Calesita

lunes, 6 de abril de 2026

Pentecostales Católicos o el catolicismo patas arriba

 



El primer documento de Malinas, lo redactó el teólogo benedictino Killian McDonnell en 1974. Monje nacido en Montana, recibe su doctorado en la Facultad de Teología de Trier en Alemania. En el mismo se dice que se consultó a los siguientes “teólogos”. Avery Dulles, SJ. (USA), Yves Congar, OP. (Francia), Michael Hurley, SJ. (Irlanda), Walter Kasper (Alemania), René Laurentin (Francia), y Joseph Ratzinger (Alemania).

De Congar y Kasper, nada nos extraña. Congar, un dominico de un catolicismo liberal, fue perito del Concilio. Su educación la recibe de Marie Dominique Chenu, cuyos libros fueron a parar al Índice. Para completar su trayectoria, en 1980 apoyó la teología de la liberación, y la Nouvelle Théologie. Era un “todoterreno” teológico.

De Ratzinger, pensemos que estaba en su juvenil etapa moderna. Con lentitud evolucionará lentamente hasta ser odiado por los neomodernos.

El padre Hurley cofundó la Escuela Irlandesa de Ecumenismo en 1970 y fue un firme defensor del mismo. Su labor en la escuela fue rechazada por el arzobispo John Charles McQuaid, quien prohibió a Hurley hablar sobre ecumenismo dentro de Dublín.

Walter Kasper fue un enemigo declarado de Juan Pablo II, y el padre de la actual herejía alemana dentro del catolicismo. Un personaje imbuido del idealismo hegeliano.

Estos son los consultores, o se dice que fueron ellos; pero quien convalida el documento es el Cardenal Léon-Joseph Suenens, prelado de corriente liberal.

Lengua pentecostal ambigua y contradictoria

El lenguaje del documento, me recuerda el mismo lenguaje ambiguo del Vaticano II. Se comienza afirmando algo, para terminar insinuando lo opuesto. (Como ejemplo analísese el artículo 21 de la Sacr. Conc.).

Así leemos en A,2:

La Renovación Carismática no pretende promover una vuelta simplista, desprovista de todo sentido histórico, a una Iglesia neotestamentaria idealizada. Reconoce, sin embargo, el papel único de las comunidades del Nuevo Testamento y pretende continuar en la tradición que llama a todos los hombres a la conversión y al Reino. Cualesquiera hayan sido las formas anteriores de renovación, la «Renovación Carismática» de la que hablamos quiere situarse en la tradición católica, ...

Sin embargo se afirma en Orientaciones Pastorales,3:

Dios comienza a actuar, en la comunidad, de una manera nueva y que, aparentemente, reviste el carácter de una intervención más allá de la historia.

¿En qué quedamos? ¿Se sitúa en la historia o va más allá de ella? ¿Es Tradicional o Nueva? De este modo el espíritu trae el don de lenguas, sobre todo la ambigua y contradictoria.

Dentro del evangelio de Göethe

Que a Malinas 1, lo podamos ubicar en el evangelio de Göethe, no nos defrauda:

Observadores de la vida religiosa ven en la expansión de la Renovación Carismática la manifestación de un nuevo dinamismo en la vida de la Iglesia.

O sea dynamis (δυναμις), o die Tat. ¡Una dynamis nueva, o sea una que no existió antes!

En B, donde se trata el Fundamento Teológico titula el punto 1:

La vida intratrinitaria y la experiencia cristiana.

No se trata de dogmas, sino de vida y su consecuente experiencia. He aquí el nuevo método. De allí que el punto 7, trata sobre Fe y Experiencia. Más adelante, se verá como la experiencia tomará el lugar de la fe.

De modo que nos guste o no, volvemos a los inicios de Parham y al Azusa Street de Seymour, con su consecuente eclosión dionisíaca:

Apliquemos lo anterior a lo que se llama, en el seno de la Renovación, «efusión del Espíritu» o, en ciertos grupos, «bautismo en el Espíritu»

Esta experiencia de renovación se siente a veces como una especie de resurrección y se expresa gustosamente en términos de alegría y entusiasmo.

Pregúntenle a los santos y anacoretas, en qué consistió su alegría y entusiasmo. Pregúntenle a San Juan de la Cruz, lo que pensaba sobre la noche oscura… ¿Acaso no se distorsiona el catolicismo? He aquí la experiencia de Jesucristo:

Cristo Jesús, quien, existiendo en la forma de Dios, no reputó codiciable tesoro mantenerse al igual con Dios, sino que se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Fil. 2,6-8)

Con esta experiencia, aconseja San Pablo, poseer estos mismos sentimientos, apelando a la φρονησις, a la sabiduría, a la sensatez:

Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. (Fil. 2,5)

Esto señala cual es la experiencia católica, humillarse y morir de cruz para ser exaltado junto al Padre.

Una teología patas arriba

La teología del pentecostalismo, es un camino a la inversa del catolicismo. Esto responde a que sigue el evangelio romántico de Göethe.

Si todo comienza con la Tercera Persona Trinitaria, la misma ocupa el lugar del Padre. El Espíritu Santo ya no es una procesión, es un absoluto del cual penden las restantes Personas Trinitarias, las que le están sujetas con alguna propiedad. Esto no se dice, pero se hace. Es la nueva lógica, el hacer determina el ser. Agere sequitur esse.

En realidad volvemos al viejo pragmatismo moravo del siglo XVIII con Nicolás Ludwig von Zinzendorf. Este no es un Espíritu de vida, sino un espíritu de pragma. Lo vemos reflejado en el siguiente texto:

Es preciso mucho tacto y discernimiento para no extinguir lo que el Espíritu está a punto de obrar, en las Iglesias, para reunir a los cristianos. Una delicadeza semejante se precisa para que la dimensión ecuménica de la Renovación no se convierta en ocasión de división y en piedra de tropiezo.

En los grupos ecuménicos hay que vigilar para ponerse de acuerdo sobre la forma de preservar la unidad fraternal sin dañar la autenticidad de la fe de cada miembro. (E,2)

Es la concepción de neto corte protestante, donde se dice, lo que una buena vez les decía el anglicano Tony Palmer a los pentecostales:

―El Espíritu Santo nos dirá en lo que debemos creer.

¿Desde cuándo el Espíritu Santo enseña? Aquí se toma por sentado que es el generador del Logos.

El Bautismo en el Espíritu

Ya vimos en artículos anteriores, como el eje del pentecostalismo afro-sajón gira sobre la concepción del Bautismo en el Espíritu. El documento respira el ambiente del Vaticano II. No podía escabullirse de él. Era el gran dogma de la era del 60, donde se iniciaban las tinieblas de las que hablaban nuestros místicos. Por tal motivo, no presenta el Bautismo en el Espíritu Reformador, como lo que en realidad fue, sino que lo disimula con palabras suaves para no herir a los protestantes. Obsérvese esta infantil opinión de un franciscano sobre el origen pentecostal dentro de los reformadores:

Un pastor metodista, Carlos Parnam, comenzó a predicar al Espíritu Santo y sus sermones se vieron acompañados de manifestaciones carismáticas y una indiscutible renovación interior. Otro pastor metodista, M.Y. Seymour, testimonio de tales experiencias, se puso igualmente a predicar sobre el Espíritu Santo en los Ángeles. Era muy humilde y pobre, predicaba desde su barraca de madera. (Visto en Mercabá)

La diferencia de teología y de fe, es abismal entre la reforma y el catolicismo. ¿Cómo resuelven este problema los pentecostales católicos? Muy simple, apelando al nominalismo. No es una diferencia de principios de fe, sino algo más simple. Es una diferencia de nombres entre uno y otro. Por lo tanto, el documento presenta alevosamente en el punto 2, tan solo un problema de vocabulario. Nótese la consecuencia. El Bautismo en el Espíritu, no une lenguajes, sino que los diferencia, y lo muestra como los lenguajes de la Torre de Babel. ¿Qué espíritu puede producir este efecto?

Así en el seno del pentecostalismo clásico («Asambleas de Dios») y del neopentecostalismo protestante contemporáneo, términos tales como «conversión», «bautismo en el Espíritu», «recibir el Espíritu», «estar lleno del Espíritu», revisten significaciones específicas. En el contexto católico su sentido puede ser bastante diferente. (C,2)

Veamos ahora el maquillaje que se emplea:

Sin entrar ahora en una discusión crítica de esta doctrina, hay que reconocer que la doctrina católica de la santificación se formula en términos diferentes. (Ib.)

No son verdad y mentira, luz y tinieblas. Todo se reduce a simples términos. Era el nominalismo conciliar en boga.

Luego se reconoce la diferencia, la cual no es una simple cuestión de vocabulario, y en esto se contradice el Malinas 1, con lo dicho anteriormente, puesto que su lengua es ambigua y contradictoria:

...la fórmula «bautismo en el Espíritu», parece referirse a una especie de segundo bautismo que vendría a añadirse al bautismo sacramental. Esta impresión, debemos subrayarlo, no corresponde con la convicción de los católicos comprometidos en la Renovación que, como un buen número de sus colegas protestantes, reconocen con san Pablo que no hay sino «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4, 5).

Obsérvese la delicadeza, o como decía el hereje Bergoglio, la ternura del vocabulario: “parece referirse”. No parece, es. Pero vayamos a la esencia de todo esto:

De todas formas es exacto que, para los pentecostales clásicos y para algunos carismáticos protestantes, el «bautismo en el Espíritu», designa una nueva efusión del Espíritu, teológicamente más significativa que el bautismo de agua y a menudo separada de todo contexto sacramental. (Ib.)

Esto es algo que a los reformadores no los incomoda, después de dar de baja a una serie de sacramentos, negar uno más da lo mismo. ¡Qué le hace una mancha más al tigre! Por lo tanto llegamos a este jugoso punto:

d) Legitimidad de un pluralismo terminológico En éste, como en otros puntos, la experiencia norteamericana de la Renovación no debe ser considerada como normativa. En otros lugares se ha considerado necesario sustituir la expresión «bautismo en el Espíritu», por otras similares. En Francia y en Bélgica se habla a menudo de «effusion» del Espíritu; en Alemania de «Firmerneuerung»; en lengua inglesa se emplean a veces las expresiones «release of the Spirit» o «renewal of the sacraments of initiation». En esta búsqueda de un vocabulario adecuado, conviene vigilar para que los vocablos empleados no dañen en exceso lo que tiene de específico la Renovación en cuanto experiencia espiritual, es decir, el hecho de que la fuerza del Espíritu Santo, comunicada en la Iniciación Cristiana, llega a ser objeto de experiencia consciente y personal. (2,d)

Significa que ahora dentro del catolicismo, para que pase desapercibido el Bautismo en el Espíritu, se hace necesario un cambio de nombre. Ahora este perro, se llama Efusión en el Espíritu o Firmerneuerung. Y este cambio de nombres, para colmo es legítimo. ¿Quién le otorga la legitimidad? ¿Son acaso los conceptos? En absoluto, puesto que no se corresponden. Quien otorga la legitimidad es la acción, die Tat, a la cual están sujetos. La legitimidad lo da la dynamis misma. O sea que llegamos a un catolicismo patas arriba.

La religión pasa a ser cultura

El documento es todo una fábrica de maquillajes. En C,1 se habla de contexto teológico-cultural. Estamos ante diversas culturas determinadas por la fe. La así llamada cultura, es en realidad una religión, pues abarca una forma de atarse a Dios. Se busca por todos los medios eludir la diferencia religiosa existente, maquillándose de simple cultura movible y ajustable. Es la religión vista desde la acción. Se mira la dynamis, die Tat. Esto produce culturas distintas. Es la romántica teoría de Herder. Así llegamos a disimular la diferencia de credos que son los obstáculos insalvables en todo este terreno. Pero como die Tat genera el Logos, se dice sin vueltas:

Esto no quiere decir que ese lenguaje verbal y cultural esté desprovisto de autenticidad o de enseñanza teológica.

Que posea una enseñanza teológica es real, pero que sea auténtica es ambiguo. Todo depende del alcance que se le otorgue a la autenticidad. Puede ser auténtico para la Reforma, pero in-auténtico para el católico.

Este maquillaje produce el concepto de cultura teológicoeclesial. ¿Y qué es en definitiva?

Se trata, en concreto, de un conjunto-orgánico que incluye el sentimiento religioso, las confesiones de fe, la liturgia, la vida sacramental, la piedad popular, las formas de ministerios y de estructuras eclesiales, etc. Sin ser algo estático, puesto que emerge de la experiencia viva de una comunidad en constante evolución, de acuerdo con los lugares y los tiempos.

Es otra religión, maquillada con la capa de cultura, la cual está en constante evolución. ¡A no extrañarse! No evolucionan los credos, evolucionan las acciones que modifican los credos. Es el evangelio de Göethe dentro de la concepción de Herder. Y este evangelio se aplica tanto a la Reforma, cuanto al catolicismo.

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La gran pregunta que surge de todo esto, es cómo no se excomulgó a toda esta corriente. Y una respuesta que puede justificar esta debilidad, es el pastoralismo que reinaba entonces, tonificado con el awakening y el revival del Concilio.