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Juan
Martín Cabezalero. Asunción
de la Virgen,
hacia 1670.
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Esto
es misticismo puro, es decir, no la mística como elevación del alma
incomprensible que Dios otorga a ciertas personas; sino la mística
como misterio que puede ser contemplado y vivido por todos.
Sí,
mis buenos racionalistas de la más augusta cepa de la diosa Razón,
esto es teología mística, algo que la corriente racionalista no
logra, ni logrará entender.
