Sabiduría misma de Salomón.

Existen fenómenos que los científicos no saben explicar, pues la ciencia experimental tiene patas cortas. Entonces ante un fenómeno donde es imposible dictar leyes, le dan un nombre y sobre ese nombre comienza la intuición, de la cual nace la hipótesis.

Si la inducción es ciencia matemática y la deducción es filosofía, ¿qué viene a ser la intuición? Tal vez, una simple charlatanería para cubrir el vacío del conocimiento. Así es como llegamos a la mística de los cuánticos, cuando en realidad, se la debería llamar, mitología científica.

Por lo tanto, de acuerdo con este enfoque tenemos tres métodos, inductivo científico, deductivo filosófico e intuición hipotética, como un modo de conocimiento primario.

La religión

De aquí se debe pasar al concepto de religión, y ¿qué entienden ciertos cuánticos por religión?

Es toda una curiosidad, cuando pasan a opinar sobre religión. Y no puede ser de otro modo. Pues las matemáticas o la mecánica, nada tiene que ver con lo religioso.

Para el autor que exponemos sobre su libro, se pueden dar dos concepciones:

1) Considerar la religión como una forma de fe, de valores o creencias personales perfectamente válidos, ajenos a toda crítica científica. Se trata entonces de dos campos igualmente legítimos pero diferentes, entre los cuales no pueden darse propiamente conflictos ni paralelismos (esta opinión, defendida primeramente por Kant y Lotze, cuenta hoy con muchos partidarios...

2) Considerar la religión como no científica en el sentido más puramente peyorativo, en cuanto reliquia supersticiosa del pensamiento mágico y primitivo (Comte), o como mecanismo de defensa frente a la culpa y la ansiedad (Freud), o como ideología obtusa consagradora de la alienación (Marx), o como proyección debilitadora nacida de las nostalgias interiores y humanistas de hombres y mujeres (Feuerbach), o como un asunto emocional puramente privado, en sí inocuo pero no merecedor del apelativo de «conocimiento» (Quine, Ayer y los positivistas en general).

Como se ve, no se considera la relación Dios-humanidad y su ligadura, o sea la “religio”, que muestra la actitud fundamental que los seres humanos deben asumir hacia Dios, su Creador y Redentor; sino como algo embutido en cierto idealismo kantiano y en las vanas visiones de los modernos.

La tentación de tomar la simple ciencia como “Ciencia” y hacer de ella una filosofía y lo peor de todo, una Religión es realmente enorme y de este modo se cae en las redes del demonio científico. Es así que llegamos al absurdo que el autor manifiesta:

Arthur Young piensa que el espíritu absoluto es el fotón. Pero aguarden: el físico francés Jean Charon acaba de demostrar en su libro The Unknown Spirit que el espíritu ¡es el electrón! (hablo en serio). Y mientras escribo esto, acaba de aparecer otro libro suyo, God and the New Physics… (329)

Ya no basta con la intuición que origina el mito de la hipótesis, ahora estamos en una relación, pues esto es religión.

Las dos físicas

Los modernos no pueden disimular, que en el campo de la ciencia matemática, existen dos clases de física. Una es la tradicional, o de Newton y otra la moderna:

Decía Schrödinger que el gran avance de los físicos modernos, los de las partículas atómicas y subatómicas, consistía en haberse dado cuenta de los límites de su ciencia, cosa sobre la que no deseaba recapitular la Física clásica. Creía, ésta que, en su exploración e introspección del mundo, podía llegar a conocer la realidad de las cosas y por ello a explicarlas. La verdad podia ser conocida por la Ciencia moderna. Ahora, los físicos de la teoría quántica y los de la teoría de la relatividad, dudan que tal afirmación pudiera ser sólida y auguran, precisamente, lo contrario.

Dice la revista que mencionamos al inicio exponiendo la presentación del libro:

Por primera vez se reúnen en un libro los escritos místicos de los científicos más eminentes de nuestra era, los padres fundadores de la Relatividad y de la Física Cuántica. Todos ellos, con un lenguaje asequible y ajeno a la terminología técnica, expresan su convicción de que la física y la mística, de alguna manera, son complementarias. Ciertamente, el autor de la compilación, Ken Wilber, nos previene contra la ya abusiva tendencia a ligar la suerte de la mística con el nuevo paradigma de la ciencia. Son cosas diferentes que, precisamente en tanto que diferentes, pueden convivir. Pero queda intacta una pregunta: ¿qué fue lo que llevó a científicos tan diversos a compartir una visión mística de la realidad?

Ken Wilber

El recopilador de los textos de Heisenberg, Schrödinger, Einstein, Jeans, Planck, Pauli, y Eddington, es Ken Wilber.

El mismo, es conocido en determinados círculos. Podemos hacer una pintura de él a grandes trazos, como un exponente de la neomodernidad yanqui. Su cabeza rapada nos indica que pasó por el budismo. Por lo tanto, todas sus conclusiones, por prudencia, deben tomarse con reserva.

En este libro se propone exponer la mística a la que llegaron ciertos físicos de la ciencia moderna, luego pasa a cuestionarla y por último a satirizarla.

Ciencia y religión en vías paralelas

Ken Wilber trata de disociar la conjunción entre ciencia y mística, y lo afirma de entrada:

Al preguntarle el arzobispo Davidson a Einstein qué efecto tenía sobre la religión la teoría de la relatividad, éste replicó: «Ninguno. La relatividad es una teoría científica, y no tiene nada que ver con la religión».

Si bien esto es lo más sensato, no todos están de acuerdo con esta conclusión, ya sean cuánticos o religiosos.

Se suele creer que la ciencia nada tiene que ver con la religión y la espiritualidad. Sin embargo, en el fuero íntimo no es así. El ser humano no es una máquina científica. El homo scientificus, es tan solo una parte de su frágil naturaleza y todo se derrumba cuando la ciencia no tiene respuestas para todo lo que se plantea en las otras esferas del hombre.

¿Qué entienden por mística?

Si el concepto de religión ya viene distorsionado, imaginemos lo que pueden decir de mística.

¿Qué se entiende por mística, tanto para los científicos como para el budista Ken Wilber?

Según él, la mística tenía su propio significado, basándose en algo que siempre escribe, o sea, la conciencia:

...en la conciencia mística se aprehende directa o inmediata mente la Realidad, es decir, sin ningún tipo de mediación, ni de elaboración simbólica, conceptualización o abstracción alguna El sujeto y el objeto se unifican en un acto fuera del espacio y del tiempo, que trasciende todas las formas posibles de mediación.

De acuerdo con el viejo budista, lo que sucede en la ciencia, es lo contrario de la mística, pues se une al objeto por medio de un símbolo, y esto hace que se caiga la mística:

...cuando el físico contempla la realidad cuántica o relativista, no contempla las «cosas en sí mismas», el noúmeno, la realidad directa, sin mediación alguna. Más bien, lo que el físico contempla no es otra cosa que una serie de ecuaciones diferenciadas sumamente abstractas, esto es, no la «realidad» en cuanto tal, sino los símbolos matemáticos de la realidad.

Eddington lo expresa de este modo:

Hemos tenido ocasión de aprender que la exploración del mundo exterior con los métodos de la ciencia física no nos lleva a encontrarnos con la realidad concreta, sino con un mundo de sombras y símbolos, por debajo de los cuales aquellos métodos no resultan ya adecuados para seguir penetrando. (19-20)

De este modo, pasamos a lo místico, no ya como una experiencia especial y profunda de conocimiento y unión con la realidad divina, libremente concedida por Dios; sino como una consecuencia catastrófica de la ignorancia que debe apelar a esto para cubrir sus limitaciones.

***

El libro de Ken Wilber se publicó en 1984, casi una década después del famoso Tao de la Física de Fritjof Capra, quien cree ver una especie de unidad entre la física y las doctrinas orientales. Es interesante que un viejo budista como Wilber desmienta como ridícula la tesis de Capra:

Repitamos con Bernstein: «Colgar una filosofía religiosa de la ciencia contemporánea es el camino más seguro para que quede obsoleta».

En nuestra próxima entrega, mostraremos el camino que estos cuánticos emprendieron para llegar a su supuesta “mística”.


lunes, 19 de octubre de 2026

Salían espíritus de los agujeros negros


La Neomoderna Divina Comedia - Canto XIV


Poi che la carità del natio loco

mi strinse, raunai le fronde sparte,

e rende’le a colui, ch’era già fioco.

lunes, 12 de octubre de 2026

Cuando el judío romántico compara su fe con el luterano

 


    El romanticismo no pasó desapercibido dentro del judaísmo alemán, y lo impregnó de lleno. Un ejemplo de este proceso fue el fervoroso sionista jasídico Buber.

Martin Buber (1878-1965)

Nació en Viena, y no escapó a los vientos de su época. Como tal vez podría pensar un seguidor de la filosofía de Romano Guardini, fue el contraste judío del tardío romanticismo alemán.

El caso del judío errante, es aquel que transita por esta historia aferrado a sus tradiciones, pero con el ropaje externo de la época. Es el típico caso del jasídico que se introduce por el este, se educa en los pueblos alemanes y sale por el oeste con saco y corbata, transformado en un occidental. En el caso de Buber, un occidental sin afeitarse.

No es de extrañarse. que Buber haya impartido clases en la Universidad de Göethe como en la de Jerusalén, donde fallece. Es el típico alemán que entre otras lenguas, habla yidis.

Como contracara de un protestantismo basado en una letra de libre interpretación, como corresponde a un auténtico romántico, Buber reacciona con toda lógica, acentuando el aspecto místico, algo que un buen luterano siempre arroja al basurero. Es el romanticismo de contraste.

Si el romanticismo hablaba del “Yo”, el Ich o el Yo-trascendental; Buber le agrega el “Tú”. Ahora tenemos el Ich-Du. Este dúo posee una relación. Ya no es El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich, ese solitario parado en la cima del monte contemplando la naturaleza a sus pies. Ahora son dos personas con una relación directa. ¿Pero qué hacemos con el mar de nubes y la naturaleza que asomaba bajo sus pies? Para el jasídico Buber será otra relación, la del "Yo-Ello" (Ich-Es). Esta relación es distinta a la anterior, puesto que es indirecta y objetiva. De este modo escribe en 1923 su “filosofía” en su libro Ich und Du (Yo y Tú), con una redacción más contemplativa que propiamente filosófica. Es la relación que lleva al diálogo, o sea un diá-logos. Por tanto la pintura que representa esta nueva fase del romanticismo, podría ser la de Dos hombres contemplando la Luna, que es la que encabeza este artículo. La misma es otra pintura de Friedich, donde un Ich toma del hombro a un Du y ambos observan el Es nocturno.

Entre el Ich y el Du, como el brazo de la pintura, se da un diálogo. Es lo esencial y auténtico en la comprensión mutua. A partir de aquí, se da el puntapié inicial a la filosofía del diálogo, die Dialogphilosophie.

Se suele creer que la discusión o confrontación es un diálogo, pero Buber no lo ve así, pues dice que es un...

... raro deporte de personas mas o menos dotadas intelectualmente, … (Diálogo. El silencio comunicativo)

Por lo tanto, este diálogo solo se puede dar en el encuentro.

¿Pero qué sucede cuando se enfrentan cristianismo y judaísmo? ¿Qué sucede aquí con el Ich-Du? ¿En qué termina el diálogo?

Al respecto, Buber nos dejó su posición en este supuesto diálogo, escrito en su libro: Dos modos de fe.

Con su mochila rebosante de cultura idealista, nuestro jasídico errante, analiza tanto la fe judía como la cristiana.

¿Pero qué cristianismo analiza?

El que conocía muy bien, era el luteranismo, y el hecho que se ponga a cuestionar nada menos que la fe, es un síntoma luterano, dado que muchas aristas sobre este tema se pueden contemplar y sobre todo debatir.

Muchos lo han hecho, y San Pablo fue el primero. Un San Pablo al que Buber cuestiona a fondo. No es un dato menor, San Pablo provenía del fariseísmo de Gamaliel, mientras Buber nace de esa ideología jasídica construida en los siglos, pero inmerso de lleno en las categorías del idealismo alemán.

La emuná

Este término tomado del hebreo, ha dado origen al “Amén” como se da en la conclusión de las oraciones católicas. Conlleva un significado de fidelidad y confianza absoluta. Así Buber califica la fe judía. Toma este concepto, del judaísmo tardío y lo contrapone con la fe paulina, bebida del luteranismo.

La pistis

Por su parte, el término pistis, es de origen griego, πιστις, y para Buber es la fe cristiana, la cual no se corresponde con la emuná.

Es difícil no observar la influencia que el idealismo alemán sostuvo hacia la Grecia clásica, desvirtuando toda posible vinculación con la Nueva Troya, o sea, la Roma eterna. No se puede olvidar que el luteranismo se veía a sí mismo como la superación del catolicismo, y Buber recibe todo este bagaje en su mochila.

Dos formas de fe incompatibles

Si para San Pablo los dos conceptos de fe llegarían a la unidad en un momento dado ( καιρος ). Para Buber nunca podrían encontrarse, pues eran incompatibles. En otras palabras, nada de encuentro, nada de diálogo. Algo realmente lógico en un judío que de ningún modo piensa abdicar de su fe. Buber no arremete contra Jesús, quien era judío y según su visión, seguidor de la emuná. Buber va contra un Pablo helenizado, quien tradujo la Torá por una simple ley, y para colmo, imposible de cumplir. Mientras que para Buber, la Torá es una pedagogía que lleva a transformar el mundo.

Quien dentro del catolicismo desmenuzó a Buber, fue H. U. von Balthasar, quien le indica a Buber, que este planteo de la emuná, lleva la fe judía hacia el ideal de Prometeo.

Las dos visiones de fe

Aquí radica, según mi criterio, la enorme diferencia entre judaísmo y catolicismo, y no digo luteranismo. Mientras el judío mira el imperio de la tierra, el católico mira el reino celestial. En esto, le doy la razón a Buber. Mientras la emuná me lleva al profetismo, la fe no entendida al modo luterano, me lleva a ver el antiguo profetismo casi concluido, pues el Mesías ya vino y solo falta la consumación del χρονος o sea, el tiempo terrenal. La pistis esgrimida como algo intelectual por Buber, es el sello que le imprimió ese luteranismo en total decadencia, pues carece de obras, y es la causa que destruya todo lo que toca.

La crítica desde el judaísmo

Como era de suponer, no todos los judíos están de acuerdo con la visión de la fe que explaya Buber. Uno de ellos, Jakob Taubes (1923-1987), aclara muy bien sus ideas en una serie de conferencias que dieron en su nombre, pues ya estaba muy enfermo. Para él la emuná es un concepto tardío.

¿Pero cuál es la causa para colocarlo en el centro de la escena?

La respuesta la encuentra en la influencia protestante sobre él. Para Taubes, la lógica de Pablo es otra, es la mesiánica que concentra la fe en una persona. La persona es Jesús. Una lógica esencialmente judía. Por lo tanto con su llegada, lo salvífico ya no está en la Torá, sino en el Mesías. Esto marca la diferencia entre judaísmo y cristianismo. Por lo tanto, se debe dar una elección: seguir la Torá o seguir a Jesús.

El problema de la modernidad

Mientras Werner Keller titula el Capítulo III de su Historia del Pueblo Judío (II): “El infierno de la Edad Media”, y no ve la hora de llegar a la modernidad. ¿Pero qué sucede cuando se llega a ella?

El mundo moderno fue cuestionado, tanto por Buber cuanto por Taubes.

Lo moderno erosionó absolutamente todo, desde el luteranismo al catolicismo. Desde el judaísmo al protestantismo. Y dentro de la Nueva Troya, desde lo tradicional, a las payasadas del porteño Bergoglio, quien para colmo, afirmaba muy orondo, ser judío porque se le daba en recitar algunos salmos.

***

Para la unión de las dos formas de fe, se debe tomar en cuenta, que un cristianismo sin la Antigua Alianza se convierte en gnosis o en marcionismo. Un ejemplo concreto lo tenemos en el nazismo de triste memoria. Una Antigua Alianza sin la Nueva, lleva al prometeísmo o a un tipo de Cábala, que pasando por la gnosis mística, puede llevar hasta el mismo ateísmo.