En la revista española Punto y coma N.º 9 de 1988, su Director, Isidro Juan PALACIOS, hace una reseña acerca del libro Cuestiones místicas de los físicos quánticos escrito por Ken Wilber.
Cuando nos adentramos en estos temas, se debe tomar en cuenta lo que ellos entienden por los nombres que exponen. Comencemos con el primero.
¿Qué se entiende por ciencia?
Es acaso un simple saber o es algo más riguroso y metódico.
La ciencia propiamente dicha parte de la observación, pasando a la experimentación para concluir en una ley matemática. Se basa en la inducción.
El saber filosófico, tambien llamado ciencia, posee un método opuesto. Parte de un principio general para concluir en uno particular. Estamos ante el método deductivo. Aquí no existen leyes matemáticas.
A partir del siglo XVII todo se hizo “ciencia”. Hasta la superstición se transformó en “ciencia oculta”. Ya no estamos ante una observación en una mesa de laboratorio donde se repite el fenómeno para dictar sus leyes. Ahora el vulgo científico esgrime el término como si fuese la Sabiduría misma de Salomón.
Existen fenómenos que los científicos no saben explicar, pues la ciencia experimental tiene patas cortas. Entonces ante un fenómeno donde es imposible dictar leyes, le dan un nombre y sobre ese nombre comienza la intuición, de la cual nace la hipótesis.
Si la inducción es ciencia matemática y la deducción es filosofía, ¿qué viene a ser la intuición? Tal vez, una simple charlatanería para cubrir el vacío del conocimiento. Así es como llegamos a la mística de los cuánticos, cuando en realidad, se la debería llamar, mitología científica.
Por lo tanto, de acuerdo con este enfoque tenemos tres métodos, inductivo científico, deductivo filosófico e intuición hipotética, como un modo de conocimiento primario.
La religión
De aquí se debe pasar al concepto de religión, y ¿qué entienden ciertos cuánticos por religión?
Es toda una curiosidad, cuando pasan a opinar sobre religión. Y no puede ser de otro modo. Pues las matemáticas o la mecánica, nada tiene que ver con lo religioso.
Para el autor que exponemos sobre su libro, se pueden dar dos concepciones:
1) Considerar la religión como una forma de fe, de valores o creencias personales perfectamente válidos, ajenos a toda crítica científica. Se trata entonces de dos campos igualmente legítimos pero diferentes, entre los cuales no pueden darse propiamente conflictos ni paralelismos (esta opinión, defendida primeramente por Kant y Lotze, cuenta hoy con muchos partidarios...
2) Considerar la religión como no científica en el sentido más puramente peyorativo, en cuanto reliquia supersticiosa del pensamiento mágico y primitivo (Comte), o como mecanismo de defensa frente a la culpa y la ansiedad (Freud), o como ideología obtusa consagradora de la alienación (Marx), o como proyección debilitadora nacida de las nostalgias interiores y humanistas de hombres y mujeres (Feuerbach), o como un asunto emocional puramente privado, en sí inocuo pero no merecedor del apelativo de «conocimiento» (Quine, Ayer y los positivistas en general).
Como se ve, no se considera la relación Dios-humanidad y su ligadura, o sea la “religio”, que muestra la actitud fundamental que los seres humanos deben asumir hacia Dios, su Creador y Redentor; sino como algo embutido en cierto idealismo kantiano y en las vanas visiones de los modernos.
La tentación de tomar la simple ciencia como “Ciencia” y hacer de ella una filosofía y lo peor de todo, una Religión es realmente enorme y de este modo se cae en las redes del demonio científico. Es así que llegamos al absurdo que el autor manifiesta:
Arthur Young piensa que el espíritu absoluto es el fotón. Pero aguarden: el físico francés Jean Charon acaba de demostrar en su libro The Unknown Spirit que el espíritu ¡es el electrón! (hablo en serio). Y mientras escribo esto, acaba de aparecer otro libro suyo, God and the New Physics… (329)
Ya no basta con la intuición que origina el mito de la hipótesis, ahora estamos en una relación, pues esto es religión.
Las dos físicas
Los modernos no pueden disimular, que en el campo de la ciencia matemática, existen dos clases de física. Una es la tradicional, o de Newton y otra la moderna:
Decía Schrödinger que el gran avance de los físicos modernos, los de las partículas atómicas y subatómicas, consistía en haberse dado cuenta de los límites de su ciencia, cosa sobre la que no deseaba recapitular la Física clásica. Creía, ésta que, en su exploración e introspección del mundo, podía llegar a conocer la realidad de las cosas y por ello a explicarlas. La verdad podia ser conocida por la Ciencia moderna. Ahora, los físicos de la teoría quántica y los de la teoría de la relatividad, dudan que tal afirmación pudiera ser sólida y auguran, precisamente, lo contrario.
Dice la revista que mencionamos al inicio exponiendo la presentación del libro:
Por primera vez se reúnen en un libro los escritos místicos de los científicos más eminentes de nuestra era, los padres fundadores de la Relatividad y de la Física Cuántica. Todos ellos, con un lenguaje asequible y ajeno a la terminología técnica, expresan su convicción de que la física y la mística, de alguna manera, son complementarias. Ciertamente, el autor de la compilación, Ken Wilber, nos previene contra la ya abusiva tendencia a ligar la suerte de la mística con el nuevo paradigma de la ciencia. Son cosas diferentes que, precisamente en tanto que diferentes, pueden convivir. Pero queda intacta una pregunta: ¿qué fue lo que llevó a científicos tan diversos a compartir una visión mística de la realidad?
Ken Wilber
El recopilador de los textos de Heisenberg, Schrödinger, Einstein, Jeans, Planck, Pauli, y Eddington, es Ken Wilber.
El mismo, es conocido en determinados círculos. Podemos hacer una pintura de él a grandes trazos, como un exponente de la neomodernidad yanqui. Su cabeza rapada nos indica que pasó por el budismo. Por lo tanto, todas sus conclusiones, por prudencia, deben tomarse con reserva.
En este libro se propone exponer la mística a la que llegaron ciertos físicos de la ciencia moderna, luego pasa a cuestionarla y por último a satirizarla.
Ciencia y religión en vías paralelas
Ken Wilber trata de disociar la conjunción entre ciencia y mística, y lo afirma de entrada:
Al preguntarle el arzobispo Davidson a Einstein qué efecto tenía sobre la religión la teoría de la relatividad, éste replicó: «Ninguno. La relatividad es una teoría científica, y no tiene nada que ver con la religión».
Si bien esto es lo más sensato, no todos están de acuerdo con esta conclusión, ya sean cuánticos o religiosos.
Se suele creer que la ciencia nada tiene que ver con la religión y la espiritualidad. Sin embargo, en el fuero íntimo no es así. El ser humano no es una máquina científica. El homo scientificus, es tan solo una parte de su frágil naturaleza y todo se derrumba cuando la ciencia no tiene respuestas para todo lo que se plantea en las otras esferas del hombre.
¿Qué entienden por mística?
Si el concepto de religión ya viene distorsionado, imaginemos lo que pueden decir de mística.
¿Qué se entiende por mística, tanto para los científicos como para el budista Ken Wilber?
Según él, la mística tenía su propio significado, basándose en algo que siempre escribe, o sea, la conciencia:
...en la conciencia mística se aprehende directa o inmediata mente la Realidad, es decir, sin ningún tipo de mediación, ni de elaboración simbólica, conceptualización o abstracción alguna El sujeto y el objeto se unifican en un acto fuera del espacio y del tiempo, que trasciende todas las formas posibles de mediación.
De acuerdo con el viejo budista, lo que sucede en la ciencia, es lo contrario de la mística, pues se une al objeto por medio de un símbolo, y esto hace que se caiga la mística:
...cuando el físico contempla la realidad cuántica o relativista, no contempla las «cosas en sí mismas», el noúmeno, la realidad directa, sin mediación alguna. Más bien, lo que el físico contempla no es otra cosa que una serie de ecuaciones diferenciadas sumamente abstractas, esto es, no la «realidad» en cuanto tal, sino los símbolos matemáticos de la realidad.
Eddington lo expresa de este modo:
Hemos tenido ocasión de aprender que la exploración del mundo exterior con los métodos de la ciencia física no nos lleva a encontrarnos con la realidad concreta, sino con un mundo de sombras y símbolos, por debajo de los cuales aquellos métodos no resultan ya adecuados para seguir penetrando. (19-20)
De este modo, pasamos a lo místico, no ya como una experiencia especial y profunda de conocimiento y unión con la realidad divina, libremente concedida por Dios; sino como una consecuencia catastrófica de la ignorancia que debe apelar a esto para cubrir sus limitaciones.
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El libro de Ken Wilber se publicó en 1984, casi una década después del famoso Tao de la Física de Fritjof Capra, quien cree ver una especie de unidad entre la física y las doctrinas orientales. Es interesante que un viejo budista como Wilber desmienta como ridícula la tesis de Capra:
Repitamos con Bernstein: «Colgar una filosofía religiosa de la ciencia contemporánea es el camino más seguro para que quede obsoleta».
En nuestra próxima entrega, mostraremos el camino que estos cuánticos emprendieron para llegar a su supuesta “mística”.


