Entre el siglo XVIII y el siguiente, una serie de acontecimientos provocaron la sensibilidad de la masa de reformadores. Uno fue el terremoto de Lisboa de 1755. Hoy se lo calcula en una magnitud estimada entre 8.5 y 9 grados según la escala oficial de Richter. Trajo destrucción, incendios y tsunami. Portugal, España y el Norte de África sufrieron cruentas víctimas. ¿Podía ser el comienzo de que algo estaba por suceder? Como afirman nuestros modernistas, era un signo de los tiempos, pero podría ser un signo de los tiempos finales.
En 1780, se dio en Nueva Inglaterra un aterrador día oscuro, cuya causa fueron los incendios forestales sumados a la bruma. La pitonisa Ellen White de quien ya nos ocuparemos, lo expone de este modo:
Un testigo ocular que vivía en Massachusetts describió el suceso con las siguientes palabras: “Un denso nubarrón negro se extendió por todo el firmamento, dejando tan solo un estrecho borde en el horizonte y haciendo tan oscuro el día como suele serlo en verano a las nueve de la noche [...]. “El temor, la angustia y el espanto gradualmente llenaron las mentes del pueblo. Las mujeres estaban en las puertas, observando el paisaje tenebroso; los hombres regresaron de su labor en los campos; el carpintero dejó sus herramientas; el herrero, su fragua; y el comerciante, su mostrador. Las escuelas cancelaron las clases, y los niños, temblorosos, se apresuraron a sus hogares. Los viajeros se acercaron a la granja más inmediata. ‘¿Qué está por venir?’, se preguntaron todos los labios y los corazones. Parecía que un huracán estuviese por barrer el país, o que fuera el día de la consumación de todas las cosas. “Se prendieron velas; y la luz del hogar brillaba como en las noches sin luna de otoño. [...] Las gallinas se fueron a dormir a sus gallineros, el ganado se juntó en los corrales y mugía, las ranas croaban, los pájaros entonaron sus melodías del anochecer, y los murciélagos se pusieron a revolotear. Pero los humanos sabían que no había llegado la noche [...]. “Se reunieron las congregaciones en muchos [...] lugares. En todos los casos, los textos de los sermones improvisados parecían indicar que la oscuridad concordaba con la profecía bíblica. [...] La oscuridad fue más densa poco después de las once de la mañana”.(The Essex Antiquarian, abril de 1899, t. 3, Nº 4, pp. 53, 54. )
“En la mayor parte del país la oscuridad fue tan grande durante el día que la gente no podía decir qué hora era ni por el reloj de bolsillo ni por el de pared. Tampoco podía comer ni atender las tareas de la casa sin una vela prendida". (William Gordon, History of the Rise, Progress and Establishment of the Independence of the USA, t. 3, p. 57.) 1
En Europa las guerras napoleónicas ponían el tablero político patas arriba. El zar vio al corso, como el mismo anticristo. Por último, para redondear los ánimos en 1833, en la madrugada del 12 al 13 de noviembre se dio una feroz tormenta de meteoros. Se calculó que más de cien mil caían por hora. Otros cálculos afirman que dicha tormenta fue aproximadamente de unos doscientos mil meteoros durante las 9 horas de duración. Indudablemente para ciertos reformistas, se acercaba el fin del mundo.
Y en todo esto, no pueden faltar los jesuitas. Fue el chileno Manuel Lacunza con sus tres tomos de La venida del Mesías en gloria y majestad. En 1773 los jesuitas fueron suprimidos por el papa y expulsados de América. Lacunza viajó a Imola, Italia donde finalizó su obra en 1790. La Iglesia y la corona española se negaron a publicarla. La inquisición la tenía entre ceja y ceja. En 1812, cuando España está bajo el dominio napoleónico, sale a la imprenta en Cádiz, allí estaba instalada una junta de gobierno, mayoritariamente compuesta de masones. La obra sale bajo el seudónimo judío de Juan Josafat Ben-Ezra. El general y abogado argentino Manuel Belgrano, financia otra edición en Londres durante 1816, cuatro años antes de su muerte. De este modo lo compraron los ingleses, ignorando ser la obra de un “detestable” jesuita. La misma influyó en la época, sobre todo luego de colocarse en el Index católico de libros prohibidos.
En las colonias inglesas, la ideología que pululaba, era de Locke, siendo Newton otro de sus faros ideológicos. Este científico, un hombre de fe, se centró en escudriñar el libro de Daniel. La exégesis moderna, lo da con acierto, como una literatura apocalíptica de la etapa final del judaísmo. En ese entonces, se pensaba que era una profecía que señalaba los años de la Segunda Venida de Jesucristo. Para Newton era el establecimiento del Reino de Dios y según los cálculos matemáticos de este gran científico, se debía dar alrededor del año 2060.
Todo este ambiente, puso en el centro de la escena las profecías de Daniel, e indujo a escudriñarlas.
William Miller (1782-1849) un bautista masón de Low Hampton, al este de Nueva York, se quemó las cejas estudiando la profecía de Daniel. Fue un lector de la obra del jesuita Lacunza que circulaba con seudónimo judío.
La influencia masónica no hizo tardanza, rechazó sus creencias bautistas y se convirtió en teísta. Obtuvo el grado más alto que las logias de ese lugar le podían conferir.
Sin embargo, para complicar un poco más su personalidad, regresó a la fe bautista.
Si para Newton el mundo podía terminar en el 2060, el análisis minucioso de Miller daba para 1843 un colapso:
Llegué entonces a la solemne conclusión, que en cerca de veinticinco años a partir de esa fecha [1818], todos los asuntos de nuestro estado actual, colapsarían. 2
El pastor de la capilla de la calle Chardon en Boston, Joshua Vaughan Himes toma contacto con el masón Miller. Himes transforma los cálculos de Miller en una campaña nacional. A partir de 1840 crece el millerismo por medio de las publicaciones, que se fueron extendiendo paulatinamente hasta llegar a 48 publicaciones periódicas. Himes, Bliss y Sylvester Apollos Hale publicaron The Advent Shield. En mayo de 1844, se habían distribuido cinco millones de ejemplares de publicaciones milleritas.
Ya hemos explayado, que las masas estaban pobremente culturizadas. Los masones enseñaron poco y nada. Tan solo algo para leer su Biblia. Esta afirmación también la hace un pastor que huyó del adventismo, D.M. Canright quien la describe de este modo:
Lo mismo ocurría con la gran masa de los que aceptaban las predicaciones de Miller. En realidad, muy pocos eran personas con educación o capacidad. Eran personas que podían ser fácilmente conmovidas por meras afirmaciones y emociones. De estos los había en abundancia. 3
En 1841, el movimiento se extendió al otro lado del mar con el Midnight Cry en Liverpool y el Second Advent Harbinger en Bristol. Australia tuvo noticias por el periódico canadiense Voice of Elijah. Hubo conversos al millerismo en Noruega, Kaloa, Islas Sandwich (las actuales Hawái) y llegó hasta Chile. Se me hace difícil pensar que la masonería mundial, no haya estado detrás de todo esto.
¿Buscaban la fecha de su venida, o le daban plazo a Jesucristo para que se presente?
Una cosa lleva a la otra. Si se buscaba la fecha, en el fondo, se le daba una cita para presentarse.
Se pensaba que era el descubrimiento más importante de la profecía bíblica. Por tanto, apuraron a Miller a decir lo que tenía previsto. Éste acosado, se aventuró para el año 1843. No era muy preciso que digamos, pero iniciado el año próximo sin que nada ocurriera, Miller expresó:
Confieso mi error y reconozco mi decepción; pero aún creo que el día del Señor está cerca, casi a la puerta. 4
Ahora, analizados nuevamente los cálculos, la cita se daba para el 21 de marzo de 1844, pero concluido esta fecha, Jesucristo no se presentó. Por tal motivo adoptó una nueva fecha, el 18 de abril de 1844 con el mismo resultado. Todos se pusieron a estudiar el motivo de su ausencia, llegando a la conclusión que se había entrado en un «tiempo de espera».
Asumida esta explicación, le pusieron fecha para que Jesucristo se presentase el 10 de julio de 1844.
Todo volvió a repetirse. Nada. Reiniciaron sus cálculos basados en otro calendario. No olvidemos que tampoco los judíos coinciden en temas de calendario. Lo mismo acontece con los cristianos, donde se puede dar el calendario juliano o el gregoriano. ¿Dónde estaba el error? Tal vez había que seguir no el calendario rabínico sino el caraísta. Por lo tanto, le dieron un último plazo a Jesucristo para que se presente el 22 de octubre de 1844.
El Gran Chasco o Great Disappointment
El 22 de octubre fue un día como cualquier otro. Gran desconcierto y desilusión. La misma confusión que sienten los condenados al sentirse en el infierno. Canright en la biografía ya citada lo narra de este modo:
Grande fue el desencanto de ellos. Luego vinieron confusión, divisiones, y el más delirante fanatismo - sueños, trances, visiones, el hablar en lenguas, afirmaciones de poseer dones proféticos, y así por el estilo.
Fue el Great Disappointment llamado en español “El Gran Chasco”. El millerismo estalló en mil pedazos. Mientras unos siguieron esperando, otros dieron más fechas.
Para algunos, se había entrado en el Gran Sábado. Consecuencia: no había que trabajar. Algo similar a lo que condena San Pablo:
Os advertíamos que el que no quiere trabajar no coma. (2 Tes. 3,10).
J. D. Pickands aplicó Apocalipsis 14:14-16. Cristo estaba sentado en la nube blanca y si no se oraba no bajaba.
La implosión del millerismo hizo que algunos regresaran a sus antiguas iglesias, otros abandonaron el awakening y otros perdieron la fe.
Un número considerable se convirtió en Shakers, porque Cristo ya había venido por segunda vez en la persona de la Madre Ann Lee, cuya figura ya detallamos.
Mientras tanto, el núcleo duro del millerismo ideó teorías para cubrir el fracaso. Veamos lo que los geniales reformadores idearon como explicaciones válidas.
Mientras tanto en 1448, Miller fallecía, fue su encuentro buscado con el juicio final.
La teoría del Santuario y de la Puerta Cerrada.
¿Cómo explicar el rotundo fracaso de la profecía de Daniel? La ingeniería teológica se puso en marcha. No se podía negar la profecía, era como negar su “Biblia”, la misma que Joanna, la Eva del Albión, narraba que estaba en una mano de Jesucristo cuando regresaba, mientras en la otra traía la espada. Por otro lado, la obcecación de los reformadores es más fija que un cálculo matemático. De modo que primero vino la profecía, luego el modo de descifrarse, ahora tocaba la interpretación. Entonces aparecieron los intérpretes. Cada interpretación construyó su propia secta.
Una interpretación, fue que Jesucristo vino espiritualmente, como el novio de las diez vírgenes, se fue con ellas y cerró la puerta donde se celebraban las bodas (Cfr. Mateo 25:1-13). Es la doctrina sectaria, de La Puerta Cerrada. La interpretación la hicieron Appollos Hale y Joseph Turner. En otras palabras, se terminó el tiempo de gracia, y los pecadores, todos al infierno, donde se da el llanto y el rechinar de dientes. ¡Qué lejos está la concepción de los reformadores frente al catolicismo, frente una visión de Cristo dispuesto a sufrir nuevamente todos los dolores de su pasión por un solo pecador que lo necesite!
Después de cerrarse la puerta, no habría salvación adicional. Las vírgenes prudentes (verdaderos creyentes) estarían en el reino, mientras que las vírgenes insensatas y todos los demás quedarían fuera. 5
Otro testimonio lo da D.M. Canright en su biografía de Ellen White:
La Sra. L. S. Burdick, de San Francisco, Cal., conocía bien a la Sra. White. Ella escribe: "Conocí a James y a Ellen Harmon (ahora la Sra. White) a comienzos de 1845. Ellen había estado teniendo lo que se denominaban visiones: se decía que Dios le había mostrado en visión que Jesucristo se levantó el día décimo del séptimo mes de 1844 y cerró la puerta de la misericordia; que había abandonado para siempre el trono mediador; que el mundo entero estaba condenado y perdido; y que ningún otro pecador podría salvarse jamás". (The True Sabbath, p. 72).
¿Pero cómo se dieron cuenta que se cerró la puerta, si ese día no sucedió nada? ¿Y todos los que en ese año no habían cumplido ni siete años también al infierno?
Este fue el planteo de otro intérprete: Joshua Vaughan Himes, a quien ya mencionamos como el impulsor del millerismo original.
De este modo el 20 de marzo de 1845 convocó a todos los que habían quedado desilusionados, en la Conferencia de Albany. De esta conferencia surgió la segunda secta, los Adventistas Evangélicos, y de ellos nace la Iglesia Cristiana Adventista.
La tercera secta importante, afirmó con toda obcecación que la fecha del 22 de octubre era correcta. La diferencia con la primera secta, es que otorgan una explicación mística al evento. Hiram Edson, el nuevo intérprete, dice:
"Al atravesar un amplio campo, me detuve a mitad de camino. El cielo parecía abrirse ante mí, y vi con claridad que, en lugar de que nuestro Sumo Sacerdote saliera del Santísimo del santuario celestial para venir a esta tierra el décimo día del séptimo mes, al final de los 2300 días, entró por primera vez ese día en el segundo departamento de ese santuario; y que tenía una obra que realizar en el Santísimo antes de venir a esta tierra en su Segunda Venida. Que vino a las bodas en ese momento; en otras palabras, al Anciano de Días para recibir reino, dominio y gloria; y debemos esperar su regreso de las bodas". 6
Es la teoría del Santuario.
Owen Russell Loomis Crosier y F.B. Hahn, luego de su feroz estudio, concluyeron que el Santuario que debía ser purificado en Daniel 8,14, no estaba en la tierra, ni en la Iglesia, sino en el cielo. Por consiguiente la Segunda Venida de Cristo, sería un suceso celestial.
Por lo visto, si se debía purificar un Santuario Celestial, la idolatría había llegado hasta Dios mismo.
Esta nueva secta será la Iglesia Adventista del Séptimo Día. De esta secta surgirá una de las tantas Evas, como la pitonisa máxima de la reforma, que presentaremos en la próxima entrada.
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Luego de todo, nos preguntamos los católicos. ¿Qué vinieron a reformar estos ignorantes? ¿Piensan acaso que podemos abrazar estas fábulas surgidas de la impotencia de sus errores? ¿Qué católico será tan estúpido de ponerse al lado de ellos como si fuera su hermano?
De todos modos, algo queda claro. La reforma es la máquina de las extravagancias religiosas.
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1 Ellen White. El Gran Conflicto, Pág. 135-136.
2 Apology and Defence, William Miller, 11-12.
3 Dudley Marvin Canright. Vida De Ellen G. White, Sus Afirmaciones Refutadas. 1919.
4 Bliss, Sylvester (1853). Memorias de William Miller (https://archive.org/details/bub_gb_quw1rnl bYcwC) . Boston: Joshua V. Himes. pág. 256 (https://archive.org/details/bub_gb_quw1rnlbYcw C/page/n265). (https://archive.org/details/bub_gb_quw1rnlbYcwC) (https://archive.org/details/b ub_gb_quw1rnlbYcwC/page/n265). (Fons: Wikipedia)
5 George R. Knight, Millennial Fever and the End of the World, Boise, Idaho: Pacific Press, 1993, pp. 236–237. (Fons: Wikipedia)
6 Hiram Edson, "Experience in the Advent Movement (Incomplete), p. 9. This undated document was apparently not written until many years after this event and was probably influenced by the ideas of later authors. See Fernand Fisel, "Edson's Cornfield 'Vision: 'Frisson or Figment?," Adventist Currents, July 1983, 3; for a detailed discussion of the issues. See also Ross E. Winkle, "Disappearing Act: Hiram Edson’s Cornfield Experience," Spectrum 33, no. 1 (2005): 46–51 for a more recent perspective. (Fons: Wikipedia)

