Calesita

viernes, 25 de marzo de 2016

Oficio de Tinieblas, Sábado Santo

Ofrecemos el Oficio de Tinieblas que corresponde al Sábado Santo.
Las antífonas darán la tónica del día, por eso dirá la primera antífona:
En paz me acuesto y enseguida me duermo y voy a descansar.
El primer nocturno es contemplación de la muerte en el sepulcro, y un descanso de esperanza.
El segundo nocturno meditará sobre la entrada de Jesucristo al descender a los infiernos, y así lo explica Santo Tomás de Aquino al meditar sobre este artículo de Fe en el Credo (77 al 81):
Como ya dijimos, la muerte de Cristo consistió,como en los demás hombres, en que su alma se separó de su cuerpo; pero de manera tan indisoluble está unida la Divinidad a Cristo hombre, que aun cuando el alma y el cuerpo se separaron entre sí, la misma Deidad estuvo siempre perfectísimamente unida al alma y al cuerpo, por lo cual en el sepulcro estuvo el Hijo de Dios con el cuerpo, y descendió a los infiernos con el alma.
Por cuatro razones descendió Cristo con su alma a los infiernos.
La primera fue soportar toda la pena del pecado, para expiar así toda la culpa. Porque la pena del pecado del hombre no era sólo la muerte del cuerpo, sino que también era un sufrimiento del alma. Porque como el pecado era también por parte del alma, también la misma alma era castigada por la privación dela visión divina. De modo que sin esa pena, de ninguna manera se satisfacía. Por ello, después de muertos, todos descendían, aun los santos Padres, antes de la venida de Cristo, a los infiernos... De aquí que diga el Salmo 87, 5-6: "Contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado, libre entre los muertos"...
La segunda fue el socorrer perfectamente a todos sus amigos. En efecto, El tenía amigos no sólo en el mundo sino también en los infiernos...
La tercera razón fue el triunfar perfectamente sobre el diablo. En efecto, se triunfa de manera perfecta sobre otro, cuando no sólo se le vence en el campo de batalla, sino que se le acomete hasta en su propia casa y se le arrebata la sede de su imperio y su casa misma. Pues bien, Cristo había triunfado del diablo, pues en la cruz lo había vencido. Por lo cual dice Juan (12, 31): "Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo (o sea el diablo) será echado fuera". Por lo cual para triunfar perfectamente, quiso arrebatarle la sede de su imperio y encadenarlo en su casa, que es el infierno. Por eso descendió hasta allí, y le arrebató todos sus bienes, y lo encadenó, y le quitó su presa, Col. 2, 15: "Y una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió con gran despliegue, triunfando de ellos públicamente por sí mismo". Y así como había recibido Cristo el poder y la posesión del cielo y de la tierra, quiso también recibir la posesión de los infiernos, para que así, según el Apóstol a los Filipenses (2, 10): "Al nombre de Jesús se doble toda rodilla, en los cielos, en la tierra y en los infiernos". Y Marcos 16, 17: "En mi nombre expulsarán a los demonios".
La cuarta y última razón era librar a los santos que estaban en los infiernos. Porque así como Cristo quiso sufrir la muerte para librar de la muerte a los vivos, así también quiso descender a los infiernos para librar a los que allí estaban. Zac 9, 11: "Tú, Señor, por la sangre de tu alianza, soltaste a tus cautivos de la fosa, en la cual no hay agua". Oseas 13, 14: "Oh muerte, yo seré tu muerte; infierno, yo seré tu mordedura". 1
El tercer nocturno meditará sobre la muerte en sí misma y la confianza en Dios.
En la tercera y la quinta antífona de Laudes, oímos la dolorosa voz de su Madre, por su parte, la última antífona narrará el lamento de las mujeres durante la sepultura del cuerpo de Jesús, dejando la escena preparada para la vigilia Pascual.



1 Traducción de Salvador Abascal.

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