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lunes, 8 de julio de 2024

Firma en apoyo a Monseñor Viganó

 


Tomado de Religión La Voz Libre

LifeSiteNews ha lanzado una petición para rezar por el Arzobispo Carlo Maria Viganò tras el anuncio del Dicasterio Vaticano para la Doctrina de la Fe declarando que Su Excelencia es culpable de 'cisma' y ha sido automáticamente excomulgado.

La petición apoya al arzobispo Viganò y sus numerosas "valientes declaraciones públicas", al tiempo que señalaba que ha habido un "flagrante doble rasero" del Vaticano hacia él con este decreto injusto en comparación con clérigos verdaderamente disidentes y laicos prominentes de todo el mundo. 
"El anuncio del Dicasterio se produce mientras el sacerdote esloveno caído en desgracia Marko Rupnik sigue en buena relación con el Vaticano", reza la petición. "Rupnik fue expulsado de los jesuitas en 2023 y ha sido ampliamente acusado de abusar sexual y espiritualmente de numerosas personas, tanto monjas como hombres. Según el testimonio de una de sus presuntas víctimas, en la década de 1990 abusó de al menos 21 de los 40 miembros del Centro Aletti al que pertenece, y en el que sigue residiendo asombrosamente en Roma." 
Mientras Rupnik fue automáticamente excomulgado por el Vaticano en 2020 después de que el DDF dictaminara por unanimidad que era culpable de absolver a uno de sus cómplices sexuales, esa pena fue rápidamente revocada, lo que provocó que especulación sobre si el Papa Francisco personalmente intervino sobre el asunto.
La petición también recuerda que sacerdotes y obispos prominentes, así como cardenales y figuras públicas, gozan de amplia libertad para promover enseñanzas heréticas. También observa que el propio Francisco les da su apoyo implícito y explícito para hacerlo.  
El famoso cardenal argentino pro-LGBT Víctor "Tucho" Fernández, por ejemplo, dirige el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Fernández es el autor intelectual de Fiducia Supplicans, un documento que aprueba las bendiciones para "parejas" homosexuales. También atacó la antigua enseñanza de la Iglesia de que la atracción hacia el mismo sexo es "intrínsecamente desordenada". En 1995, Fernández publicó un libro erótico en el beso titulado Cúrame con tu boca. 
Entre los católicos estadounidenses que todavía están en "buena posición" con el Vaticano se encuentran el presidente de EE.UU. pro-aborto Joe Biden, la ex presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, y el jesuita pro-LGBT P. James Martin. Martin anima repetidamente a las personas que tienen tendencias homosexuales y de confusión de género a llevar a cabo sus impulsos pecaminosos. 
La petición de LifeSite señala además que el cardenal luxemburgués Jean-Claude Hollerich, que es un confidente cercano de Francisco, ha hecho un llamamiento similar a la ordenación de mujeres y hombres casados al sagrado sacerdocio. El cardenal alemán Reinhard Marx, que impulsa la herética "vía sinodal alemana", tampoco ha sido excomulgado. Él celebró una misa para la "Munich Queer Community" en 2022 y ha expresado apoyo a la ordenación sacerdotal de hombres homosexuales. 
Obispo Athanasius Schneider dijo la semana pasada que para que el Papa Francisco excomulgue al arzobispo Viganò sólo "aumentaría las divisiones" en la Iglesia. "Creo que el Papa sería sabio y prudente si no excomulgara al arzobispo Viganò", Su Excelencia comentó. "Creo que hoy la Iglesia tiene tanta división interna que sería imprudente, aunque haya alguna base canónica, juzgar al arzobispo Viganò". 
El arzobispo Viganó expresado su opinión de que ser "excomulgado" de la "Iglesia conciliar" sería un gran "honor", haciendo referencia al hecho de que el arzobispo francés Marcel Lefebvre (1905-1991), fundador de la Sociedad de San Pío X, corrió la misma suerte en 1988. 
La petición de LifeSite da las gracias al Arzobispo Viganò por sus numerosas "valientes declaraciones públicas". También reza por él y para que "la crisis en la Iglesia" llegue a un rápido final. "Tenga la seguridad de que rezamos por usted y por los dirigentes del Vaticano, para que vuelvan a la fe que la Iglesia siempre ha defendido", se lee. 

Para firmar, dirigirse a ...

https://lifepetitions.com/petition/vigano

jueves, 8 de diciembre de 2022

La Tercera Huida

por Santiago Grasso

Acabo de sentarme en el sitio web donde te esperan con una botella.

Lamento, pero no tomo fuera de las comidas y mucho menos sobre el tema que el anónimo intenta tratar, so pena de decir sandeces azuzadas por las copas.

Su opinión del día 30 de noviembre pasado, pues no es otra cosa que esto, una opinión: es parcial y vista desde un solo ángulo. El ángulo del que estuvo afuera. Yo lo haré desde el ángulo, del que estuvo adentro. El opinante se inicia en la década del 70, yo lo haré desde las décadas 50 y 60.

Hablaré de realidades, y esta vividas en carne y sangre. Que el lector me ponga el epíteto que quiera...

Quienes sufrimos el cambio del Vaticano II, el primer golpe fue la incomprensión de lo que sucedía. Se nos mandó hacer un cambio. Este se hizo efectivo en 1965. Pensábamos que otro debería haber sido, pero no pudimos elegir, solo vimos el que se ordenó hacer. No supimos para qué se hacía, ni hacia donde apuntaba. Era algo con muy poco sentido y ajeno a toda teología. Solo hoy podemos reconocer su trayectoria errónea. De allí que el primer choque fue la incomprensión. Yo era un estudiante de filosofía, mal podía elegir. Por otro lado, el cambio no era motivo suficiente para perder la confianza en quienes lo ordenaban.

La primera ignorancia

Se decía que era el inicio de los cambios. Ninguno sabía cuál sería el término, ni Paulo VI lo conocía. No éramos neocones ni papólatras como alguien nos puede endilgar, éramos ignorantes.

De esta primera ignorancia, nace la primera oscuridad y de esta primera oscuridad nace la primera fuga.

La firma del “tratado de paz”.

Dos fueron los móviles del Concilio: uno el tan pretendido “aggiornamento”, pues por lo visto hacíamos las cosas muy mal, y el segundo fue el ecumenismo. De los dos, este segundo es el más grave. Con el ecumenismo ingresábamos a la “Era de la Neutralidad”, muy bien planteada por Carl Schmitt. Con esta firma del tratado de paz, se daba fin a la guerra teológica, se establecían alianzas con las sectas y se pasaba a militar en una relatividad que era el ocaso del catolicismo.

Se había profetizado en los 50 que en el año 1960 se iniciaban los “días de tinieblas”. Yo escuché esto al pasar, de labios de mis profesores, pero nunca supe el origen de la misma. La estructura eclesial era altamente racionalista, como la mayoría de los traddies actuales. Lo que no entraba por la razón, no entraba en absoluto y era objeto de mofa.

Nuestros traddies actuales, hacen mucho hincapié en los cambios, pero lo más grave, fue esta era ecuménica o era de neutralidad.

La primera huida

Hasta la llegada de Juan Pablo II, se comenzaron a despoblar las filas de los seminarios y de la estructura eclesial. Si se cambia algo, es porque lo que se hace, se hace mal. El cambio debilitó la estructura, y muchos se plantearon una vida más radical que la que se llevaba. La estructura eclesial de los años 60, era mediocre, sin contar con los sacerdotes amancebados y los pederastas, que siendo escasos, pesaban en nuestras relaciones. Nosotros dejábamos familia, y mundo, pero ¿para qué? Pues lo que se hace está mal hecho.

De allí la fuga, o lo que llamo, la primera huida. En esta fuga de la estructura eclesial, hallamos sacerdotes que “colgaron todo” incluso la moral. De esta huida no se salva nadie, incluso alcanzó obispos. Fue para muchos una fuga vergonzosa. Había llegado la “era de la neutralidad” en la Iglesia. En el peor de los casos, ya no teníamos enemigo contra el cual combatir. El demonio no existía y si existía era algo lejano, casi sin incidencia en la vida cotidiana. Con el mundo se buscaba hacer las paces y con la “carne” aparecían las nuevas tendencias de relajación.

Entonces, si se debía hacer las paces con el mundo, ¿a qué estamos esperando?, vayamos al mundo… Así empezó la primera huida.

Muchas otras causas trabajan para esta salida. Menciono algunas: el vacío del pastoralismo, la teología protestante que se filtró en las cátedras (algo que desarrollé en este artículo), el idealismo alemán, y sobre todo, el theilardismo que otorgó una cosmovisión estúpidamente optimista en seminarios y terminó por corromper sacerdotes y obispos.

A todo esto, el factor social o revolucionario, fue la salsa que condicionó este plato de fideos.

La ignorancia nos cubría la verdad: la iglesia fue tomada desde su cabeza y todo se iniciaba nada menos que con un Concilio.

¿De qué papólatras hablamos?

La llegada de Juan Pablo II, marcó un período, donde nadie le hizo caso, por tal motivo es impropio hablar en este período de “papólatras”. Cada uno hacía lo que quería. La desobediencia era la norma y la hemorragia ya se había producido. Este papado dio al menos un principio de orden, al determinar que los cambios ya estaban hechos, y que no se esperaran otros.

El daño, venía desde las universidades romanas, que fogoneaban toda la modernidad que hoy vemos implantada. Por dar un simple ejemplo, yo comulgué con la mano en 1969 y no fui de los primeros, lo cual implica que se hacía en años anteriores. Ya desde Roma se enseñaba esta novedad.

Con este papado se produjeron nuevos movimientos eclesiales como nombra el artículo; pero los mismos no eran neocones ni papólatras, eran los que entraban en la “era de la neutralidad”: Poco demonio, cierto amor al mundo y carne libre, como lo demostró el legionario fundador: Marcial Maciel Degollado, alias Mon Père”.

La segunda huida

Con este panorama, Monseñor Lefebvre dio paso a la segunda huida y así se inició la era de los “traddies”, donde algunos creen por arte de magia, que todo se soluciona con la liturgia tradicional. ¡Cuánta simpleza e inocencia!

La realidad negada

Hoy la situación ha variado notablemente. Tenemos un Papa y un Antipapa, el cual no solo es usurpador, sino hereje e idólatra, al que los “tradeies” llaman “Santo Padre”. ¿Quién es más papólatra, cuando se tiene un papa idólatra? ¿Quién es más neocón, cuando se tiene un papa hereje?

Los traddies viven en la era de los 50, de allí que estén propensos a cometer los mismos errores que se cometieron entonces. Reaccionan contra los cambios, pero no reaccionan contra un antipapa. ¿Dónde quedó el Código del Derecho Canónico?

Si alguien se pregunta cómo puede ser que llamen papa a un hereje, que busca consolidar la religión masónica universal. O cómo puede ser que este mal llamado papa por los traddies, introduzca ídolos en el Vaticano; le respondo muy simple: Están cometiendo los mismos errores que cometimos nosotros.

***

La tercera huida

En el siglo IV se produjo la “huida al desierto” porque los cristianos escapaban de las persecuciones, como Pablo, el ermitaño, cuya vida fue escrita por San Jerónimo. De este modo se dio origen a los monjes eremitas. Además, se huía de la idolatría y de la molicie urbana.

Hoy, los perseguidores se incrustaron en la cabeza de la iglesia, con este antipapado idólatra. Esto nos mueve a huir, pues no podemos vivir en comunión con un hereje, no se puede respirar en comunión con un idólatra, no se puede estar en comunión con un antipapa. Ya estén presentes en esta comunión neocones o traddies. No podemos vivir en la era de la neutralidad.

La ignorancia de los años 60, ya no tiene cabida. Hoy se ve claramente el camino. El eremitismo urbano, es una necesidad actual. Se hace necesario, vivir radicalmente el catolicismo, con el desierto en el corazón, buscando la Gracia en celebraciones decorosas y huyendo del pacto con esta modernidad. 

Yo no firmé el tratado de paz con el mundo manipulando el Concilio, para alcanzar una “era de neutralidades”. Combato el demonio presente en este mundo que se filtra por todas partes, y combato la carne a la que el antipapa erigió con sus jesuitas pederastas, en ídolo de perdición.

A otro perro con el ladrido del calentamiento global.

Hoy es necesario patear el tablero de la estructura eclesial bergogliana. Algo que nuestro anfitrión de la botella, no puede hacer por su pacto, consciente o inconsciente, con la jerarquía eclesial en comunión con el antipapa hereje e idólatra.

Hoy se hace necesaria, la Tercera Huida.


 

domingo, 11 de septiembre de 2022

Cómo los católicos pueden salvar a la Iglesia de Bergoglio y de los globalistas

 

por el hermano Alexis Bugnolo

La sensación de desesperanza surge en una mente que no conoce la solución, o que carece del coraje para ejecutarla. Pero como no puedo darle el valor, debes pedírselo al Señor de los Ejércitos, solo puedo recordarte el camino a la solución.

San Atanasio nos dio el ejemplo, cuando la Iglesia en sus días fue invadida por herejes arrianos. ¡Llegaron al extremo de expulsarlo varias veces de su diócesis de Alejandría!

¿Acaso se retiró, escribió un libro y asistió a conferencias para venderlo, como hacen tantos obispos, sacerdotes y religiosos cancelados?

Nada en absoluto.

Se convirtió en un guerrero aún más feroz.

Viajó por el Imperio de Roma visitando diócesis que no tenían obispo católico, porque el obispo que tenían había abrazado la herejía arriana, o porque el pueblo y el clero habían elegido a un arriano para dirigirlos.

En estas diócesis, San Atanasio convocó públicamente a los fieles, denunció el arrianismo, los exhortó a elegir a un católico como obispo y, cuando fue elegido, lo consagró como su obispo.

Esto muestra la diferencia radical entre San Atanasio y los donatistas, quienes se separaron y permanecieron separados y locales para siempre.

También muestra lo que es radicalmente no católico en el comportamiento de tantos autodenominados tradicionalistas, que, como en el caso de la FSSPX o los sedevacantistas, consiguen que sus hombres sean consagrados válidamente como obispos u ordenados como sacerdotes, pero se mantienen apartados y dirigen sus propias asociaciones privadas y propias capillas.

En cada diócesis de la Iglesia Católica, existen 3 situaciones presentes:

O la diócesis no tiene obispo, porque se jubiló o murió, y aún no se ha nombrado ninguno.

O bien, la diócesis tiene un Obispo designado por el Papa Benedicto XVI, Juan Pablo II, o si son uno de los 23 Ritos Orientales, por el voto del Consejo Metropolitano (aprobado por uno u otro de estos papas).

O la diócesis tiene un obispo designado por el Antipapa, Jorge Mario Bergoglio, que desfila por el mundo como el Papa Francisco, aunque no tiene más autoridad que un higo seco.

En todas esas diócesis, los católicos pueden hacer algo para restaurar su Iglesia local a la comunión con el Papa Benedicto XVI.

Y tienen el derecho natural, divino y canónico de actuar ya que el Papa Benedicto XVI el 11 de febrero de 2013 declaró impedida su sede, renunció al ministerio petrino y puso a la Iglesia en Estado de Emergencia, como lo confirmó su propio secretario en la Universidad Gregoriana en la primavera de 2016.

Por lo tanto,

En las diócesis en las que no hay obispo, los católicos pueden reunirse públicamente y elegir a su propio obispo. Tienen este derecho porque la Sede Apostólica está impedida y porque no hay otra manera de tener un obispo, que elegirlo por los fieles locales residentes en la Diócesis, pueden recurrir a este medio como legítima defensa (derecho natural) , como ejercicio de subsidiariedad por derecho divino (cuando falla el poder superior en el Cuerpo Místico, el inferior puede ejercer ese poder), y para la salvación de las almas que es la ley suprema de la Iglesia (derecho canónico), ya que la Iglesia local no puede existir con buena salud y perseverar sin su propia cabeza que es el Obispo.

En las diócesis, donde hay un obispo, designado por el Antipapa, entonces se lo puede llamar públicamente, explicarle por qué no tiene derecho al Obispado y si no regresa a la comunión con el Papa Benedicto XVI en 90 días, proceder a elegir a un hombre católico, que sea célibe, para ser su obispo.

En las diócesis, donde hay un obispo, designado por el Papa Benedicto XVI, pueden llamarlo públicamente a la comunión con el Papa, y si no regresa a la comunión en el 90 días, declararlo públicamente en cisma con la Sede Apostólica, y proceder. a la elección de un católico.

Todo esto podría haberse hecho desde el 29 de febrero de 2013.

Y no hay necesidad de esperar la muerte o la restauración del Papa Benedicto XVI.

En particular, no hay necesidad de esperar la elección del sucesor del Papa Benedicto ni la muerte o la falsa renuncia de Bergoglio.

Entonces, el deber y la carga de la responsabilidad recae enteramente sobre los católicos en cada diócesis.

En cuanto a conseguir que los hombres elegidos sean consagrados como obispos católicos: cualquier obispo puede hacer esto, esté jubilado o no. Hay Obispos en comunión pública y privada con el Papa Benedicto XVI. Pueden actuar y deben actuar. Además, por estar impedida la Sede Apostólica, cualquier obispo católico electo tiene autoridad para reconciliar con la Iglesia católica a cualquier obispo cismático válidamente consagrado, y luego hacerlo consagrar obispo de la diócesis para la cual ha sido elegido. — Esto que dice San Alfonso de Ligorio es lícito, en el caso de que no haya(n) Obispo(s) católico(s) para hacer la consagración. Y que un Obispo electo, aún no consagrado, tiene potestad de jurisdicción es un antiguo principio establecido por la práctica de la Sede Apostólica, tanto en lo que se refiere a la elección de laicos como de Romanos Pontífices.

¿Entonces, qué esperas?

¿Por qué no has actuado? Tal vez nadie te dijo esto.

Ahora lo sabes.

Y comienza a organizar delegaciones para ir a los obispos pro-Benedicto para consagrar a estos hombres católicos.

Si nos movilizamos, podemos restablecer la jerarquía en menos de 1 AÑO.

From Rome. 10 DE SEPTIEMBRE DE 2022

domingo, 29 de mayo de 2022

¿Lefebvre tenía razón? La “desobediente” ordenación de Alcuin Reid

Dom Alcuin Reid fotografiado con el Cardenal Burke en 2014 (Nuevo Movimiento Litúrgico).


Dom Alcuin Reid ha sido durante años un erudito litúrgico respetado en la Iglesia (el cardenal Ratzinger escribió el prólogo de su obra fundamental publicada por Ignatius Press). Es el Prior fundador del Monastère Saint-Benoît en la diócesis de Fréjus-Toulon, Francia y ha publicado numerosos trabajos académicos sobre la sagrada liturgia. Así hizo una importante aparición ayer en el estreno del documental Misa de los siglos, Episodio II: Una tormenta perfecta , que detalla la creación del Novus Ordo Missae tras el Concilio Vaticano II.

Después de que se publicara Traditionis Custodes, Catholic World Report publicó su ensayo "Does Traditionis Custodes pass Liturgical History 101?" en el que decía, siguiendo a Ratzinger:

«Como he dicho muchas veces, no soy un tradicionalista. Yo soy un católico. Y como católico sostengo que la amargura, el miedo, la alienación y la creciente división provocada directamente por la Traditionis Custodes es una situación de la más grave preocupación. Es una fuente de escándalo mucho más allá de aquellos a quienes apunta y, pastoralmente hablando, ya es un desastre, particularmente entre los jóvenes.

»Ante esto, como historiador litúrgico, no puedo quedarme callado. La legislación no puede cambiar los hechos históricos. Tampoco un acto de positivismo jurídico puede determinar lo que es o no es parte de la lex orandi de la Iglesia, pues como enseña el Catecismo, “la ley de la oración es la ley de la fe: la Iglesia cree mientras ora. La liturgia es un elemento constitutivo de la Tradición santa y viva” (par. 1124) – de la cual los obispos, y el primero de ellos, el Obispo de Roma, son guardianes, no propietarios.»

Sin embargo, como prior del Monastère Saint-Benoît desde su fundación en agosto de 2020, Dom Alcuin era solo un diácono y el creciente monasterio dependía (con dificultad) del clero diocesano para la Santa Misa según el rito romano tradicional. Como resultado de esta dependencia del clero diocesano, los monjes a veces tenían que prescindir del Santo Sacrificio en un día determinado, lo que obviamente desestabilizó su vida benedictina, además de amenazar las vocaciones.

Tres visitadores monásticos, por lo tanto, recomendaron al obispo local (Monseñor Dominique Rey) que Dom Alcuin sea ordenado al sacerdocio santo, incluso en diciembre de 2021, después de Traditionis Custodes .

Sin embargo, según la declaración reciente del monasterio, el obispo temía seguir adelante con el plan por temor a las repercusiones de Roma e informó al monasterio que no ordenaría a Reid. Ahora se pedía nuevamente a la vida del monasterio que sufriera por causa de los temores del obispo.

Mientras tanto, las vocaciones al sacerdocio en todo el mundo y la fe general de la sociedad continúan degradándose.

En algún momento, los monjes sintieron que la situación de la vida religiosa aprobada por la Misa en latín, que había sido bastante clara y legal bajo los dos últimos pontificados, se había sumido en un clima de miedo. Esto es exactamente lo que el estimado historiador y colaborador de OnePeterFive, Henry Sire, documentó sobre este pontificado años antes de la Traditionis Custodes, que le valió al Papa Francisco el apodo de “Papa dictador”. (Probando su argumento, Henry Sire fue inmediatamente “cancelado” por el pontificado de Francisco por decir la verdad).

Bajo Francisco, está claro para todos, que la vida religiosa tradicional ha estado en la mira, desde los Frailes Franciscanos de la Inmaculada, una orden documentada por el Sr. Sire como ilegalmente suprimida, hasta el nuevo régimen de Cor Orans que busca socavar la vida religiosa y contemplativa, hasta los últimos esfuerzos contra las carmelitas de Fairfield.

Por lo tanto, nadie puede negar que Reid y sus monjes estaban ejerciendo la virtud de la precaución: aplicar la experiencia del pasado para evitar el mal futuro.

Después de mucha oración y oportunidades providenciales, Dom Alcuin Reid fue ordenado en secreto por un obispo anónimo que, según el monasterio, es un "prelado mayor en comunión sin obstáculos con la Santa Sede". Luego se sometió a su obispo local Rey, quien inmediatamente lo suspendió.

La acción de la ordenación secreta se justificaba, según el comunicado del monasterio, “por el bien último de las almas en una situación verdaderamente extraordinaria en la vida de la Iglesia”.

Como observó Anthony Stine, este es un paralelo obvio con la justificación del arzobispo Lefebvre. Mike Parrott también ha señalado que tiene similitudes con las ordenaciones secretas y desobedientes realizadas por Karol Wojtyła (Juan Pablo II) y Josef Slipyj.

En este clima de miedo e hiperüberultramontanismo, este nuevo estado de suspencsión para el p. Alcuin Reid podría asustar a las organizaciones que antes publicaron a Reid y algunas podrían “cancelar” a este gran erudito que Ratzinger promovió (de la misma manera que algunos habían cancelado a Mons. Klaus Gamber, a quien Ratzinger también defendía). Mientras el Santo Padre continuaba atacando verbalmente las Tradiciones y castigando a los más débiles y quitándoles la sagrada liturgia, ¿acaso no vemos lo que el Sr. Sire documentó hace unos años? ¿Qué es este clima de miedo sino un régimen dictatorial?

Se trata de un asunto de gran importancia, ya que vemos que la vida religiosa tradicional, la sangre vital de la vida espiritual de la Iglesia, está continuamente amenazada bajo este pontificado.

Todos los católicos buenos y piadosos deben hacerse esta pregunta: ¿Merece Alcuin Reid el juicio de caridad y misericordia? ¿Crees que estaba haciendo todo lo posible para obedecer a Dios en una situación difícil? A menos que desee juzgar su corazón acerca de su declaración, podemos concluir razonable y caritativamente que creía que su conciencia estaba bien formada y que actuaba en obediencia a Dios.

¿Piensan lo mismo sobre el futuro de Juan Pablo II y sus ordenaciones ilícitas, o sobre monseñor Lefebvre? ¿No merecen todos los católicos el juicio de la caridad?

Como dice Santo Tomás:

«A menos que tengamos indicios evidentes de la maldad de una persona, debemos considerarla buena, interpretando lo mejor posible lo que sea dudoso acerca de él... Aquel que interpreta lo dudoso de la mejor manera, puede resultar engañado la mayoría de las veces; pero es mejor errar frecuentemente por pensar bien de un hombre malo, que errar menos frecuentemente por tener una mala opinión de un hombre bueno, porque en el último caso se inflige una herida, pero no en el primero. » ( ST II-II q60 a4 ).

A aquellos católicos que verían una suspensión como esta y cometerían el acto poco caritativo y anticristiano de “cancelar” a un eclesiástico muy respetado y a un hermano en Cristo, les pregunto: ¿cuál es la indicación evidente de su maldad?

Dices: ¡desobedeció a su obispo! ¡Ha sido suspendido!

Yo digo: ¿cuándo ha definido la Iglesia que la desobediencia a un obispo es intrínsecamente mala? ¿O que las suspensiones son infalibles?

¿Es la salvación de las almas la ley por encima de toda ley? ¿O no?

No, cada católico debe admitir esto en teoría, ya que ese es el fin mismo del derecho canónico y del oficio episcopal.

Nadie puede afirmar que una suspensión es infalible o que la desobediencia a un obispo es intrínsecamente mala. Por lo tanto, no tenemos ninguna razón evidente para reclamar la maldad de Reid. Por lo tanto, si vamos a actuar como cristianos en lugar de trolls de Internet, estamos obligados a juzgar a todas las partes en este caso con caridad. Quizás Reid hizo algo incorrecto. Quizás el obispo hizo algo incorrecto. Quizá el Papa Francisco esté equivocado sobre la Traditionis Custodes, como han coincidido muchos católicos ortodoxos y muchos obispos y sacerdotes en este punto.

Lean ahora su declaración con caridad y vean si es posible que pueda concluir que él no estaba haciendo todo lo posible honestamente para obedecer a Dios.

Si eres tan arrogante como para pretender conocer el corazón de un hombre y cancelarlo en un asunto difícil, pecas contra tu hermano al actuar contra la caridad. En cambio, sigamos al Doctor Angélico en este caso, y también en los casos de Juan Pablo II, el cardenal Slipyj e incluso el arzobispo Lefebvre. En lugar de la maldad impía de Internet y las turbas de linchamiento de los medios superficiales, sigamos la sabiduría de los santos:

«Es peligroso juzgar a los demás porque, ignorando la necesidad o el motivo por el cual hacen cosas que nos ofenden pero que son correctas o excusables a los ojos de Dios, nos ponemos en la posición de haberlos juzgado temerariamente; en esto cometemos un pecado no pequeño al pensar en nuestros hermanos diferente de lo que debemos. 1»

Es solo después de muchos años que los hombres piadosos con sabiduría disciernen y se ponen de acuerdo entre sí sobre alguna cuestión de conciencia en disputa. Algunas de estas preguntas aún no han sido resueltas después de siglos.

¿Todos los católicos sabrán algún día si Lefebvre tenía razón o no? ¿Estamos realmente viviendo una crisis neoarriana que exige de los corazones piadosos la desobediencia a la autoridad eclesiástica para obedecer a Dios?

Gracias a Dios, no somos los jueces de los corazones de los hombres, pero Dios Todopoderoso lo es. Entonces, formemos apropiadamente nuestras propias conciencias y hagamos nuestro mejor esfuerzo, por Dios, para ser fieles a la gracia, mostrando gran misericordia y bondad a nuestro hermano, para no caer bajo el juicio de Dios quien dijo, bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrá misericordia. El que juzga a su hermano precipitadamente o con dureza, Dios lo juzgará con dureza. Más bien temblemos, hermanos, ante el imponente tribunal de Cristo.

Animo a todos los católicos para que aprovechen el nuevo tratado sobre laobediencia del Dr. Kwasniewski (que es gratuito para los seminaristas y todos los clérigos). Con la ayuda de la gracia, este texto ayudará a formar nuestra conciencia para los días y años venideros.

Mientras tanto, los religiosos tradicionales podrían necesitar abandonar el ideal de un monasterio estable y volver a las raíces del monacato: los laicos que van al desierto, siguiendo al Padre del Monacato. Ningún obispo puede impedir que los laicos y las laicas se formen en comunidades monásticas y renuncien al mundo, como San Antonio.

Pueden quitarnos nuestros Sacramentos, pero nunca podrán quitarnos nuestra fe y nuestra vida de oración.

Podría ser necesario nada menos para preservar la vida monástica tradicional. Pero no temamos sino oremos las palabras del Santo Salterio que la Liturgia de las Horas del Novus Ordo censuró:

«En tu misericordia destruirás a mis enemigos. Y destruirás a todos los que afligen mi alma, porque yo soy tu siervo» (Sal. cxlii. 12).

«Pero en vano han buscado mi alma, irán a las partes más bajas de la tierra: serán entregados en manos de la espada, serán las porciones de las zorras. Pero el rey se regocijará en Dios, serán alabados todos los que juran por él: porque la boca de los que hablan cosas inicuas será tapada» (Sal. lxii., 10-12).

Oremos estas palabras de Cristo contra el mundo, la carne y el demonio, y gocemos todos los monjes y monjas del sufrimiento en unión con su Señor Crucificado. 2 

T. S. Flanders

Fuente

___________________________________

1 San Juan Casiano,  Institutos , lib. 5.30 en Boniface Ramsey, trad. (Paulista, 2000), 134.

2 On the spirituality of Christ in the Psalter, see T. S. Flanders, Introduction to the Holy Bible for Traditional Catholics, ch. 2.

miércoles, 16 de junio de 2021

Monseñor Viganò y la liturgia del Concilio

 

Por fin, alguien rompe el silencio cómplice de una jerarquía fracasada, y llama las cosas por su nombre:

Entrevista de Res Novae a monseñor Viganò sobre la liturgia del Concilio.

Por el P. Claude Barthe, 15 de junio de 2021

«Monseñor Carlo Maria Viganò, ex nuncio apostólico en los Estados Unidos, es conocido por sus enérgicas críticas al pontificado de Bergoglio, así como por desarrollar una crítica no menos enérgica del Concilio Vaticano II. Ha tenido la amabilidad de responder a nuestras preguntas sobre la nueva liturgia, de un modo bastante sorprendente (también para nosotros, porque ataca a un proceso de reforma de la reforma que apoyamos en Res Novae). Tenemos el placer de ofrecer a nuestros lectores esta intervención con miras a animar el debate y la reflexión.

Claude Barthe: Vuestra Excelencia ha llegado al extremo de hablar de «actos revolucionarios» a propósito de la nueva liturgia introducida con posterioridad al Concilio. ¿Nos podría precisar más su opinión?

Monseñor Carlo Maria Viganò: Para empezar, hay que decir claro que el Concilio Vaticano II fue concebido como un acto revolucionario. Entiéndase, no me refiero a las buenas intenciones de quienes colaboraron en la redacción de los esquemas preparatorios, sino a los novadores que rechazaron tanto dichos esquemas como la condenación del comunismo que habría debido formular el Concilio, y que deseaba la mayor parte del episcopado mundial. Ahora bien, si el Concilio fue un acto revolucionario, ya sea por la manera en que se desarrolló o por los documentos que promulgó, es lógico y lícito pensar que su liturgia está afectada por ese sesgo ideológico, sobre todo si tenemos en cuenta que es el principal medio de catequesis para los fieles y el clero. No es casual que Lutero y otros herejes protestantes y anglicanos metieran mano en la liturgia por ser la mejor manera de difundir sus errores entre los fieles.

Una vez sentado esto, vemos confirmadas nuestras legítimas sospechas cuando observamos quiénes fueron los artífices de esa liturgia: prelados que en muchos casos fueron objeto de sospechas de pertenecer a la Masonería, destacados progresistas que con el movimiento litúrgico de los años veinte y treinta habían comenzado a insinuar ideas más que discutibles y a difundir prácticas influidas por el arqueologismo, que más tarde fue condenado por Pío XII en la encíclica Mediator Dei. Situar la mesa del altar de cara al pueblo no fue invención del Concilio, sino de los liturgistas que lo hicieron poco menos que obligatorio en el Concilio después de haberlo introducido hacía algunas décadas a modo de excepción so pretexto de una supuesta vuelta a la Antigüedad. Dígase lo mismo de la casulla gótica en las formas que precedieron al Concilio, sobre todo en Francia; que se ha convertido en una especie de poncho y nos la han vendido como un regreso a la forma original y no es otra cosa que una falsedad histórica y litúrgica. Pongo estos ejemplos para que se vea que mucho antes del Concilio Vaticano II ya había elementos revolucionarios infiltrados en la Iglesia dispuestos a hacer definitivas estas innovaciones introducidas a modo de experimento y que sin embargo se han vuelto habituales, sobre todo en países históricamente menos inclinados a adaptarse a la romanitas.

Una vez ha quedado claro que la liturgia es la expresión de una postura doctrinal concreta –y que con el Novus Ordo ha llegado a ser igualmente ideológica– y que los liturgistas que la idearon estaban impregnados de esa actitud, debemos analizar el corpus liturgicum conciliar para descubrir la confirmación de su carácter revolucionario. Más allá de los textos y las rúbricas, lo que denota claramente el carácter revolucionario del rito reformado es que se ha vuelto maleable a gusto del celebrante y de la comunidad de fieles mediante una flexibilidad totalmente desconocida para el espíritu de la liturgia romana. El carácter arbitrario de las innovaciones es parte integral de la liturgia reformada, cuyos libros –empezando por el Misal Romano de Pablo VI– fueron concebidos como un batiburrillo en manos de actores más o menos talentosos en busca de la aprobación del público. Los aplausos de los fieles, introducidos abusivamente con el Novus Ordo, constituyen la expresión de un consenso que es un elemento esencial de un rito que se ha convertido en espectáculo. Por otra parte, en las sociedades antiguas el teatro siempre tuvo una connotación litúrgica, y resulta significativo que la Iglesia conciliar haya querido desenterrar esa visión pagana invirtiéndola, es decir, dando una connotación teatral a un rito litúrgico.

Quien crea que la editio typica en latín corresponde al rito que tendría que celebrar después del Concilio peca de ingenuidad y de ignorancia; no hay nada en ese libro litúrgico que no esté en realidad destinado al uso diario de los sacerdotes, empezando por la lamentable diagramación gráfica, obviamente descuidada precisamente porque se sabía que prácticamente nadie celebraría jamás el Novus Ordo en latín. Las ceremonias pontificias en las que se utilizó el Misal Romano de Pablo VI derogaban las rúbricas para introducir lecturas en lengua vernácula, ceremonias no previstas y funciones reservadas a los clérigos ejercidas por laicos, mujeres incluidas. En mi opinión, esos elementos confirman el espíritu revolucionario del Concilio y del rito que en él se inspira.

La reforma litúrgica iniciada en 1964 y que dio lugar a un nuevo misal en 1969 puede parecer más radical de lo que era su programa, la constitución Sacrosanctum Concilium. ¿Cree que el Consilium de monseñor Bugnini traicionó al Concilio, como dicen algunos, o que se haya limitado a desarrollarla, como afirman otros?

CMV: Monseñor Annibale Bugnini figuraba entre los que colaboraron en la elaboración del Ordo Hebdomadae Sanctae instauratus que se promulgó durante el pontificado de Pío XII. Las graves de formaciones del nuevo misal se encuentran en germen en el rito de la Semana Santa, lo cual demuestra que ya se había emprendido el plan de destrucción. No hubo la menor traición en el Concilio; prueba de ello es que ninguno de sus artífices pensó jamás que la reforma litúrgica fuera incoherente con el espíritu de Sacrosanctum Concilium. Si se estudia atentamente la génesis del Ordo Hebdomadae Sanctae instauratus se verá que las solicitudes de los novadores sólo fueron atendidas en parte pero se volvieron a proponer en el Novus Ordo de Pablo VI.

Conviene recalcar que, al contrario de todos los demás concilios ecuménicos, el último se sirvió a propósito de su autoridad para autorizar una traición sistemática de la fe y la moral llevada a cabo por las vías pastoral, disciplinar y litúrgica. Los misales de transición entre las rúbricas de 1962 y la Editio typica de 1970 y la inmediatamente posterior –la Editio typica altera de 1975– revelan que se procedió gradualmente acostumbrando al clero y a los fieles al carácter provisional del rito, a la innovación continua y a la pérdida progresiva de elementos que al principio hacían al Novus Ordo más próximo al último Misal Romano de Juan XXIII. Pienso, entre otras cosas, en la recitación en voz baja del Canon en latín con su ofertorio propiciatorio y el Veni, Sanctificator, que a lo largo de las adaptaciones llevó a la recitación en voz alta, el ofertorio talmúdico y la supresión de la invocación al Espíritu Santo.

Quienes prepararon los documentos conciliares para que los aprobaran los padres obraron con la misma premeditación que los autores de la reforma litúrgica, sabiendo que éstos interpretarían los textos equívocos de manera católica, mientras que quienes habrían de divulgarlos los interpretarían en cualquier otro sentido menos el católico.

La verdad es que ello se confirma en la práctica diaria. ¿Han visto ustedes a un sacerdote que celebre el Novus Ordo en un altar orientado al oriente, totalmente en latín, vistiendo casulla de guitarra, y que distribuya la Comunión a fieles arrodillados en un reclinatorio sin desatar las iras de su obispo y sus compañeros en el sacerdocio aunque en sentido estricto, esa manera de celebrar sea plenamente legítima? A quienes han intentado hacerlo –ciertamente de buena fe– los han tratado peor que a los que celebran habitualmente la Misa Tridentina. Eso demuestra que la supuesta continuidad auspiciada por la hermenéutica conciliar no existe, y que la ruptura con la Iglesia preconciliar es la norma a la que se deben acoplar mal que les pese a los conservadores.

Por último, me gustaría señalar que esa conciencia de incompatibilidad doctrinal entre el rito antiguo y la ideología vaticanosecondista es reivindicada por supuestos teólogos e intelectuales progresistas, según los cuales se puede llegar a tolerar la forma extraordinaria del rito siempre y cuando no se adopte todo el aparataje teológico que esta supone. Por eso se tolera la liturgia de las comunidades Summorum Pontificum en tanto que en la predicación y en la catequesis se cuiden de no criticar el Concilio o la nueva Misa.

¿Cual diría vuestra excelencia que es la crítica más importante de las que se hacen al Novus Ordo Missae?

CMV: La crítica más fundada es que han intentado crear una liturgia a su antojo al abandonar el rito bimilenario que nació con los Apóstoles y se ha ido desarrollando armoniosamente a lo largo de los siglos. La liturgia reformada, como sabe todo especialista en la materia, es fruto de un acuerdo ideológico entre la lex orandi católica y las exigencias heréticas de los luteranos y otros protestantes. Y como la Fe de la Iglesia se expresa en el culto público, era indispensable que la liturgia se adaptase a la nueva manera de creer debilitando o negando verdades que se consideraban incómodas para el diálogo ecuménico.

Si la reforma hubiera tenido por objeto simplemente eliminar ciertos ritos que la sensibilidad moderna ya no entendía, habría podido perfectamente evitar la repetición servil de lo que había hecho Lutero en tiempos de la pseudorreforma y Cranmer tras el cisma anglicano: el mero hecho de hacer suyas las innovaciones con las que los herejes rechazaron ciertos temas del dogma católico es una demostración indiscutible de la subordinación de los pastores al consenso de los que están fuera de la Iglesia en perjuicio de la grey que les ha sido confiada. ¿Qué dirían los mártires del calvinismo o de las iras del rey Jacobo al ver como papas, cardenales y obispos utilizan una mesa en lugar del altar que les costó la vida? ¿Qué respeto puede tener un hereje por su odiada babilonia romana al verla remedar torpemente lo que los reformadores hicieron hace cuatro siglos, de un modo quizás más decoroso? No olvidemos que las herejías litúrgicas de Lutero se divulgaron mediante corales de Bach, mientras que las celebraciones de la Iglesia conciliar tienen un acompañamiento musical de una fealdad inaudita. La decadencia litúrgica es síntoma de una decadencia doctrinal que humilla a la Santa Iglesia en su afán de halagar la mentalidad mundana.

¿Cómo se puede explicar el fracaso de Benedicto XVI, el cardenal Sarah y otros defensores de un retorno litúrgico gradual celebrando de cara al Señor, recuperando las oraciones del Ofertorio y dando la Comunión en la boca?

CMV: Si un funcionario vaticano ordenase decorar la sala Nervi con estuco y frescos en sustitución de la horrenda estatua de la Resurrección que allí se alza, dándole un estilo barroco, lo tildarían de extravagante, y más teniendo en cuenta la proximidad de la Basílica de San Pedro. A mí me parece que se podría decir lo mismo de los intentos de adecentar la liturgia reformada con operaciones de maquillaje objetivamente inútiles. ¿Qué se gana con celebrar el Novus Ordo apud orientem, cambiar el Ofertorio y dar de comulgar en la boca cuando ya está prescrito hacerlo así en la Misa Tridentina?

Ese retorno litúrgico se basa en las mismas premisas erróneas que animaron la reforma conciliar: modificar la liturgia a su antojo, ya alterando el venerable rito tradicional al imprimirle un sentido moderno, ya maquillándolo para que parezca lo que no es ni tiene por objeto ser. En el primer caso, obligaríamos a una reina a calzar zuecos y vestir harapos, y en el segundo una campesina luciría una corona real sobre una cabellera despeinada, o sería como si se sentara en un trono tocada con un sombrero de paja.

Yo creo que tras esos intentos aparentemente animados de buenas intenciones se oculta algo que ninguno de esos prelados se atreve a reconocer: el fracaso de un concilio, y más aún de su liturgia. Volver al rito antiguo archivando definitivamente la miseria del Novus Ordo exigiría grandes dosis de humildad, porque quienes hoy quieren salvarla del naufragio eran ayer los más entusiastas artífices de la reforma litúrgica, y al mismo tiempo del Concilio.

Me pregunto: si a Pablo VI no le falló el pulso para derogar temerariamente de la noche a la mañana el rito tridentino para reemplazarlo con una chapucera mezcolanza de textos del Book of Common Prayer anglicano e imponer el nuevo rito a pesar de las protestas del clero y los laicos, ¿por qué no vamos a poner nosotros más empeño en restituir al honroso lugar que le corresponde el rito romano antiguo prohibiendo la celebración del Novus Ordo? ¿Por qué tanta delicadeza hoy y tanta furia iconoclasta despiadada ayer? ¿Y a qué viene esa operación de cirugía estética si no es para salvar la unidad del último oropel conciliar dándole el aspecto de lo que no tenía por objeto ser?

Al próximo papa le corresponderá restablecer todos los libros litúrgicos anteriores a la reforma conciliar y prohibir en los templos católicos la indecente parodia a la que han contribuido notorios modernistas y herejes.

En la entrevista que concedió a las revistas jesuitas en 2013, el papa Francisco calificó la reforma litúrgica de fruto ejemplar del Concilio («El Concilio supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea»). Sin embargo, el papa Bergoglio ha hecho concesiones a la Fraternidad San Pío X. ¿Es que le preocupa el problema litúrgico?

CMV: No creo que Bergoglio tenga el menor interés en la liturgia en general, y menos aún en la tridentina, que le es ajena y le desagrada como todo lo que aunque sea de lejos tenga algo de católico. Su táctica es política: tolera las comunidades Ecclesia Dei porque mantienen a los conservadores alejados de las parroquias, y al mismo tiempo lleva las riendas obligándolas a limitar su disensión al plano meramente litúrgico mientras se encarga de que sean fieles a la ideología conciliar.

En cuanto a la FSSPX, asistimos a una operación más sutil: Bergoglio mantiene con ellas relaciones de buena vecindad otorgando por un lado a sus superiores prerrogativas que hacen ver que los considera miembros vivos de la Iglesia, mientras que por otro lado sería posible que quisiera otorgarles una regularización canónica total a cambio de que acepten el magisterio conciliar. Es evidente que se trata de una trampa astuta: una vez firmado un acuerdo con la Santa Sede, desaparecería la independencia de que goza la Fraternidad en virtud de su postura de legalidad incompleta, y con ello también su independencia económica. No olvidemos que la Fraternidad dispone de bienes y recursos que garantizan la subsistencia y la atención médica de sus miembros; en un momento de crisis financiera sumamente grave para el Vaticano, a muchos se les hace la boca agua pensando en esos bienes. Ya hemos visto lo que ha pasado en otros casos, como con los Franciscanos de la Inmaculada y con la persecución del P. Mannelli.

¿Cree que el estatuto de protección (dependencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe en vez de la de los institutos de vida consagrada) que quería Ratzinger antes y después de su ascensión al solio pontificio para las sociedades de vida apostólica que celebran la Misa Tradicional está hoy en peligro?

CMV: La situación canónica de las comunidades Ecclesia Dei siempre ha sido precaria; su supervivencia está ligada, al menos implícitamente, a la aceptación de la doctrina conciliar y la reforma litúrgica. Quienes no se adaptan y critican al Concilio, o se niegan a celebrar o ayudar al rito reformado, se colocan automáticamente en riesgo de excomunión. Los superiores de esas sociedades de vida apostólica terminan por ser supervisores de sus sacerdotes, a los que aconsejan encarecidamente que se abstengan de críticas y den de vez en cuando claras señales de que no están en desacuerdo. Por ejemplo, participando en celebraciones del llamado rito ordinario. Paradójicamente, en el ámbito doctrinal, un sacerdote diocesano goza de más libertad de palabra que otro que pertenezca a uno de esos institutos.

Hay que decir que, para la mentalidad de los que actualmente mandan en el Vaticano, lejos de fomentar el redescubrimiento del rito tradicional, las excentricidades litúrgicas de ciertas comunidades les dan una imagen elitista y las confinan a una especie de reducto antiguo en el que les interesa mucho encerrarlas a los perpretradores de la Iglesia de Bergoglio. Normalizar la celebración de la Misa católica según prescribe el motu proprio Summorum Pontificum sin relegarla a una especie de reducto litúrgico, o confinarla a unos espacios concretos, daría la impresión de que cualquier feligrés puede asistir a la Misa sin otro requisito que ser católico; y a la inversa, ese kafkiano castillo burocrático confina a los conservadores en un recinto que los obliga a observar las reglas sin aspirar a nada más que a aquello que la gracia soberana se digne concederles, casi siempre con la oposición apenas disimulada del obispo diocesano.

La maniobra de Bergoglio ya se ha hecho manifiesta: su última encíclica teoriza doctrinas heterodoxas y una sumisión escandalosa a la ideología dominante, que es profundamente anticatólica y antihumana. Desde esta perspectiva, las cuestiones relativas a la sensibilidad litúrgica de tal o cual instituto me parecen francamente irrisorias; no porque la liturgia carezca de importancia, sino porque cuando se está dispuesto a callar en el plano doctrinal, las complejas ceremonias del pontifical terminan por reducirse a una manifestación estética que no resulta peligrosa para el círculo mágico de Santa Marta.

La prohibición de misas individuales en San Pedro, la inspección durante tres días de la Congregación para el Culto Divino por monseñor Maniago, y el hecho de que la constitución de reforma de la Curia Predicate Evangelium vaya a llevar, según parece, a reforzar las competencias de vigilancia de Culto Divino, son motivo para temer una renovada virulencia de la reforma? ¿O es un problema que no le preocupa mucho a Bergoglio?

CMV: La prohibición de celebrar misas privadas en San Pedro, a pesar de las unánimes protestas de numerosos fieles y de algunos prelados ante lo que es un verdadero abuso de autoridad por parte de la Secretaría de Estado, sigue vigente como un escándalo inusitado. Están tanteando el terreno para analizar la reacción de los prelados, el clero y los laicos, que por el momento se limitan a expresar de palabra su descontento, con mucha calma, y en algunos casos con peores modos. Como ya he tenido oportunidad de declarar, considero que dicha prohibición no es otra cosa que una nueva tentativa de dar visos de legalidad a una costumbre ya consolidada y universal que confirma el error doctrinal subyacente, es decir, el primado de la dimensión comunitaria de la Eucaristía, entendida como banquete en detrimento del Santo Sacrificio de la Misa celebrado en privado. Esto tiene que ver con el Concilio, y ninguno de los cardenales que se han pronunciado sobre la prohibición de las misas se ha atrevido en modo alguno a ponerlo en tela de juicio, aunque ahí esté claramente el origen de la ilegítima prohibición por parte de la Secretaría de Estado.

Por lo que respecta a las facultades supervisoras de la Congregación para el Culto Divino, en sí se podrían considerar en un sentido positivo, dado que las cuestiones litúrgicas son competencia directa de la Santa Sede. Pero pecaríamos de ingenuos e imprudentes si no tenemos en cuenta que toda norma promulgada por los novadores la utilizarían ellos mismos para perseguir objetivos inconfesables, en muchos casos contrarios a los declarados.» 

(Visto en https://www.marcotosatti.com/2021/06/16/entrevista-de-res-novae-a-monsenor-vigano-sobre-la-liturgia-del-concilio/)