No es fácil destruir. Para esto se requiere ciencia, técnica y sobre todo experiencia.
Para ilustrar este concepto me referiré a uno de los cuadros escénicos que pinta con sus palabras, la beata Catalina Emmerick. Digo cuadros, pues es lo que son sus visiones. Así los llamó por momentos ella misma. Pinta cuadros escénicos de todo tipo. No solo se destacan los reales donde interviene ella misma, sino aquellos que pueden encuadrarse dentro del género mitológico y alegórico. Siempre en todos transmite una ingenuidad espectacular. En la octava de navidad de 1819, relata a Clemens Brentano:
Vi a la Iglesia de San Pedro y a una gran multitud de hombres afanados en destruirla, mientras otros trabajaban en restaurarla. Los trabajadores estaban esparcidos por todo el mundo y me admiraba la conformidad de sus trabajos. Los obreros que trataban de destruir el templo, arrancaban pedazos del mismo; entre éstos distinguí a muchos herejes y apóstatas. Trabajaban de acuerdo a ciertas reglas los que llevaban mandiles blancos, con bolsillos, bordeados con bandas azules y llanas sujetas a la cintura. Estaban vestidos con toda clase de trajes; entre ellos había hombres altos y corpulentos, con uniformes y estrellas; pero éstos no trabajaban, sino que indicaban en los muros, con la llana, dónde y cómo habían de demoler. Vi con espanto que entre ellos había sacerdotes católicos. A veces, cuando no sabían cómo demoler, se acercaban a uno de los suyos, que tenía un gran libro, en el cual parece que estaba indicado cómo estaba hecho el edificio y la manera de derribarlo. Después señalaban con la llana una parte de él, para que fuera destruida, la cual, en efecto, se derrumbaba. Los que derribaban el edificio, obraban tranquila y seguramente, pero con timidez, secretamente, puestos como en acecho.
Vayamos a los simbolismos del cuadro:
1. El delantal blanco. Es el símbolo del constructor, pero irónicamente, como se da en otros símbolos, se usa para destruir. Lo llevan los destructores camuflados de constructores. Prevost, como Bergoglio, llevaban delantal blanco, lo que los hacía papas, aún sin serlos delante de Dios.
2. Unos destruyen y otros restauran. No existe construcción neta. Señala esto una época de profunda crisis. Es lo que estamos viviendo. Están los destructores que lo hacen para parecerse a los herejes protestantes, y están los restauradores que desean volver a la Tradición. Este fue el lema de San Pío X: Restaurar todo en Cristo. El lema adquiere un amplio significado, el cual no abarca solo la misma iglesia sino todo el cosmos.
3. Arrancar pedazos del templo. Afirma la mística que los obreros que trataban de destruir el templo, arrancaban pedazos del mismo. Es la acción propia de los herejes. Buscan simplificar la doctrina, tan simple que se rompe la estructura armónica del todo. Por otra parte, se arranca lo que no les conviene.
4. El mandil blanco bordeado de azul. La vestimenta indica jerarquía. El delantal señala al jefe, el mandil marca al subordinado. El color azul en los bordes, representa la masonería. Todo el cuadro se centra en símbolos masónicos.
5. La llana. Es lo que en Argentina llamamos “fratacho”. Otro símbolo masónico. Los destructores son los fieles a las logias. La llana representa el Tercer Grado de la logia. Es el Maestro Masón. Según ellos, el fratacho esparce el cemento del amor fraternal, la paz y tolerancia entre sus miembros.
6. Los hombres altos y corpulentos. Indican el poder que poseen dentro de la estructura social. Y añade que llevaban uniformes y estrellas. El que lleva uniforme es el militar, el que lleva estrellas pertenece a la nobleza o a la clase política. Estos personajes de poder no demuelen, sino que indicaban en los muros, con la llana, dónde y cómo habían de demoler. Muy acertada la observación. Indican dónde, no en cualquier lugar, e indican cómo, la forma como se debe hacer.
Doy dos breves ejemplos. La masonería dio la señal para quitar el latín de la liturgia. El masón Bugnini operó al respecto. Ahora dio la orden de introducir la sodomía en la moral de la Iglesia. Bergoglio y Prevost actúan según este dictado. Ahora vivimos con el fratacho de Prevost.
7. Sacerdotes que destruyen. Vi con espanto que entre ellos había sacerdotes católicos. ¡Pobre mística! Si ver esto la enfermaba; ver lo que sucede en estos momentos, la podría matar.
8. El libro. A veces, cuando no sabían cómo demoler, se acercaban a uno de los suyos, que tenía un gran libro, en el cual parece que estaba indicado cómo estaba hecho el edificio y la manera de derribarlo. Toda destrucción sigue un plan. El libro es la ciencia de la destrucción, que no todos conocen, ni siquiera los mismos masones. Tan solo los que poseen el grado 33.
9. Serenidad y secreto. Los que derribaban el edificio, obraban tranquila y seguramente, pero con timidez, secretamente, puestos como en acecho. Es la forma de actuar de las logias. No se descubren, pues si así lo hicieran, traerían tormentas sobre sus cabezas. Son conspiradores natos y el secreto les da seguridad.
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Hoy esta masonería tomó la cima de la Iglesia, la cual sigue el método de destrucción planificado en las logias. Lo vemos a diario. Era una orden cantada de dicha masonería, excomulgar los tradicionalistas, uno de los pocos restauradores que quedaron.

