¿En qué consiste dicha Window?
La sociedad moderna es tolerante, al punto que puede ser llevada hasta el suicidio. De allí la posibilidad de manipular su “sentido común”. Allí radica el nudo de la cuestión. Para que esta técnica funcione y lleve a la metamorfosis deseada, se requiere aceptar la tolerancia y poseer un cierto grado de sincretismo.
Analizando su estructura, se afirma que se deben dar ciertos pasos para cambiar las costumbres existentes.
El neomodernismo occidental no se maneja con principios dogmáticos, sino con simples costumbres, y la costumbre se basa en la aceptación de una idea, la cual siempre es volátil.
Detallando la técnica, sus manipuladores parten desde lo unthinkable (inconcebible) y mediante el “debate”, siempre democrático llegan a lo radicalmente aceptable, para aterrizar en la política estatal. En otros términos, cómo hacer para que una idea tabú pase a ser ley del estado.
El ejemplo lo tenemos en el aborto. De su prohibición considerado un homicidio, pasó a ser una ley. Otro caso es la eutanasia. Si se penaba con el presidio, hoy es alabada y legislada.
Como vemos, dicha ventana es un proceso, para las masas, compuestas en su mayoría, por débiles mentales. Es lo que sucede en el mundo occidental, donde no existen dogmas que regulan las costumbres, donde el hombre es el único legislador de sí mismo.
Esta Overton Windows ingresó en la mente de los prelados, dentro de esta Iglesia, donde los dogmas pasaron a un segundo plano. Para dar un ejemplo cotidiano, repasemos este proceso con sus distintos estados, los cuales siempre van en declive, tomando como ejemplo la costumbre eclesial de comulgar con la mano.
1. De lo impensable a lo radical
Antes del Vaticano II, a nadie se le podía ocurrir comulgar usando las manos. Sin embargo la Sacrosanctum Concilium impulsó rever los arqueologismos. Desde la década del 70 comulgar con la mano era algo radical. Lo hacían ciertos círculos en el más puro secreto, como me tocó participar en persona. Era un hecho fuera del margen común.
2. De lo radical a lo aceptable
Algo que causaba horror antes del Vaticano II, ahora con el arqueologismo se lo veía más amigable, más amable, en fin, podía ser aceptable. Los que se capacitaban en Roma, ―una Roma bien influenciada por las logias― aprendían que se debía hacer de ese modo, y esto se fue extendiendo lentamente.
3. De lo aceptable a lo sensato
Los jesuitas comenzaron a propagar, que la mejor forma de comulgar era con la mano. Ya no era algo excéntrico, ahora se trataba de una costumbre racional.
4. De lo sensato a lo popular
La nueva forma de comulgar para el civil (alias “laico”), se fue extendiendo con fuerte apoyo masivo y la prédica constante, afirmando que quien lo hacía en la boca era un retrógrado analfabeto, totalmente falto de una higiene elemental.
5. De lo popular a la norma general
Lo que todos hacen ya sin excepción, es ley oficial. No van a dictar una norma escrita para no comulgar en la boca, pues esta iglesia hace tiempo que carece de normas. Tan solo se manejan con costumbres vagamente admitidas por una masa manipulable.
De este modo, una iglesia que se incorporó al mundo occidental, abrió la ventana de Joseph P. Overton, exvicepresidente del centro de estudios Mackinac Center for Public Policy.
Todo lo que toca esta iglesia, lo transforma para deformar. Es decir, buscar la peor forma posible, la cual siempre deja de lado el aspecto sagrado y mistérico.
El diaconado femenino
Un caso mucho más patético de la Overton Windows, se da en otorgar el diaconado a las mujeres. Quien lo explaya es el Arzobispo Viganò en una entrevista hecha por Life Site News. A la pregunta del periodista responde:
El diaconado femenino es la elección, porque el Sacramento de las Órdenes Sagradas es solo uno en sus tres grados: admitir a una mujer en el diaconado significa admitir que es capaz de recibir las Órdenes Sagradas, y en ese momento la exclusión del sacerdocio parecería una discriminación pura que debía ser retirada. No es casualidad que la admisión de mujeres en órdenes sea promovida por movimientos anticatólicos en nombre de la igualdad de género que la iglesia sinodal acoge y hace suya. Los neomodernistas lo saben perfectamente bien, y por eso no piden inmediatamente la ordenación sacerdotal: piden roles de gobierno, presencia en la Curia, "ministerios" instituidos, liturgias "inclusivas". Cada paso prepara al siguiente, y cada paso se presenta como inofensivo. Los obispos nombrados por Provost no fueron elegidos a pesar de sus cargos en el diaconado femenino, sino precisamente por ellos: quienes nombran a un obispo conocen sus ideas, y quienes nombran a muchos con las mismas ideas están construyendo un episcopado que, en el momento adecuado, preguntará "desde abajo" lo que el Papa desea conceder "desde arriba". Esto es la sinodalidad: la puesta en escena de una cuestión cuya respuesta ya ha sido decidida.
Observemos los pasos. Ordenar mujeres es unthinkable, admitirlo se hace una idea radical. Fue el Vaticano II quien abrió la Overton window, con Nostra ætate. De allí en más se ingresó en la evolución decadente del mundo, contra el cual se peleaba. El mundo, ahora en esta barca eclesial con las velas arriadas, impone la utópica igualdad de géneros. Es la ætate y no se puede decir que no, pues la window está abierta. La idea debe ser acceptable para ponerse a tono con la nostra ætate.
Luego se da el paso siguiente hacia lo sensible, con acciones que parecen inofensivas, pero en realidad no lo son. Lentamente se socava la idea y se hace acceptable con la elección de nuevos obispos que responden a lo popular, que es el paso siguiente. Finalmente todo se transforma en ley, al entrar en la policy.
¿Cómo se hace esto? Muy simple, con el método bergogliano de la sinodalidad. Un verdadero instrumento revolucionario, alma viviente de su dialéctica. Llegado el momento, se da lo que afirma Viganò, en el momento adecuado, (se) preguntará "desde abajo" lo que el Papa desea conceder "desde arriba".
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Con este sistema no se hace necesario un lavado de cabeza. Tan solo basta con implantar el tema para el debate, hasta que el mismo se vuelva acceptable. Fue el Vaticano II quien abrió la Overton Windows. Los nuevos aires ingresaron en la Iglesia. Se decía que era una brisa primaveral. El Espíritu Santo tan invocado por Juan XIII, por fin había descendido sobre la masa eclesial. Era el espíritu del Concilio que envolvía a todos los prelados. Con el paso del tiempo, logramos entender, que en realidad se trataba de aires bien otoñales y desde entonces, la Overton window, nunca se cerró.
Nadie discute dogmas, tal como lo hizo el Vaticano II. Los mismos pasaron al olvido. Como ejemplo clásico, se pueden analizar las canciones con fuerte contenido dogmático que en la liturgia preconciliar cantaban los fieles, para compararlas con las vagas canciones actuales, y se podrá notar, cómo se pasó de la era dogmática a la era de vacío conceptual. Sin lugar a dudas, el espíritu del Concilio, consistía en la Overton Windows.
