El reformismo sajón no pudo vencer la tentación racista. Sentirse superior, no por cualidades adquiridas, sino por nacimiento es un sentimiento de pertenencia innato en todo reformador, y su doctrina se desata a finales del siglo XIX. Todos estos movimientos miran un espejo, el judaísmo, como si este fuese en realidad una raza específica, cuando en realidad no pasa de un concepto religioso que trata de abrirse paso entre las penumbras de la antigüedad. Los racistas de distinta índole, se sienten superiores al resto, no por su cultura, sino por su genealogía.
Este sentimiento es tan viejo como la humanidad. Siempre hubo racistas.
Entre los antiguos griegos, Hesíodo, canta en su poema Teogonía la existencia de cuatro razas bien diferenciadas unas de otras. Como explicité en mi libro “El Principio o Arjé”:
A estas se los denomina “guenos” (γένος), o sea generaciones, al que todos traducen por “razas”. Estas fueron hechas (ποίησαν) por los dioses. Muchos traducen por “creadas”, un término tan vago como el de hacer, pues no se detalla bien cómo surgió.
A cada raza le toca el símbolo de un mineral. El oro para los primeros hombres, al que se podría comparar, salvando la distancia, a los primeros padres en el Edén del Génesis, pues “como dioses vivían” (v. 112). No eran inmortales, pues “morían como domados por el sueño”. (v, 116) Ahora son “démones puros, buenos, terrestres” (v. 122), como ángeles, “guardianes de los hombres mortales” (v. 123). La plata le toca a la segunda generación, “pues, por cien años, el hijo al lado de la madre querida se criaba jugando, muy infantil, en su casa” (vs. 130,1). Sucede que al crecer “no querían servir a los inmortales / ni sacrificar en las aras sagradas de los beatos,” (vs. 135,6). Todo lo cual nos recuerda el “non serviam” de Lucifer, negándose en la adoración a Dios, y se los llama mediante una antítesis, beatos mortales, pero como segundos habitantes bajo tierra, ύποχθόνιοι... δεύτεροι. ...ellos son llamados beatos mortales (μάκαρες θνητοί), infernos, segundos” (vs. 141,2). La tercera generación se determina por el bronce, hecha por “Zeus padre (Ζεύς ... πατήρ)” “de los fresnos“. Son una generación dominada por la hybris (υβριες), la violenta altanería. Ellos fueron, por sus propias manos domados, a la mohienta morada del gélido Hades, anónimos; y la muerte, por terribles que fueran, los aferró, negra; y dejaron la fúlgida luz del sol. (vs. 152,5) La cuarta generación se compone de “héroes, que semidioses se llaman, / generación que nos precedió sobre la tierra infinita. La guerra cruel los perdió…” (159,61). Esta es “más valiente y más justa (δικαιότερον)”. Es una generación para ubicar los guerreros de Tebas y Troya. Y ellos habitan, con el alma sin penas, las islas de los Beatos, junto al Océano profundo de vórtices, ¡ dichosos héroes ! (v. 170,2) — (10-11)
…
La quinta generación responde al hierro, y muestra la situación actual del género humano. (11)
No hablemos del hinduismo, donde la sociedad es una construcción de castas determinadas por el nacimiento.
El mismo proceso griego, tratan de hacer los redactores del Génesis. Digo redactores, pues notamos muchas manos en su formato final.
De la redacción actual de los primeros capítulos del Génesis, se puede leer el origen de dos concepciones raciales bien definidas. Una raza que nace de la Serpiente y otra que nace de Adán.
La serpiente, en hebreo nahash. Sus tres consonantes NHSh se pueden referir a la adivinación o lo adivinado. Nos recuerda al hipnotizador mesmerista, sobre la mística de la mujer. Todo queda expuesto en este pasaje:
Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la suya. (Gén. 3,15)
El linaje, σπερμα o zerah, tanto simiente como descendencia, da origen a la teoría de la doble simiente. Aquellos que no tienen la menor idea del pensamiento de Orígenes, como muchos reformadores, interpretan el Génesis con toda fiereza, al pie de la letra. Entonces el texto da origen a la doctrina de la simiente dual, donde la Serpiente se apareó con Eva en el Jardín del Edén y de ella nació Caín.
En Génesis 4,1 y 2 se dice:
[Conoció Adán a su mujer.] Ella concibió y parió a Caín, diciendo: “He adquirido de Yahvé un varón. Volvió a parir y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor, y Caín labrador.
Si cambiamos de lugar la primera parte, la que pusimos en corchetes, puede modificarse todo el sentido. Es altamente posible, que en el mito original la mujer concibiera del Yahvé, que no va acompañado del Elohim habitual. Esto nos lleva a pensar que el mito original fue modificado, donde el silbador hipnótico sea el autor de la concepción, en lugar del Yahvé. Esto daría sentido a todo el tema de la guerra entablada por las dos simientes, a lo largo de la concepción desarrollada en los capítulos siguientes. El posible texto original del mito modificado por el autor yahvista, sería:
Ella concibió y parió a Caín, diciendo: “He adquirido de la Serpiente un varón. Conoció Adán a su mujer y volvió a parir, y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor, y Caín labrador.
Si esto no se toma simbólicamente para diferenciar el ser humano bueno del malvado, caemos en el absurdo del racismo.
Existen actualmente seguidores de la doctrina de la Semilla de la Serpiente, dentro del brahmanismo, dentro del pentecostalismo carismático impulsado por William Marrion Branham, y dentro de la Iglesia de la Unificación fundada en Corea del Sur durante 1954 por Sun Myung Moon.
La influencia cultural de la Serpiente
La Serpiente se encuentra presente en todos los mitos antiguos que relatan el origen del cosmos y del hombre:
Eurinoma, Diosa de Todas las Cosas, surgió desnuda del Caos, separó al mar del cielo, bailó sobre las olas, levantó el viento, fue empreñada por él en la forma de una gran serpiente llamada Ofión u Ofioneo y puso el Huevo del Mundo. (Graves – Patai. Los mitos hebreos Pág. 25)
Esto ingresa en el cristianismo primitivo dando origen a una herejía, los ofitas:
Los ofitas herejes del siglo 1 d. de C. creían que el mundo había sido engendrado por una serpiente. La serpiente de bronce que, según la tradición hebrea, hizo Moisés por orden de Dios (Números XXI.8.9) y fue venerada en el santuario del Templo hasta que el rey reformista Ezequías la destruyó (2 Reyes XVIII.4J, indica que Yahvé había sido identificado en un tiempo con un dios-serpiente, como Zeus en el arte órfico. El recuerdo de Yahvé como una serpiente sobrevivió en un midrás posterior, según el cual, cuando Dios atacó a Moisés (Éxodo IV.24 ss) en un albergue del desierto en plena noche, asumió la forma de una gran serpiente y tragó a Moisés hasta los lomos. La costumbre que se practicaba en Jerusalén de matar a las víctimas sacrificiales en el lado norte del altar (Levítico 1.11; M. Zebahim V. 1-5) indica un culto del viento norte primitivo, como el de Atenas. En el mito original, probablemente, la Gran Madre surgía del Caos; el viento de su advenimiento se convertía en una serpiente y la empreñaba; ella se transformaba inmediatamente en un ave (paloma o águila) y ponía el huevo del mundo, que la serpiente enrollaba e incubaba. (Ib. 31)
No solo en Grecia se daba cabida a la Serpiente, sino también en medio oriente:
Las alusiones bíblicas a Leviatán como un monstruo marino de muchas cabezas, o como una serpiente "huidiza" (nahash bariah) o una serpiente "encorvada" (nahash aqalaton), recuerdan los textos ugaríticos: "Si matas a Lotán. . . la serpiente encorvada, la poderosa con siete cabezas ... " y "Y Baal la atravesará con su lanza, como hizo con Lotán, la serpiente encorvada de siete cabezas." El lenguaje se aproxima al hebreo bíblico: Leviatán (lwytn) aparece como lotan; nhsh brh corno bthn (= hebreo pthn, "serpiente") brh; y nhsh 'qltwn como bthn 'qltn en ugarítico (ANET 138b). (Ib. 32)
La Serpiente es quien condena al hombre a la muerte, pues impide su inmortalidad:
Gilgamesh fue en busca de la hierba de la inmortalidad. Entró en un túnel tenebroso de doce leguas de longitud y salió a un paraíso de árboles de los que colgaban joyas y que pertenecía a Siduri, diosa de la Sabiduría. No aceptó la invitación del dios Sol para que se quedara allí y siguió adelante, hasta que supo por Utnapishtim (el Noé sumerio) que la hierba deseada -una planta parecida al tamujo - crecía a gran profundidad bajo el mar. Gilgamesh ató piedras a sus pies, se sumergió, encontró la hierba y la llevó de vuelta sin incon·venientes, pero una serpiente se la robó cuando visitó un manantial de agua dulce. Con tristeza se resignó a morir. (Ib. 90)
Lo mismo sucede en los mitos griegos:
Así, en el mito griego, el Jardín de las Hespérides, cuyos manzanos daban el fruto prohibido, era guardado por la serpiente Ladón, … (Ib 91)
El deseo de concebir de una Serpiente, se consideraba como algo natural en la antigüedad:
El supuesto deseo de serpientes divinas de empreñar a mujeres mortales aparece en muchas mitologías. Serpientes sagradas mantenidas en los templos egipcios actuaban como agentes procreadores de Dios. El segundo Tanis Papyrus contiene una lista de títulos sagrados que se daban a esas serpientes benéficas alojadas en los templos mayores. También entre los griegos las mujeres estériles pasaban toda la noche acostadas en el piso del templo de Asclepio con la esperanza de que apareciera el dios en forma de serpiente y las empreñara durante el sueño. En los Misterios frigios de Sabacio las mujeres se casaban con el dios dejando que serpientas vivas o reproducciones de oro se deslizaran entre sus pechos hasta los muslos. (Ib. 100)
¿Y qué decir de las troyanas?
Las mujeres estériles se bañaban también en los ríos, con la esperanza de que las empreñase el dios-río serpentino. Las novias de Troya se bañaban en el Escamandro y gritaban: "¡Escamandro: toma mi virginidad!" El Ea babilonio, como dios del Éufrates, era representado en forma de serpiente o cabalgando en una serpiente. (Ib.)
Estas dos razas, tanto malvados descendientes de la Serpiente, como justos descendientes de Adán, se debían enfrentar, por lo tanto la historia humana era un conflicto racial. Así llegamos al racismo de finales del siglo XIX, como una resurrección de los mitos antiguos, que dieron vida los reformadores. Esta es la paradoja protestante, tachar de apóstata el cristianismo primitivo y abrazar los mitos paganos, algo que ya le vimos hacer al poeta Friedrich Hölderlin.
El racismo teutón es distinto al racismo sajón. El primero se ubica culturalmente anterior al judaísmo, mientras que el segundo es judaico. Considerando erróneamente al judaísmo como un espejo racial, el teutón rompe el espejo, mientras el sajón se identifica con él. Cualquier observador superficial, podría opinar que la guerra entre ambos racismos, podría estar a las puertas del siglo XX.
El racismo sajón quería promover la supremacía blanca. Las versiones modernas de la doctrina de la Semilla de la Serpiente fueron desarrolladas dentro de las enseñanzas del Israelismo británico por Charles Adiel Lewis Totten (1851 – 1908). Nacido en New London, Connecticut. Fue miembro de la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point, enseñó ciencias y tácticas militares en la Universidad de Massachusetts Amherst) desde 1875 hasta 1878. En 1881 Totten participó en la Campaña Chiricahua contra Apaches en Arizona. Fue profesor de ciencia y tácticas militares en la Cathedral School of St. Paul en Nueva York, en la Universidad de Yale.
Abandonando al ejército se dedicó a divagar sobre temas diversos: Cronología bíblica y distintos temas esotéricos. Su obra The Our Race es un aburrido divague en 26 volúmenes.
Los “sionistas cristianos” surgen en el Albión. Toda su teoría puede leerse desde las 60 páginas de Israel in Britain, publicada en 1890 por John Garnier. Totten continuó con esta ideología. Muchos abrazaron los volúmenes de Totten, hasta Mary Baker Eddy, La Loca, los aprobó.
Según estos reformadores, las Diez Tribus Perdidas que los Asirios deportaron en el 722 a. C., fueron a parar a las Islas Británicas, siendo los sajones sus sucesores, y la Reina Victoria, sucesora del rey David. No es que dichos habitantes fueron deportados y diluidos con otras poblaciones. Tampoco cuenta que muchos huyeron hacia el sur, en Jerusalén, que incrementó su tamaño cinco veces durante este periodo, requiriendo que una nueva muralla fuera construida y una nueva fuente de agua fueran proveídas por el rey Ezequías.
El mito de las diez tribus perdidas, circuló por pensadores en la historia y se aventuraron a decir que estas tribus podían estar en cualquier parte. Ya vimos como plasmaron este mito los mormones.
Como veremos, esto llega al Ku Kux Klan, siendo otro reformador pentecostal, quien lo dogmatiza en su interior.
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Hoy, la ciencia moderna dio un mazazo a este mito en todas sus aplicaciones, sobre cualquier pueblo en particular. Si vamos al caso, existe más sangre judía entre los españoles que entre los sajones, siendo Cervantes y Santa Teresa de Ávila un ejemplo de lo que digo. Hecho irrefutable que la soberbia sajona y reformista, de ningún modo puede aceptar. Por supuesto, los españoles, donde más sangre judía circulaba, no eran racistas, pues eran católicos y tenían bien presente, que Dios no hace acepción de personas. Para ellos, la religión era su origen racial.
