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martes, 9 de abril de 2019

¿Qué hacer con este papado herético? Disputant auctores (III)


Esta tercera teoría se deduce de las opiniones informales del Profesor Roberto De Mattei. Su declaración completa puede leerse en este sitio--->.
III. La teoría de la espera política
De Mattei en su declaración, presenta tres caras:
1. Está de acuerdo en algunos puntos con la opinión quietista de Schneider, criticando el resto de su opinión.
2. Afirma que sigue los conceptos de Arnaldo Xavier da Silveira.
3. Reivindica la posición de Schneider por ser en este momento una alternativa política válida.
Veamos sus declaraciones.
De Mattei está de acuerdo con la posición quietista:
1. Para empezar, estoy totalmente de acuerdo con monseñor Schneider cuando admite la posibilidad de que un pontífice pueda difundir errores doctrinales o herejías, aunque jamás lo haga ex cathedra. La hipótesis del papa herético no sólo está sustentada por casi todos los teólogos y canonistas, sino que es también un hecho histórico que se dio, por ejemplo, con el papa Honorio, y que puede trágicamente repetirse.
2. Otro aspecto que aclara bien monseñor Schneider a la luz de las enseñanzas de la Iglesia es la postura que se debe adoptar cuando un pontífice incurre en herejía: «Al lidiar con el trágico caso de un Papa herético, todos los miembros de la Iglesia, comenzando con los obispos, hasta los simples fieles, tienen que usar todos los medios legítimos, como las correcciones privadas y públicas del Papa errante, constantes y ardientes oraciones y profesiones públicas de la verdad para que la Sede apostólica pueda nuevamente profesar con claridad las verdades divinas, que el Señor confió a Pedro y a todos sus sucesores».
Luego constata con lógica que la teoría de Schneider es insuficiente:
1. No basta con rezar en silencio como si no hubiera pasado nada.
2. Hay que resistir y reaccionar. Y la mejor manera de hacerlo es la corrección fraterna, que corresponde principalmente a los obispos y cardenales, pero que también pueden hacer llegar al Sumo Pontífice los simples laicos, como se hizo con la Correctio filialis. «En este tema el factor numérico no es decisivo. Es suficiente que incluso un par de obispos proclamen la integridad de la fe y corrijan así los errores de un Papa herético.
Por último, contradice la opinión quietista:
Esta afirmación me deja algo perplejo: «Un Papa no puede ser depuesto en ninguna forma y por cualquier razón, ni siquiera por herejía». Monseñor Schneider niega la posibilidad de que un pontífice sea depuesto, si bien reconoce que dicha tesis ha sido expresada por grandes canonistas y teólogos, como el cardenal Cayetano y San Roberto Belarmino, que son partidarios de ella.
En la segunda cara se declara partidario de la opinión de Arnaldo Xavier da Silveira, a quien hemos expuesto en la entrada anterior.
1. La postura que a mi juicio es más convincente es la del recientemente fallecido teólogo brasileño Arnaldo Xavier da Silveira, la cual resume en el capítulo VII de su libro Hipótesis teológica de un papa herético (Solfanelli, Chieti 2016). Arnaldo da Xilveira sostiene que existe una profunda incompatibilidad entre la herejía y la jurisdicción eclesiástica.
2. Ahora bien, la pérdida del cargo no es automática. Teniendo en cuenta que por la Iglesia una sociedad visible sus actos oficiales deben ser igualmente visibles, el Papa hereje sigue siendo pontífice hasta que se manifieste plena y abiertamente su herejía. San Roberto Belarmino enseña que el papa hereje deja de ser papa cuando se hace patente su herejía. Esto debe entenderse como una manifestación plena, es decir, cuando la herejía se impone obligando a la sana pars de la Iglesia Católica.
3. Si un sector de los católicos considera dudosa o insuficiente dicha manifestación, ello se debe a que la manifestación no es plena o a que no constituyen la parte sana del catolicismo. En ese caso será inevitable el choque, y todo dependerá del sensus fidei de los católicos y de los movimientos de la gracia. En tanto que sea tolerado y aceptado por la Iglesia universal, el hereje será legítimo papa, y en principio sus actos serán válidos.
4. La pérdida del pontificado no será, por tanto, consecuencia de haber sido depuesto por nadie, sino un acto del propio pontífice, que al convertirse en hereje formal y notorio se habrá excluido a sí mismo de la Iglesia visible, renunciando con ello tácitamente al pontificado.
En la tercera cara, opina que la posición de Schneider, es políticamente válida en estos momentos:
1. ...la postura de monseñor Schneider me parece relativamente aceptable en este momento, a fin de evitar el criptosedevacantismo al que tienden algunos tradicionalistas.
2. En cuanto a este punto, mi postura coincide con la de monseñor Schneider, no a nivel de tesis sino a nivel práctico.
3. Me parece que los errores o herejías del papa Francisco, aunque los profese públicamente, no conllevan la pérdida del cargo, ya que no son conocidos y manifiestos para todos los católicos.
4. Muchos de ellos siguen interpretando pro bono las palabras y actos de Francisco sin percibir malicia alguna. No se puede decir que la pérdida de fe del Papa sea evidente y manifiesta.
5. Cuando San Roberto Belarmino y el cardenal Cayetano escribieron sus libros la sociedad era plenamente católica, el sensus fidei estaba desarrollado y era muy fácil percibir la herejía en un sacerdote, un obispo o incluso un papa. Hoy en día la gran mayoría de los bautizados, los sacerdotes, los obispos e incluso el Papa están inmersos en la herejía y son muy pocos los que pueden reconocer la verdadera fe. Por eso, las correctas indicaciones de los grandes teólogos clásicos son difíciles de seguir en la práctica. El célebre canonista Francisco Javier Wenz establece una distinción importante en su Jus Decretalium (tomo VI, 1913, pp. 19-23) entre delitos públicos y notorios. Publicum no equivale a notorio: «Publicum est vocabulum genericum quod sub se complectitur notorium, manifestum et public simpliciter” (p. 21). Un delito es público cuando está difundido pero no todo el mundo lo entiende como delito. En cambio, notorio quiere decir que es conocido de todos: “Los hechos notorios no tienen necesidad de prueba » (can. 1747, 1).
6. En mi opinión, la promoción y difusión de herejía por parte de Francisco es pública, pero no es notoria en el sentido canónico del término. Por esta razón, debemos reconocerlo como Jefe Supremo de la Iglesia Católica.
7. Para mí, no es factible deponerlo; no en tesis, sino en este momento concreto de la historia. Eso sí, todo podría cambiar de un día para otro. En este sentido, yo también, como monseñor Schneider, confío en la Divina Providencia pero sin excluir posible situaciones futuras como la de un papa hereje que deje de ser papa.
***
Crítica y comentario a su teoría
Por lo expuesto en su tercera cara, hemos llamado a esta postura: “La espera política”.
De Mattei entró en el laberinto de la casuística, al que nos lleva de la mano, la posición de Arnaldo da Silveira. Este laberinto, inhibe y paraliza. Nadie sabe como se entra y ni el mismo demonio sabe como se sale. El mismo laberinto al que llevó Bergoglio con los “Amoris Lætitia” para imponer solapadamente la comunión a los divorciados. Es el mismo laberinto del infierno, donde todos conocen como entraron, pero nadie sabe como salir.
El laberinto para el minotauro político de estos momentos, plantea estos puntos:
1. Este papado, ¿es aceptado por la Iglesia universal, es tolerado, o es temido? Como esta es una situación de laberinto, podemos decir que se dan las tres respuestas. Los herejes lo aceptan, y los no herejes lo toleran y muchos lo temen. Olvida De Mattei que este papado, es ferozmente absolutista y puede expulsar a quien se le ocurra.
2. Nuevamente exponemos lo criticado con Mons. Schneider: el laberinto hace que no se vea con claridad. La situación actual no es de tanta sencillez, es bien compleja. Estamos inmersos en un cisma virtual, el cual De Mattei tampoco toma en cuenta, por consiguiente, la parte herética de una iglesia que aún no se desprendió del tronco vital de Jesucristo seguirá proclamando Papa al hereje, lo cual hará siempre posible la situación donde un sector de los católicos considere dudosa o insuficiente dicha manifestación.
3. De Mattei habla de criptosedevacantismo, pero nada del ascenso al papado de un criptohereje como Bergoglio quien se arrodilla a los pies de los pastores pentecostales.
Por su parte cae en estas contradicciones:
1. Si a Bergoglio se lo depone, no puede existir criptosedevacantismo, pues se elegiría otro “papa” en su lugar.
2. De Mattei no parece percatarse que ya vivimos en un criptosedevacantismo. Al perder Bergoglio toda autoridad teológica y moral, la sede de Pedro, bien o mal ocupada, queda de hecho vacante por la desobediencia en masa. La situación donde el mismo autor espera y tolera a un papado herético, se genera desde el criptosedevacantismo. Y en este campo reproduzco la cita de una página:
El episcopado mundial, en su gran mayoría, ha enmudecido respecto al Papa. Como si les diera vergüenza aparecer como aguerridos francisquistas. Más bien parecen a la espera de que el nublado desaparezca. ¿Pero tras el mismo, volverá a salir el sol?
...
Y todo es penoso.
Más dimisiones se suman a las anteriores. Y dando también un portazo. Habrá quien diga que son ratas que abandonan el barco que se hunde. Otros pensarán que ante el naufragio ha llegado el momento del Sálvese quien pueda. Eso es lo de menos. Lo realmente grave es que el barco se hunde. 1
Ante esta situación, De Mattei no tiene respuestas, al menos hasta el momento.
3. Una cosa son todos los católicos del punto “3” de la tercera cara y otra cosa el muchos de ellos del punto siguiente (“4”). Interpreto que esto es una simple entrevista, pero desnuda fallas de visión general.
4. Existe un sector de católicos que ha respirado herejías y aplaude el papado herético, como lo hace el episcopado argentino, por citar tan solo un ejemplo. Estos supuestos “católicos” adolecen de toda autoridad para definir acciones en un futuro próximo, y sus aplausos u apoyos al papado herético no pueden ser tomados en consideración.
5. Su contradicción se hace patente, porque por un lado lo reconoce como Jefe Supremo de la Iglesia Católica y por otro lado afirma que las decisiones heréticas pueden ser válidas. ¿Cómo puede entenderse semejante disparate?
Por otra parte, creo que saca una pésima conclusión al decir “las correctas indicaciones de los grandes teólogos clásicos son difíciles de seguir en la práctica.”
Esta es una peligrosa simplificación de la situación presente. Qué entiende De Mattei por católicos. ¿Kásper es católico? ¿Marx es católico? ¿Parolin es católico? ¿La línea pederasta de la Santa Sede es católica? Quiénes son todos los católicos? Un análisis vago y poco realista de la situación.
Como dice él: Hoy en día la gran mayoría de los bautizados, los sacerdotes, los obispos e incluso el Papa están inmersos en la herejía y son muy pocos los que pueden reconocer la verdadera fe.
Justamente por este motivo es más apremiante seguir las indicaciones de los grandes teólogos.
***
Esta posición de La espera política, se diferencia de la quietista de Schneider porque no duerme en la bodega de la barca. A De Mattei no lo encontramos en un camarote de la nave, sino despierto sobre la cubierta: mira la tormenta, mira los marineros, y espera, ¿qué espera? Lo notorio en el capitán. Algo que solo él cree ver.
La diferencia entre “público” y “notorio”, en estos momentos es una distinción bizantina que en nada modifica la realidad. Él mismo dice vivir en una sociedad muy diversa a los antiguos pensadores, por consiguiente en una iglesia superinformada, como la que vivimos, la diferencia entre “público” y “notorio”, en la práctica no existe.
Si Bergoglio es hereje, ya sea público o notorio, perdió ipso facto toda autoridad, sus acciones como Papa o supuesto papa no son válidas en absoluto. 
La realidad siempre es superior a la ley. No se puede esperar una situación canónica en una situación de tanta emergencia. Las leyes no crean la realidad, simplemente les dan un orden.
Haciendo una alegoría final, De Mattei se parece al médico, que ante una gangrena, aconseja no cortar el miembro, sino esperar que se manifieste mucha más.

1 https://infovaticana.com/blogs/cigona/tremendo-articulo-de-specola-en-infovaticana/

jueves, 4 de abril de 2019

¿Qué hacer con este papado herético? Disputant auctores (II)


El ensayo de Arnaldo Xavier da Silveira (1929-2018) es muy consultado en estos días, quien plantea el tema del papa hereje y lo deja abierto, invitando a que otros se sumen con sus aportes para buscar un acuerdo general entre los teólogos, de modo que una opinión determinada pueda clasificarse como teológicamente cierta. Hoy este tema se ha vuelto crucial para quienes siguen creyendo que el porteño Bergoglio, es realmente un papa caído en herejía.
II. La teoría de la incompatibilidad radical
En síntesis, esta teoría se resume considerando que el hereje, se ha desprendido del tronco de la Iglesia y por consiguiente es imposible que sea su cabeza visible y Vicario de Jesucristo.
El pensamiento completo de Arnaldo Xavier da Silveira puede leerse por la web desde el inglés.1 Aquí tan solo transcribimos algunos párrafos que creemos esenciales.
En su primer capítulo menciona las cinco opiniones que se dan sobre un papa hereje:
1 - El Papa no puede ser un hereje;
2 - cayendo en la herejía, incluso meramente interna, el Papa ipso facto pierde el Pontificado;
3 - a pesar de que cae en una herejía, el Papa no pierde su cargo;
4 - el papa hereje no es depuesto ipso facto, sino que debe ser declarado depuesto por la Iglesia;
5 - El papa hereje es depuesto ipso facto en el momento en que se manifiesta su herejía. (pág. 143)
En su Capítulo VII de la Segunda parte, dice el autor que sigue la opinión de San Roberto Belarmino (1542-1621) que sería la quinta opinión y pasa a desarrollarla:
1. Posibilidad de un papa hereje.
No encontramos, ni en la Escritura ni en la Tradición, razones que demuestren la imposibilidad de la caída de un Papa en la herejía. Por el contrario, numerosos testimonios de la Tradición hablan a favor de la posibilidad de caer en una herejía, y estudian las consecuencias que tal hecho tendría para la vida de la Iglesia.
2. Incompatibilidad Radical
La Escritura y la Tradición dejan en claro la existencia de una profunda incompatibilidad radical (en su raíz), entre la condición de hereje y la posesión de jurisdicción eclesiástica, ya que el hereje deja de ser miembro de la Iglesia.
Esta incompatibilidad es tal, que normalmente la condición del hereje y la posesión de la jurisdicción eclesiástica no pueden ser armonizadas. Sin embargo, esto no es absoluto, o esto no se da de modo que, cayendo en una herejía interna, o incluso externa, el titular de la jurisdicción eclesiástica esté destituido de su cargo ipso facto, en todos los casos e inmediatamente.
Los argumentos presentados por los diversos autores en relación con este último punto son decisivos, y en particular los argumentos extraídos de la práctica de la Iglesia: por el Código de Derecho Canónico el hereje solo pierde jurisdicción cuando se dicta una sentencia condenatoria y declaratoria contra él. Los sacerdotes que han abandonado la Iglesia tienen jurisdicción para dar la absolución a personas en peligro de su vida; comúnmente se admite que los obispos de rito oriental cismáticos (también herejes) poseen una jurisdicción que los Papas les conceden tácitamente; etc.
Por lo tanto, no calificamos esa incompatibilidad como "absoluta", pero hablamos solo de "incompatibilidad in radice". La herejía corta la raíz y el fundamento de la jurisdicción, esto es, la fe y la condición de ser miembro de la Iglesia. Pero no elimina ipso facto y necesariamente la propia jurisdicción. Así como un árbol puede conservar la vida incluso por un tiempo después de que sus raíces se cortan, así también, en casos frecuentes, la jurisdicción perdura incluso después de caer en la herejía de quien la poseía.
Sin embargo, la jurisdicción solo se conserva en la persona del hereje por un título precario, en un estado de violencia y en la medida en que se requiere por una razón precisa y evidente, dictada por el bien de la Iglesia o de las almas. - De este modo, eliminamos la posición según la cual, bajo ninguna hipótesis, el Papa herético perdería su cargo (tercera opinión enumerada por San Roberto Bellarmino); además, esta posición tiene en su contra otros argumentos de peso extraídos de la tradición y la razón natural.
3. La jurisdicción del hereje.
Ya cortada en la raíz, la jurisdicción del hereje solo subsiste en la medida en que sea sostenida por otra persona. Así es como el Papa sostiene, por el bien de las almas y como salvaguardia del orden jurídico en la Iglesia, la jurisdicción de un obispo hereje que aún no ha sido depuesto.
Si es el Sumo Pontífice quien cae en la herejía, ¿quién podrá sostener la jurisdicción en él? - ¿La Iglesia? No lo creemos, porque en fin, cuando se considera en contraposición al Papa, no es superior a él y, por esa razón, no puede sostener su jurisdicción. El Papa no está sujeto a la ley eclesiástica. - ¿Jesucristo? Sí, en la medida en que sea lícito atribuirle la intención de mantener la jurisdicción en la persona de un hereje pontífice.
4. La cuestión central
Aquí está planteada, entonces, la pregunta central: ¿podría haber circunstancias en las que uno pueda o deba decir que Nuestro Señor estableció que sostendría, al menos durante algún tiempo, la jurisdicción de un Papa eventualmente herético?
No existe nada, en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que constituya una respuesta segura y definitiva a esa pregunta. Como no buscamos, aquí, solo los argumentos de probabilidad, pero principalmente las razones que justifican una certeza, debemos descubrir si podemos encontrar en otro lugar elementos seguros para responder a la pregunta que se propone.
Como es obvio, en el material teológico no se puede concebir una argumentación que no comience al menos desde una premisa revelada. Lo que buscamos, por lo tanto, es una premisa menor, extraída no de la Revelación sino de la razón natural, y que, unida a una premisa principal revelada, proporciona una solución segura a la pregunta presentada anteriormente.
Juzgamos que la premisa principal revelada a partir de la cual debemos comenzar es el dogma de que la Iglesia es una sociedad visible y perfecta. Como premisa menor, debemos poner el principio, extraído de la naturaleza misma, según el cual los eventos de la vida pública y oficial de una sociedad visible y perfecta deben ser "notorios y divulgados públicamente". Desde allí se podría concluir que la destitución eventual del jefe de la Iglesia no sería un hecho jurídicamente consumado mientras no se hiciera "notorio y divulgado públicamente".
5. Se excluye la necesidad de una declaración.
En nuestra opinión, los argumentos presentados anteriormente eliminan las opiniones según las cuales el Papa perdería el Pontificado en el momento en que cayó en la herejía interna, en la herejía oculta externa y en la herejía externa manifiesta, pero no "notoria y divulgada públicamente”.
Quedarían aún dos posiciones por examinar: la de la pérdida ipso facto por herejía "notoria y divulgada públicamente", y la de la pérdida por medio de una declaración.
Ahora, esto último parece insostenible, ya que, como lo demostró San Roberto Bellarmino en su argumentación contra Cayetano, no puede armonizarse con el principio de que ningún hombre puede juzgar al Papa.
6. El Grado de Notoriedad y Divulgación.
¿Cuál es el grado de notoriedad y divulgación necesarios para que el Papa eventualmente herético se considere depuesto? - En respuesta a esta pregunta, debemos observar inicialmente que habría un cierto grado de notoriedad y divulgación en el que, sin ninguna duda, se produciría la pérdida del cargo. El problema se crearía, eso sí, en relación con el momento preciso en que se produce la destitución. En cuanto a este detalle, la pregunta que se propone solo se podrá responder finalmente en función de las circunstancias concretas. Los conceptos de "notorio" y "divulgado públicamente" nos parecen claros en teoría; su aplicación en el orden concreto requeriría el examen de una extensa casuística, que no tenemos espacio para tratar aquí.
Es suficiente, por el momento, recordar una observación que hicimos anteriormente: uno no tiene que sostener que esta opinión es falsa debido al hecho de que en la práctica sería capaz de provocar disensiones de magnitud.
7. Conclusión
Resumiendo: Creemos que un examen cuidadoso de la cuestión de un papa hereje, con los elementos teológicos de los que disponemos hoy, permite concluir que un eventual papa herético perdería su carga en el momento en que su herejía se hizo "notoria y públicamente divulgada”. Y pensamos que esta opinión no solo es intrínsecamente probable, sino también cierta, ya que las razones alegadas en su defensa nos parecen absolutamente convincentes. Además, en las obras que hemos consultado, no hemos encontrado ningún argumento que nos haya convencido de lo contrario.
De todos modos, otras opiniones siguen siendo extrínsecamente probables, ya que tienen a su favor autores de peso. Por lo tanto, en el orden de acción concreta no sería lícito tomar una posición determinada, buscando imponerla sin más preámbulos. Es por esta razón que, como dijimos al principio, invitamos a los especialistas en el material a volver a estudiar la pregunta. Solo así será posible llegar a un acuerdo general entre los teólogos, de modo que una opinión determinada pueda clasificarse como teológicamente cierta.
***
Comentario y crítica final
Como Arnaldo Xavier da Silveira afirma en su ensayo el tema del papado herético no está cerrado, sino abierto para ulteriores aportes y sistemáticas redacciones. Por consiguiente, previene de aquellos que se ríen de los dogmas, pero dogmatizan a rajatablas el papado de Bergoglio. Entre ellos hallamos el idealismo de Kasper y al dogmático “Coccolato” de Tucho, arzobispo de La Plata, quien siempre fue el correveidile de Bergoglio.
En todo el ensayo, el autor se basa en tradicionales autores, pero pareciera que se enreda entre dos conceptos, la herejía por un lado y la jurisdicción por el otro, cayendo luego en la casuística. Existe un tercer elemento que no se toma en cuenta, y es la obediencia debida.
La obediencia es consecuencia inmediata de la autoridad que ocupa la jurisdiscción, pero no se identifica con ella.
Entiendo que en el punto de la cuestión central, Arnaldo da Silveira no hizo una exégesis de Mateo 16, donde Jesucristo otorga el primado a Pedro luego que este declarara su Fe en él. Desde esta cita evangélica, es incompatible que Jesucristo sostenga la jurisdicción de un papa hereje.
Una jurisdicción puede perder la autoridad por distintos motivos, pero no la jurisdicción misma, y a la pérdida de la autoridad el súbdito no está obligado a obedecer. Es lo que sucede con la jurisdicción civil cuando se dictan leyes injustas o que van contra el orden natural. Se desobedece la autoridad y no se siguen sus leyes, pero no se le quita la jurisdicción. El catolicismo siempre fue antirrevolucionario.
En el caso del católico, toda obediencia a la autoridad eclesiástica se basa en la obediencia al mandato de Dios Padre. El papa hereje, ya no refleja la autoridad del Padre y la mera ocupación del papado es tan solo un mascarón de proa momentáneo de la barca de Pedro, mascarón del que muchos se ríen y cuyos mandatos caen en el olvido, o en una criptodesobediencia.
Esto trae aparejado otro peligro, el cisma. El papa hereje siempre tendrá seguidores y sucede que el concepto de notorio, pierde fuerza, pues para los herejes es lo notorio que esperaban.
Por último presenta el autor el gran problema, el laberinto de esta situación: ...solo se podrá responder finalmente en función de las circunstancias concretas. Los conceptos de "notorio" y "divulgado públicamente" nos parecen claros en teoría; su aplicación en el orden concreto requeriría el examen de una extensa casuística,...
Este laberinto, el de la casuística, agravado por los herejes que siguen a Bergoglio, es lo que trae la noche más densa de este tiempo.



martes, 2 de abril de 2019

Milagro Eucarístico en este Fin De Semana


Ofrecemos un testimonio que circula por las redes de Argentina.
¡TESTIMONIIO de SU Presencia!
Esto sucedió ayer Viernes 29 de Marzo, en la Santa Misa celebrada a las 19,30 hs. por el P. José Luis Quijano (a) Cote, Párroco de la Inmaculada Concepción en Tigre, Pcia. Bs. Aires. (Argentina).
Esperando el momento de la elevación, durante el canto, el Padre sostenía la hostia entre sus manos y vemos que llama al ministro de Comunión, Harry, un señor mayor, feligrés de años en esta Iglesia y después de hablar con él, sosteniendo aún la hostia entre sus manos, prorrumpe en un llanto fuerte y desconsolado. Todos nos quedamos estupefactos y cuando reaccioné pensado en subir al altar (estaba confesando), P. Cote haciendo un esfuerzo y secándose las lágrimas, comienza a decir entrecortadamente: "Esto no es para mí, yo no soy digno, es una gracia para ustedes" y cae de rodillas junto con Harry, el acólito y la mayoría de los fieles que lo imitamos sobrecogidos por su reacción, permaneciendo así hasta que se incorporó y pudo continuar la celebración.
Cuando terminé de confesar, ya bien finalizada la misa, me acerqué al grupo que todavía comentaba y los rodeaba, mientras otros rezaban el Santo Rosario en alta voz. Allí me enteré de lo sucedido. P. Cote vio la cara de Jesús en la hostia y no pudiendo dar crédito a lo que veía, llama y le pregunta a Harry:  
-"¿Qué ves?"
Y este confirmó: 
-"La cara de Jesús".
¡Gracias Señor! No somos dignos de que nos confirmes, tan claramente que: "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20).
Para Su mayor Honra y Gloria doy este testimonio agradecido, en Tigre el 30 de Marzo del 2019.
P. Agustin Bollini, IVE
Al testimonio ofrecido, doy una simple y esencial aclaración: Jesucristo no se hace presente por citar dicho pasaje de Mateo 18,20, sino por la transubstanciación operada por el sacerdote, durante el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo.