Regresamos al escrito comentado en la entrada anterior. Estábamos con el artículo de John Lane desde un sitio web, que hoy tan solo se puede rastrear desde Internet Archive. Ahora nos concentraremos en esta pregunta:
¿Qué tiene de malo que se nombre a León XIV 1 como papa en el Canon, o Plegaria Eucarística como lo llaman en el decadente rito Bugnini? Como dicen ellos, existen Plegarias varias. Está la I, la II, etc. etc. La más usada es la II, pues como afirmaba un sacerdote, es la más corta. Luego de aburrir con un sermón de media hora, en unos minutos se despacha todo el rito. Si las lecturas y el sermón duran casi 45 minutos, solo nos quedan poco menos de diez minutos para dicha plegaria. Y si son muchos los que comulgan, están los hombres, mujeres o adolescentes que aceleran el rito distribuyendo hostias en la mano a diestra y siniestra. Es el espectacular Rito Bugnini, tildado por Ratzinger como Rito Ordinario, el cual por su secularización, resulta realmente “ordinario”.
Como ya se comentó someramente en la entrada anterior, sería un error nombrar a León XIV como papa. En este terreno seguimos el artículo ya mencionado:
Aquí consideramos la cuestión más específica: ¿qué efecto tiene nombrar al heresiarca en el Canon? Se han presentado diversos argumentos con la intención de demostrar que la Misa se vuelve inaccesible para los católicos cuando se nombra a herejes declarados como León XIV en el Canon.
Pasemos a mencionar los argumentos de los ultramontanos, que ven un serio peligro en la mención de dicho papa durante el Canon, alias Plegaria Eucarística Nºx.
Recordemos al respecto, que en la misa romana, el Canon lo recita el sacerdote siempre en silencio manteniendo el secreto tradicional, incluso en los ritos de oriente. Por el contrario, en el Rito Bugnini, tildado de “ordinario”, no existe secreto alguno, pues se ha secularizado y se dice a toda voz.
Argumento 1
Cuando un sacerdote menciona a León XIV en el Canon, quien es un no católico, los fieles nunca pueden asistir a las misas de no católicos.
Argumento 2
La misa donde se menciona a León XIV es una "misa cismática" por el hecho de celebrarse en unión con un no católico caído en idolatría, quien desprecia la moral católica, por la cual virtieron su sangre muchos mártires. Ergo los católicos no pueden asistir a ella.
Argumento 3
Dicha misa es ilícita y por lo tanto, los fieles tienen prohibido estar presentes.
Argumento 4
Finalmente, se ha argumentado que la presencia en dicha misa implica una aprobación o cooperación implícita con el reconocimiento de León XIV como papa, lo cual, para quien lo rechaza, constituye un pecado. Peor aún, se ha afirmado que dicha asistencia a la misa es un acto de comunión con el propio JLeón XIV, de modo que quien lo realiza a sabiendas se convierte en cismático.
Para John Lane, ninguno de estos argumentos impide asistir a dichas celebraciones litúrgicas. Y lo dice nada menos que un sedevacantista atávico. Para ello saca a relucir las opiniones tradicionales de ciertos teólogos:
Las autoridades teológicas y jurídicas que conozco solo mencionan tres tipos de misas que los fieles están obligados a evitar.
La primera prohibición es sobre las misas que dan los no católicos, pero aclara:
Esta es una ley general que puede tener excepciones.
Por mi parte, leyendo el Canon “traducido” de la Plegaria I, ―esa que los sacerdotes eluden―, se reza:
Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
que aceptes
y bendigas + estos dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa N.,
con nuestro Obispo N.,
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.
Haciendo un somero análisis, se pide aceptar, y bendecir el sacrificio que se ofrece al Padre. La oración da por sentado que tanto el Papa como los obispos son católicos. Quien la recita no intenta salirse del catolicismo. Podría cometer un error, pero esto no impide en absoluto asistir a dicha Misa. Si el mencionado papa no es católico, la ofrenda sigue en pie, pues el error no obstaculiza el rito del sacrificio.
La segunda prohibición atañe a las misas cuyo rito es heterodoxo, y aclara:
La Ley Divina prohíbe la cooperación en el culto falso.
¿Dónde se encuentra el culto falso?
Hoy se producen deslices dentro del rito Bugnini, como bailes, un obispo que ingresa al altar montando una bicicleta, mujeres que dicen concelebrar, pastores y pastoras protestantes recitando la susodicha “Plegaria Nº x”. Todo esto es heterodoxo y un buen católico debe alejarse, pues se trata de ritos falsos.
Un caso a tener en cuenta, es la proliferación inaudita en la historia, de “repartidores” de comuniones, tanto hombres, mujeres, adolescentes o niños. ¿Gozan de la autorización de su obispo? Esto ya no es garantía para nadie. Los mismos obispos están inmersos en esta feroz crisis y son los primeros que cayeron en la heterodoxia. La distribución de la comunión por parte de civiles (llamados laicos), se otorgó como excepción en determinados casos, que los heterodoxos hicieron rápidamente en su norma general. Un buen católico debe dejar en soledad al dicho “ministro” o “ministra” pues no lo son en absoluto. Así como existen falsos ritos, existen falsos ministros. Es la desacralización que produjo lentamente el rito Bugnini, el cual fue llevado a la secularización.
El rito Bugnini, fue el inicio del rito “fai da te”, o dicho en español, el rito cuentapropista. En otras palabras, es un rito falso.
Lo mismo dígase de la comunión en la mano. Otro rito heterodoxo, tomado de la arqueología para secularizar un poco más. Si se prohíbe la comunión en la boca, se debe buscar un rito de comunión ortodoxa.
Sin lugar a dudas, podemos afirmar que el rito Bugnini o cuentapropista, en la actualidad se transformó en un monstruo de siete cabezas, cuya consagración puede llegar a ser, no solo dudosa sino falsa. El católico en este campo debe elegir. Recibir un trozo de pan, o recibir el cuerpo de Jesucristo.
La tercera prohibición, atañe a las misas de sacerdotes que viven en concubinato público y aclara John Lane:
La ley de la Iglesia en la Edad Media prohibía a los fieles asistir a tales Misas.
Si no se permitía asistir a Misas de sacerdotes en concubinato, ¿qué decir hoy de los escándalos homosexuales? Al menos el sacerdote u obispo que vive en concubinato sigue una ley natural; pero el homosexual actúa contra la misma naturaleza. ¿Se comprende ahora la causa por la que no existen preceptos, leyes o cánones que se respeten en esta iglesia? Buscan desesperadamente construir una iglesia sin leyes y ¡ excomulgan a quienes las siguen! Por lo tanto, no se puede asistir a Misas donde ondeen banderas del arco iris, donde se observen lienzos con dichos colores, donde estos colores reemplazaron la cruz en las estolas, donde se exaltan marchas homosexuales.
Y sigue John Lane:
Por lo tanto, según los autores aprobados de la Iglesia Católica, cualquier «defecto» de un sacerdote o de una misa que no se ajuste a estas tres categorías no constituye motivo para prohibir la asistencia de los fieles. Y, de hecho, las misas que aquí consideramos no contravienen ninguna de estas razones prohibitivas.
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Hoy algunos iluminados, se preguntan qué rito ganó y qué rito perdió. Parece que están jugando una partida de cartas con figuras de ritos. No se trata de ganar o perder, se trata de no desacralizar para no secularizar. Se trata de ortodoxia. Se trata de no hacer un rito cuentapropista. Cuando se cae en ellos, la respuesta es simple y la da el Evangelio mismo:
Cuando viereis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, en el lugar santo, ―y el que lea esto lo entienda― entonces los que estén en Judea huyan a los montes. (Mat. 24,15-16)
El rito heterodoxo, es una abominación. El rito que exalta la homosexualidad, es abominable, y lo que se debe hacer, es huir, abandonarlo, dejar a quien lo practica, en perfecta soledad.
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NOTA
1 Siguiendo la costumbre ya establecida, el papa original en el texto era Juan Pablo II. Los sedevacantistas lo sustituyeron por Francisco. En este caso, lo adapto a Prevost, alias León XIV.
